martes, 13 de diciembre de 2022

¿Por qué los dictadores son amados?


Me pregunto cómo transformar nuestro presente para vislumbrar un futuro promisorio que tenga la virtud de proyectarse sobre todos los ciudadanos.

Las series de ciencia ficción que plantean una confrontación entre el bien y el mal requieren de abordar toda la trama desde estos extremos para atrapar a sus seguidores. Existe un instante épico y un final heroico hacia dónde se encaminan los personajes como si conocieran que será así. Cada capítulo y cada temporada aportan pequeñas dosis de actos épicos y heroicos hasta un final que alcanza el objetivo triunfal, el supremo bien.

En el juego del gobierno de las sociedades estos elementos están presentes: promesas de un paraíso; el diseño de facciones; la identidad del bueno y del malo; el campo de batalla donde confrontan el bien y el mal; el héroe, poseedor del conocimiento de la causa, como luchador contra enemigos y propios; el instante épico repetitivo; el final promisorio que jamás se alcanza.

Esta mirada binaria de la vida donde lo malo está enfrente y lo bueno rodeando al héroe se presenta a diario en nuestras vidas. Solo basta escuchar discursos de los políticos que gobiernan o ansían gobernar naciones.

Nuestras vidas transcurren en forma muy distinta. Alternamos nuestros días entre solares y pequeñas victorias; alejados de esos triunfos épicos que todo lo reparan y de paraísos que todo lo proveen.

¿Cuántas promesas has escuchado a lo largo de tu vida de detentadores del poder, políticos o usurpadores, que dicen poseer la llave del paraíso, pero la puerta nunca la abren?

Los domingos por la mañana el Papa Francisco, justo antes del rezo del Ángelus, habla a todas las personas. El Domingo 27 de noviembre de 2022 tomó el relato del Génesis sobre el diluvio universal. Recordó cómo los habitantes del mundo fueron sorprendidos por aquella catástrofe. Todos estaban ocupados en sus tareas, en sus vidas cotidianas y ninguno, salvo Noé -que fue advertido por Dios- notó lo que se avecinaba.

Ese mismo domingo, en el periódico Infobae.com[1] se publicaba un artículo sobre Nicaragua y las acciones de su presidente. En 2017 se inauguró el Estadio Nacional Dennis Martinez, en homenaje al destacado deportista nicaragüense de Beisbol. En 2022 el nombre que figuraba en el frente del estadio fue retirado. ¿Qué sucedió?

No es importante este hecho en sí mismo, sino lo que dejamos de ver. En el año de 2017 la inauguración se realizó con la presencia del propio Dennis Martines, referentes de la Iglesia Católica y de la Sociedad Nicaragüense. Podríamos asumir que sorpresivamente durante los últimos 5 años Daniel Ortega y Rosario Murillo en un instante se transformaron en déspotas. Fue acaso una sociedad sorprendida por una catástrofe o por el contrario fue una sociedad que no quiso ver la calamidad que se avecinaba.

Entonces, ¿qué no advertimos de las conductas de un ser despiadado?

Si algo hemos aprendido es que los seres vivos no aparecen por generación espontánea. Son concebidos, nacen, se desarrollan y mueren. En este lapso se puede observar su desarrollo y su apetencia. Los humanos -que no somos de Marte- modelamos nuestra mente a través de las experiencias y aprendizajes, desde donde el resultado es nuestra conducta.

Parecería que, como en las series de Ciencia Ficción, esperamos el milagro. Como si fuera más cómodo habitar en la irrealidad de la ficción que propone el déspota porque nuestras apetencias han sido saciadas, culpando de nuestras privaciones a aquellos que se oponen a ese gobernante.

Esa instancia de negacionismo ha permitido el desarrollo de gobiernos despiadados, no solo con sus ciudadanos, sino también con la humanidad.

Una diferencia significativa entre una República y una Dictadura es que esta última posee una interpretación binaria de la vida; todo es blanco o todo es negro. En cambio, las Repúblicas existen desde la pluralidad, donde se promueve la colaboración desde la diversidad.

“Mando, hoy que soy Sueselencia,

Que el que quiera ser pulpero,

Se ha de confesar primero,

Para que tenga concencia.

Porque es cierto, a la evidencia,

Que hoy naides tiene confianza

Ni en medida ni en balanza,

Pues todo venden mermao,

Y cuando no es vino aguao,

Es yerba con mescolanza”[2]

 

En los últimos decenios muchas Repúblicas fueron tomadas por déspotas o ideologías despóticas a través de sus propias instituciones. En especial la del voto. Ofreciendo a la ciudadanía sueños inalcanzables sin importar las capacidades con que contaban, saciando sus ambiciones con esas promesas vacías de realidad.

Entonces, ¿Qué transformar de nuestro presente para vislumbrar un futuro promisorio? La palabra promisorio encierra en sí promesa y futuro promisorio nos da idea de esperanza. Es ese tiempo por venir que alcanzaremos porque alguien nos ha prometido que lo haremos.


Noé recibió de Dios las indicaciones para construir el arca con los materiales que eran posibles para su tiempo, no se le pidió que usara el acero que no existía. Noé interpretó su tiempo y las capacidades con las que contaba; llevó adelante las acciones que permitieron cumplir con su misión. Dios no le prometió el paraíso luego del diluvio, le dijo que volvería a empezar y que ese nuevo futuro dependería de ellos. Noé transformó su presente para alcanzar ese futuro promisorio.

Tomar las decisiones correctas es un proceso similar al que enfrentó Noé, que debió optar entre lo bueno, lo no tan bueno y lo malo. Para ello él contó con una guía, la que respetó. Así mismo nosotros podemos aceptar guiarnos por la moral, el derecho natural. Elegir lo mejor de muchas opciones para nosotros y nuestra sociedad. Esto es lo que nos define como personas y como sociedad.

Transformar nuestro presente no es solo comenzar a mostrar la verdad -comprender las posibilidades con que contamos- es también aprender y enseñar a aceptarla. Un futuro promisorio y posible depende de ello.


Por Pablo A Bevilacqua – nobloyan@gmail.com

Noviembre de 2022


[1] https://www.infobae.com/america/america-latina/2022/11/27/la-burda-venganza-de-daniel-ortega-contra-la-mayor-estrella-deportiva-de-nicaragua/

[2] El Gobierno Gaucho, Estanislao del Campo (1834 – 1880), Antología gaucha, Santa Fe, 1953