sábado, 17 de octubre de 2026

Uno y el dolor

 Serie Taller L  (Secuela de La Padeciente)


“Un cuento sin tragedias es un cuento sin público”, con esta frase el Doctor Sigmund describe su teoría sobre los cuentos y la realidad, como dos partes que se vinculan en la mente humana. Su trabajo inició con Rafael, quien lo acompañó hasta el día de su desaparición. Entrando a los ojos de Rafael pudo observar la realidad desde el otro lado. Desde aquí, tres personajes te invitarán a entrar en sus ojos.

Laura, 22 años, y él, 30 años, comparten un departamento en un tercer piso. Ella, una chica alegre e ingenua, se enamoró de él. Sergio, 24 años, conocido como el gordo, es el arquero del equipo rival. Su misión es salvar a su equipo, evitar la humillación en las redes. Cursa la facultad con Laura, pero ella jamás lo vio. Sergio es como un ser invisible.

Los jueves por la noche, él organiza los partidos de fútbol que jugarán en las canchas de futsal en Haedo el sábado por la tarde. Todo por el sabor de proyectarse victorioso en las redes con un montaje artificial de imágenes y bardear a los derrotados. Reels teñidos con humor y empatía, con miles de seguidores.

Laura, aunque lo niegue, quiere darle a él todo lo que ella cree que su mamá le negó a su papá. Las tareas del hogar las siente como su obligación, tener la cena lista cuando él decide cenar.

Suena el celular de Laura, él revisa quién llama: “Laura, tu vieja, que no venga a joder acá”. Laura atiende: “Hola, mamá. Sí, ¿qué querés?... Todo bien… No, mamá, no puedo, sabés que no le gusta que llegue tarde, tengo que hacerle la cena… No, no soy una esclava… Terminá, mamá… No, el sábado no puedo, él quiere que lo filme en la cancha... Siempre lo criticás; por eso te odia. No te das cuenta de que sos vos… Bueno, cortala, si voy a Haedo el sábado te aviso”. Corta.

Es sábado por la tarde. Los tres están en la cancha. Él: el delantero dispuesto a perforar el arco del gordo; Sergio: concentrado en una misión imposible; Laura: fiel al juego que intenta jugar (obedece y filmará con el celular de él las imágenes que a él lo muestren victorioso).

En la cancha la amabilidad es solo para la pelota. El partido inicia, la pelota se disputa de arco a arco. El gordo defiende el suyo con cada gramo de su grasa. La pelota se va hacia el otro arco. El gordo abre un paquete de galletitas con chispas de chocolate que dejó al lado del arco, la pelota está lejos.

Laura apunta la lente hacia el gordo. Él patea al arco mientras piensa: “Gordo goloso, el gol es mío”, e imagina el reel del gol que subirá.

Un grito cruza la cancha: “¡Gordo, el arco!” El gordo se incorpora; la pelota pega en su cabeza y se desvía al córner. La galletita con chispas de chocolate cae a los pies de él, que le grita “Maldita suerte, gordo”.

Con su pie aplasta la galletita y corre hacia Laura. Le arranca el celular de la mano y ve lo que grabó. Solo ve al gordo. Le recrimina a Laura: “No me filmaste”. Ella no soporta el juego. “Pendejos, con pendejadas”, dice en voz baja y se aleja de las canchas hacia la estación de Haedo. “¿A dónde vas?”, le grita de nuevo.

El gordo reconoce a su compañera de facultad, la sigue con su mirada. “¿Qué mirás, gordo? Nunca una mina así te va a dar bola. ¡No existís!” Él agarra la pelota y patea el córner.

Laura llega tarde al departamento. Está en silencio con las luces apagadas. La luz exterior ilumina una silueta parada en el balcón. “¿Sos vos?”, la silueta no responde ni se mueve. Retrocede unos pasos y tropieza con el sillón, cae al suelo. Está aterrada, grita: “¿Sos vos?” La silueta desaparece. Siente como si su corazón se paralizara, no puede respirar. La puerta se abre y la luz se enciende. “No vuelvas a hacer eso”, le dice él pasando a su lado sin ayudarla.

El gordo obtuvo una victoria inesperada: el apodo. Ya no es “el gordo”: desde hoy es “Galletita”. Por fin ganó algo: el Nobel al Meme, una galletita con chispas de chocolate con su rostro en el arco.

