Me pregunto cómo transformar nuestro presente para vislumbrar un futuro promisorio que tenga la virtud de proyectarse sobre todos los ciudadanos.
Las series de ciencia ficción que
plantean una confrontación entre el bien y el mal requieren de abordar toda la
trama desde estos extremos para atrapar a sus seguidores. Existe un instante
épico y un final heroico hacia dónde se encaminan los personajes como si
conocieran que será así. Cada capítulo y cada temporada aportan pequeñas dosis
de actos épicos y heroicos hasta un final que alcanza el objetivo triunfal, el
supremo bien.
En el juego del gobierno de las
sociedades estos elementos están presentes: promesas de un paraíso; el diseño
de facciones; la identidad del bueno y del malo; el campo de batalla donde
confrontan el bien y el mal; el héroe, poseedor del conocimiento de la causa,
como luchador contra enemigos y propios; el instante épico repetitivo; el final
promisorio que jamás se alcanza.
Esta mirada binaria de la vida
donde lo malo está enfrente y lo bueno rodeando al héroe se presenta a diario
en nuestras vidas. Solo basta escuchar discursos de los políticos que gobiernan
o ansían gobernar naciones.
Nuestras vidas transcurren en
forma muy distinta. Alternamos nuestros días entre solares y pequeñas
victorias; alejados de esos triunfos épicos que todo lo reparan y de paraísos
que todo lo proveen.
¿Cuántas promesas has escuchado a
lo largo de tu vida de detentadores del poder, políticos o usurpadores, que
dicen poseer la llave del paraíso, pero la puerta nunca la abren?
Los domingos por la mañana el
Papa Francisco, justo antes del rezo del Ángelus, habla a todas las personas.
El Domingo 27 de noviembre de 2022 tomó el relato del Génesis sobre el diluvio
universal. Recordó cómo los habitantes del mundo fueron sorprendidos por
aquella catástrofe. Todos estaban ocupados en sus tareas, en sus vidas
cotidianas y ninguno, salvo Noé -que fue advertido por Dios- notó lo que se
avecinaba.
Ese mismo domingo, en el
periódico Infobae.com[1] se
publicaba un artículo sobre Nicaragua y las acciones de su presidente. En 2017
se inauguró el Estadio Nacional Dennis Martinez, en homenaje al destacado
deportista nicaragüense de Beisbol. En 2022 el nombre que figuraba en el frente
del estadio fue retirado. ¿Qué sucedió?
No es importante este hecho en sí
mismo, sino lo que dejamos de ver. En el año de 2017 la inauguración se realizó
con la presencia del propio Dennis Martines, referentes de la Iglesia Católica
y de la Sociedad Nicaragüense. Podríamos asumir que sorpresivamente durante los
últimos 5 años Daniel Ortega y Rosario Murillo en un instante se transformaron
en déspotas. Fue acaso una sociedad sorprendida por una catástrofe o por el
contrario fue una sociedad que no quiso ver la calamidad que se avecinaba.
Entonces, ¿qué no advertimos de
las conductas de un ser despiadado?
Si algo hemos aprendido es que
los seres vivos no aparecen por generación espontánea. Son concebidos, nacen,
se desarrollan y mueren. En este lapso se puede observar su desarrollo y su
apetencia. Los humanos -que no somos de Marte- modelamos nuestra mente a través
de las experiencias y aprendizajes, desde donde el resultado es nuestra
conducta.
Parecería que, como en las series
de Ciencia Ficción, esperamos el milagro. Como si fuera más cómodo habitar en
la irrealidad de la ficción que propone el déspota porque nuestras apetencias
han sido saciadas, culpando de nuestras privaciones a aquellos que se oponen a
ese gobernante.
Esa instancia de negacionismo ha
permitido el desarrollo de gobiernos despiadados, no solo con sus ciudadanos,
sino también con la humanidad.
Una diferencia significativa
entre una República y una Dictadura es que esta última posee una interpretación
binaria de la vida; todo es blanco o todo es negro. En cambio, las Repúblicas
existen desde la pluralidad, donde se promueve la colaboración desde la
diversidad.
“Mando, hoy que soy Sueselencia,
Que el que quiera ser pulpero,
Se ha de confesar primero,
Para que tenga concencia.
Porque es cierto, a la evidencia,
Que hoy naides tiene confianza
Ni en medida ni en balanza,
Pues todo venden mermao,
Y cuando no es vino aguao,
Es yerba con mescolanza”[2]
En los últimos decenios muchas Repúblicas
fueron tomadas por déspotas o ideologías despóticas a través de sus propias
instituciones. En especial la del voto. Ofreciendo a la ciudadanía sueños
inalcanzables sin importar las capacidades con que contaban, saciando sus
ambiciones con esas promesas vacías de realidad.
Entonces, ¿Qué transformar de nuestro presente para vislumbrar un futuro promisorio? La palabra promisorio encierra en sí promesa y futuro promisorio nos da idea de esperanza. Es ese tiempo por venir que alcanzaremos porque alguien nos ha prometido que lo haremos.
Noé recibió de Dios las
indicaciones para construir el arca con los materiales que eran posibles para
su tiempo, no se le pidió que usara el acero que no existía. Noé interpretó su
tiempo y las capacidades con las que contaba; llevó adelante las acciones que
permitieron cumplir con su misión. Dios no le prometió el paraíso luego del
diluvio, le dijo que volvería a empezar y que ese nuevo futuro dependería de
ellos. Noé transformó su presente para alcanzar ese futuro promisorio.
Tomar las decisiones correctas es
un proceso similar al que enfrentó Noé, que debió optar entre lo bueno, lo no
tan bueno y lo malo. Para ello él contó con una guía, la que respetó. Así mismo
nosotros podemos aceptar guiarnos por la moral, el derecho natural. Elegir lo
mejor de muchas opciones para nosotros y nuestra sociedad. Esto es lo que nos
define como personas y como sociedad.
Transformar nuestro presente no
es solo comenzar a mostrar la verdad -comprender las posibilidades con que
contamos- es también aprender y enseñar a aceptarla. Un futuro promisorio y
posible depende de ello.
Por Pablo A
Bevilacqua – nobloyan@gmail.com
Noviembre de
2022
[1] https://www.infobae.com/america/america-latina/2022/11/27/la-burda-venganza-de-daniel-ortega-contra-la-mayor-estrella-deportiva-de-nicaragua/
[2] El Gobierno Gaucho, Estanislao del Campo
(1834 – 1880), Antología gaucha, Santa Fe, 1953