La semana siguiente, Galletita recibe todos los días en su casa diez cajas de paquetes de galletitas con chispas de chocolate con su cara impresa en los paquetes. Laura tampoco lo reconoce en la facultad. No vuelve a jugar.

El tiempo transcurre y la rutina no cambia, salvo por el nuevo vecino: “Se mudó a planta baja un chico. ¿Lo invito a la fiesta de hoy?”, dice Laura. Él, sin dejar de mirar su celular, le responde: “Ya te dije que yo me encargo de la gente, vos ocupate de que todo esté listo. Se muda un boludito y ya te lo querés transar”.

Laura sigue jugando a ser grande.

La fiesta es un éxito. Ya se fueron todos y él edita los videos para transformarlos en historias, solo falta el texto para el reel: “Divertida, explosiva y…”. No encuentra un tercer adjetivo, y eso lo atormenta. Lo publica así. Una y otra vez repasa su reel y cuenta el amor que le depara el planeta, likes como besos.

“Debería mudarme”, piensa, “a un departamento más grande”. Más invitados, más likes, más amigos. “Laura, deberíamos mudarnos”, grita buscándola entre los objetos desparramados sobre el piso del departamento.

Él sigue inmerso en la pantalla del celular. Los likes no llegan: “¡La puta! Esos tres puntos… y vos, Laura, no me ayudás. ¡El reel es una mierda!” La busca: “¡Laura! ¿Dónde estás?”

Laura sale del baño desnuda y lo ve con el celular en alto. “¡La puta, está haciendo un vivo!”, cree. Se esconde detrás del sillón y se pone una remera que recoge de las cosas tiradas. Acurrucada imagina los miles de emoticones y comentarios que juzgarán sus imperfecciones. Se siente atrapada, quiere abrir la puerta y escapar, pero no sabe a dónde ir.

Él sigue caminando por el departamento esperando los likes. Sus pies entran al balcón, él tropieza y el celular cae… mira hacia abajo estirando su mano libre para alcanzar eso que se fue, con la otra se sujeta de la baranda. Su cuerpo cuelga mientras su mente cae.

El celular golpea la cabeza del vecino de planta baja y rebota terminando contra un córner del patio interno. Un grito desde el tercer piso: “Flaco, disculpá, ¿se rompió? Fijate si grabó la historia, ¡publicala!”

El flaco aún siente el dolor del golpe. “Pelotudo de mierda, ¿qué historia? Me rompiste la cabeza”. Se incorpora y mira hacia arriba.

El pelotudo cuelga del balcón del tercer piso anclado a la baranda con su mano izquierda.

“¡Galletita!”, grita el pelotudo.

“¿Sos vos?”, grita Galletita reconociendo al pelotudo que lo bautizó: el autor del meme premiado.

Galletita, aquel gordo hoy flaco, es vecino de su verdugo. Levanta el celular, lo mira y con todas sus fuerzas lo tira hacia el tercer piso.

El pelotudo ve pasar su celular delante de su rostro y aún está grabando la historia. Estira su mano para atraparlo y presionar publicar. Lo logra soltando su mano de la baranda. La historia subió y el pelotudo cayó al lado de Galletita.

Laura se asoma al balcón, mira hacia abajo. La escena se resume en su grito que cruza hacia el vacío. Aterrada.

Galletita vuelve su mirada hacia arriba: la chica… Ella lo reconoce y recuerda que solo oculta sus imperfecciones con una remera. Da un paso atrás, se oculta. Inmóvil, se llena de miedos.

Galletita siente placeres extraños: venganza, piedad y sexo. Se culpa.

Laura corre hacia planta baja, llega al patio interno y se inclina sobre el pelotudo tendido sobre el suelo. Aún respira. Galletita llama al SAME. Vuelve su mirada hacia ellos para descubrir lo que Laura no pudo ocultar en el balcón. Galletita no puede escapar a esos placeres confusos: sexo, venganza… y ¿piedad?

Laura no deja de llorar y temblar. Galletita la cubre con su campera. Otra vez atrapada: si tira la campera, ¿con qué ocultará su desnudez? La confusión la desgarra. Llega la ambulancia. Finalmente corre hacia el departamento.

Huesos rotos y un celular destruido. Eso llegó al hospital. El cuerpo sana, el celular se reemplaza. “Laura, ¿dónde está mi celular?”, grita el pelotudo gimiendo de dolor en un cuarto descolorido lleno de equipos cuyos acordes le recuerdan que sigue vivo. Ella se lo alcanza. Otra vez atrapada.

“Escuché la voz de la trola de tu vieja, ¿vino para disfrutar del panorama?” Él le muestra su cuerpo vendado. Laura no puede irse, la culpa se lo impide: por ocultar su desnudez lo dejó caer.

Laura sale del cuarto hacia la sala de espera. Se encuentra con su mamá. “Sabés que no quiere que vengas”, le dice Laura. Su mamá trata de tomarle la mano y Laura le dice: “Dejame”. Sigue su camino.

Galletita la encuentra en la sala de espera, se sonroja, prefiere ocultarse. Ella lo llama y le devuelve la campera. Galletita se acerca, le acomoda la campera sobre los hombros y le responde: “Aquí hace frío. Te la presto un día más”. Ella sonríe.

La puerta del cuarto se abre. “Hola, Doctor. ¿Qué hace por aquí?”, dice él y deja su celular sobre la almohada. El Doctor camina hacia él, revisa sus ojos y se sienta a su lado. “No llamaste y ¡qué sorpresa! Ya hablé con los doctores. Vas a estar bien”.

Él sonríe. “¿Y mamá? No trajiste la pipa”.

Le responde Sigmund: “Emilia te extraña. En cuanto puedas moverte volvemos a casa. Haedo es un lugar muy lindo, pero…”. Él levanta su celular y le responde mirando la pantalla: “No sé, desde que el tío Rafael falleció no es lo mismo. Aquí hay un mundo”. El Doctor se levanta y apoya su mano sobre el hombro de él: “El mismo que podés tener desde casa. Allí también tendrás tu mundo virtual y te podemos cuidar”.

Él sigue mirando su celular: “¿Y las fiestas?”. El Doctor le responde: “Eso se puede arreglar. ¿Quién es la chica?”. Deja el celular y lo mira: “Laura. Necesito un lugar grande para las fiestas”. El Doctor le señala que lo mire a sus ojos: “¿Está todo bien?”. Él hace un silencio unos instantes y mira hacia la puerta: “Con ella sí, su madre me la quiere robar”.

El Doctor le toma el rostro y lo hace girar hacia él: “Yo creo que no podés tener a una sin la otra. Es un lazo de conveniencia. Te ayudaría regresar. La casa es grande y tu tío te la dejó”. “Puede ser”, le responde él.

El Doctor le vuelve a preguntar: “¿Estás bien?”. Él esta vez es elusivo: “Sí, algo”. Sigmund se vuelve a sentar: “Respuestas cortas. ¿Duele?”. Él le responde casi encima de su pregunta, como si ya conociera la rutina: “Sí. ¿Y si la dejo ir?”

Entra Laura: “Hola. ¿Quién es?”, le pregunta a él. Le responde con una sonrisa: “Ella es Laura. El Doctor Sigmund, un amigo de mi familia”.

El Doctor se para: “Un placer, Laura. Los dejo, ya me estoy yendo. Pronto nos volvemos a ver”. Sale.

Laura, algo enojada: “Nunca me hablaste de tu familia”. Él le responde con un tono de naturalidad: “¿Para qué? Vos tenés la tuya y yo te tengo a vos”. Vuelve a concentrarse en el celular.

Laura sale y sigue al Doctor Sigmund: “¡Doctor! ¡Sigm…!”

“¿Sí, Laura?”, le responde con una voz paternal.

Laura, algo agotada por correrlo, le pregunta: “¿Se va a curar?”

“Hay lesiones que sanan y otras que no. Creo que me preguntás por las que sanan. Va a estar muy bien”. El Doctor sonríe, ella siente alivio. El Doctor apoya su mano sobre el brazo de Laura con afecto: “Sos igual a ella. Dale mis saludos a tu mamá”. El Doctor Sigmund se va y desaparece entre la gente de la sala de espera.

Son las doce de la noche. Las enfermeras están encerradas en la enfermería. Él está dormido con el celular en la mano. Entra alguien. El ruido de la puerta lo despierta y entreabre los ojos, apenas ve una silueta. Se cierra la puerta. “Hola querido, parece que encontraste el lugar que te mereces”. Él trata de distinguir quién es, sospecha por la voz: “Laura es mía”. La respuesta es un susurro: “No vine a discutir tus propiedades, solo a negociar el precio del dolor”. Apoya su mano sobre la pierna fracturada. El intenso dolor lo desmaya.

Por la mañana cuenta a las enfermeras el sueño que tuvo. Sospecha algo. Todos suponen que delira por los calmantes. Insiste ante la enfermera: “No es un delirio, sé muy bien lo que es un delirio”. La enfermera se va y él se queda solo con Laura. Escucha una voz en el pasillo, la reconoce y le pregunta a Laura: “¿Qué hace Galletita otra vez acá?” La pregunta solo obtiene el silencio de Laura. Ella abre la puerta y sale del cuarto: ya sabe a dónde ir.

En la sala de espera están Galletita y la mamá de Laura. Ella se sorprende al verlos charlando como si se conocieran de siempre. “Hola, Laura. Qué muchacho tan agradable. Me contó que te ayudó durante el accidente. Me cae bien este muchacho”. Laura sonríe.

“Vamos a tomar un café”, le dice su mamá. Laura se vuelve hacia Galletita y le pregunta: “¿Venís mañana?” Galletita sonríe. Laura vuelve con su mamá: “Mamá, ¿podemos hablar?”. Su mamá solo la abraza. Las dos caminan juntas hacia el bar del hospital en busca de las charlas perdidas. Cuando se están despidiendo, Laura recuerda y le da los saludos del Doctor Sigmund. Su mamá queda petrificada: “¿Está aquí?”. Laura le responde: “No sé, es un amigo de su familia”.

La mamá la saluda y se va. Murmura para sí: “¿Qué mierda?, ¡No puede ser!”.

Los días pasan y Laura trata de devolverle a Galletita la campera y Galletita se la vuelve a acomodar sobre los hombros. Las charlas en la sala de espera continúan.

Otro amanecer llega. El pelotudo se despierta sufriendo la somnolencia de los analgésicos. Estira la mano buscando el celular: “Laura, ¿dónde está mi celular?” No hay respuesta.

Escucha jadeos en el baño de su cuarto. El jadeo termina con un gemido que alguna vez escuchó. Sigue buscando el celular. “Laura, ¿dónde está mi celular?”, vuelve a preguntar sin obtener respuesta. Se abre la puerta del baño: sale Laura, detrás Galletita… ahora Sergio.

Laura y Sergio lo observan jugando con el celular, pero él no ve más que a Galletita, quien le robó la victoria. “Galletita, ¿vos también venís a buscar mi celular?”, le dice tratando de subir la historia. No lo logra. Sergio lo mira y le sonríe: “No. A ella”.

Sin sacar la mirada de Galletita, le devuelve la sonrisa y le dice: “¿Un lazo de conveniencia?”, le ofrece una galletita con chispas de chocolate: “¿Galletita?” y se la come.

Sergio pone su campera sobre los hombros de Laura. “¿Vuelvo mañana?”, le pregunta. Ella no responde; solo lo mira a los ojos y vuelve a la imagen del balcón: siente que entra en los ojos del pelotudo, tropieza y cae con sus historias al vacío. Entonces, mira hacia abajo con sus propios ojos y encuentra los ojos de Sergio.


Paulus – Octubre 2026

nobloyan@gmail.com

 

miércoles, 7 de octubre de 2026

Ella quiere reír

 


Atrapado en mi lectura, sentado, busco una nueva historia que llene mi viaje en el colectivo.

Ella viaja parada en un recorrido no muy largo que se repite casi todos los días, a las 16 hs. Pasa un rato y su rostro es ese rostro de colectivo, de vidas que no se tocan, en medio de la soledad pública. Aburrida. La veo; podría sentir mi mirada. Evado sus ojos negros.

Su mirada busca y vuelve a buscar, tal vez una sonrisa, sin encontrarla. Rodeada de personas en sus mundos, en sus celulares, en sus libros.

Levanto la vista de mi lectura cada tanto y sigo esperando que llegue esa historia, allí está: la imagino en una breve aventura, real y ficticia.

¿Qué puede desear alguien en un viaje sin deseos? Debe ser un juego, sí: una aventura con el premio de un beso. Tendrá una regla estricta: ella quiere reír; por prudencia excluye a todos los pasajeros del viaje; será alguien de otro lugar, de otro momento.

Pinto su rostro con rubor. Siento su timidez, despinto y escondo todos los gestos de su rostro. No es lugar para ser descubierta.

Le dibujo una sonrisa tenue y ella enciende el brillo de sus labios. Los veo de reojo, ella desea reír. No quiere chistes vanos o casuales: ese alguien deberá encontrar en ella aquello que la divierte… Después decidirá si obsequiará su premio: un beso.

Si por el ingenio de ese alguien ella comienza a reír, ofrecerá ese beso. Otra sonrisa, que yo no dibujo, se escapa: no será un beso simple, regalará pasión. Lo sueña y se sonroja. Duda: ¿cómo sabrá que ese beso deseado y dado fue apasionado? Y teme: sus labios se opacan.

El viaje con su rostro de colectivo continúa: parada, rodeada de gente, sin que sus vidas se toquen.

Vuelvo a mi lectura con una historia que ella no conoce.


#Paulus - Pablo A. Bevilacqua
Octubre 2026

nobloyan@gmail.com

Colectivo = Bus (transporte público de pasajeros en Buenos Aires)

miércoles, 22 de julio de 2026

¿Otra vez vas a tirar los dados?


Tal vez, estimado lector, aceptes la invitación de las publicidades de las Empresas de Apuestas en Línea (EAL), que se transmiten en Argentina en ocasión de los partidos del mundial 2026, y abras tu cuenta y tires los dados.

Todos sabemos lo importante que son los juegos en la formación del carácter, el intelecto y la sociabilidad. Jugarlos o verlos nos entretienen. Hasta los juegos de apuestas nos brindan estas opciones siempre que sepamos cuál es la justa medida del riesgo que asumimos.  

La justa medida es la cuestión, ¿No lo crees? Para entender este límite hace falta madurez y conocimiento, comprender los riesgos que se ponen en juego y las reglas, incluyendo las no escritas.

Los niños y adolescentes ávidos por probar todo, por alcanzar lo inalcanzable, pueden enfrentarse a situaciones que los lesionen o los afecten de por vida. Los juegos de apuestas son un negocio que se muestra como un entretenimiento. En los adultos el daño es patrimonial, pero en los niños y adolescentes pueden implicar impactos en su salud mental y espiritual.

Todo juego siempre tiene uno o varios contrincantes, inclusive cuando el contrincante es uno mismo. Entre los contrincantes se espera un balance de capacidades y destrezas que nivelen las probabilidades de la competencia. No sería competitivo un enfrentamiento entre la Selección Mayor Argentina y el equipo +40 del Club de Barrio.

La cuestión es cuando se oculta esta diferencia para tener una ventaja y romper las reglas de la habilidad y el azar.

Juegos como el Póker, el billar, el domino y otros similares dependen de la habilidad de quienes están a la mesa. Existen competencias organizadas donde un anfitrión, que llamaremos “la banca”, funciona de mediador y árbitro. Otra cosa es cuando “la banca” es uno de los contrincantes en el juego o tiene la potestad de administrar el propio juego.

La ciencia ha estudiado el azar para encontrar una forma de predecir los resultados y también los efectos que producen sobre las personas. También se ha estudiado a la Publicidad y sus efectos, cómo inducen a las personas a tomar un comportamiento determinado.  

Me parece importante recordar cómo tratamos otros productos cuya difusión finalmente se reguló en beneficio del bienestar humano. Entre los estudios más conocidos y con más cuestionamiento a la hora que se le impusieron regulaciones está el “cigarrillo”. Tal vez, porque socialmente se reconoció los daños que implican a la salud futura y el impacto económico que provoca en las familias y en los sistemas sanitarios. Un informe encargado por la Federación Internacional del Automóvil (FIA) de 1998 concluyó que las tabacaleras debían reclutar activamente fumadores, 300 nuevos por día en UK, para sostener su mercado. Es decir, la publicidad y su formato es un componente vital para inducir el consumo.

Con el advenimiento de las EAL, estas llevaron los juegos de apuestas a todo lugar que llegue Internet, convirtiéndolas en un producto de consumo masivo. En el informe de la Comisión Lancet sobre apuestas (2024), liderado por Heather Wardle y del cual participa como coautor Malcolm Sparrow (Harvard Kennedy School), se estima que a nivel mundial 2300 millones de adultos y casi 160 millones de adolescentes (entre 10 y 19 años) han participado en juegos de apuestas.

También menciona que las personas afectadas por ludopatía se estiman en 80 millones. El problema plantea Sparrow: es que hoy tienes en el bolsillo un casino los 7 días de la semana 24 horas.

Investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) y de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), ambas de Argentina, han investigado sobre la relación de juego de apuestas en línea y los adolescentes. Los investigadores Dr. Juan Bautista Branz (Doctor en Comunicación – UNLP) y Dr. Diego Murzi (Doctor en Ciencias Sociales – UBA) en su trabajo, publicado en mayo de 2024 “Apuestas deportivas online y jóvenes en Argentina: entre la sociabilidad, el dinero y el riesgo”, encontraron como primera evidencia … muestra que los jóvenes perciben a las apuestas deportivas mayormente como un “juego” o una “diversión”, ganar dinero es un aspecto secundario dicen.  

Otro aspecto que destacan es : El ritual de apostar en grupo es una constante entre los entrevistados: más del 90% comenzó en las apuestas online porque lo introdujo un amigo.

El mundial de fútbol 2026, en su transmisión en Argentina, dejó expuesto el exceso de publicidad de las EAL induciendo a los juegos de apuestas, ¿con la advertencia de la prohibición a los menores de 18 años a participar será suficiente? Aún no hay estudios si esta alta dosis de publicidad inducirá a niños y adolescentes, pero por las experiencias en otros rubros, como el cigarrillo, nos llevan a suponer que si.

Las EAL podrán esmerarse en evitar el acceso de menores de 18 años, pero debemos recordar que también existe una oferta ilegal en línea de apuestas que no procura obedecer las regulaciones.

El problema no está en sí mismo en el juego sino en las metodologías que se utilizan para inducir permanencia y luego la adicción, que hoy se evidencia en las publicidades, inclusive apoyada por la imagen de personalidades. Como sociedad corremos el riesgo de minimizar la gravedad del problema, si solo lo dejamos a una regulación de edad de acceso.

Estas plataformas legales e ilegales son relativamente nuevas por lo cual podemos suponer que los daños a la salud mental se reflejaran cuando los niños y adolescentes alcancen la adultez. Pero también debemos considerar el aprendizaje que inducen a desviar la percepción de los riesgos razonables que se pueden asumir y los problemas económicos que se derivan y afectan directamente en su entorno familiar.

Entonces nos enfrentamos a un problema que se traslada a Salud Pública y a la generación de Pobreza.

La cuestión no es prohibir este negocio, sino proteger, en primer lugar, a niños y adolescentes, y en segundo lugar a los adultos que puedan comprometer el patrimonio familiar.

En otros ámbitos trasladamos la Responsabilidad Social como con las empresas Alimenticias y Farmacéuticas, exigiendo que indiquen el vencimiento de sus productos y que posean protocolos para el retiro de mercado de los productos vencidos o en mal estado; también se obliga a las empresas Alimenticias que indiquen la composición de sus productos y además muestren excesos con la normativa de hexágonos.

Este mismo concepto puede exigirse a las EAL requiriendo que adhieran voluntariamente a la Responsabilidad Social de cuidar e incentivar el desarrollo humano, dado que son simultáneamente “banca” y contrincante con el conocimiento estadístico de su lado y desarrolladores del software, por lo cual ellas mismas deberían limitar acciones que puedan inducir conductas lesivas a la Salud Mental, la inducción al juego a apuestas en niños y adolescentes  (que no deja de ser una forma de esclavitud)  y el patrimonio de las familias.

Mons. Jorge García Cuerva, Arzobispo de Buenos Aires, en su reflexión sobre la parábola del “Buen Samaritano” (Tedeum 9 de julio 2026) nos dice que podemos ser como aquel Samaritano o como el Levita, que nuestras acciones en la gestión de Gobierno, sea de una Nación o de una Empresa, impactan en la sociedad.

Recuerdo una anécdota del empresario argentino Enrique Shaw, cuando la empresa que “gobernaba”, Cristalerías Rigolleau, se enfrentaba a una crisis y los gerentes proponen producir vidrio verde (el vidrio de más baja calidad), entonces Enrique Shaw les dice que si lo hacían dañarían a todas las pequeñas empresas que fabricaban vidrio verde, entonces solicitó buscar otra alternativa. En palabras del Arzobispo sería actuar como los asaltantes.

Como adultos somos quienes poseemos la capacidad de medir riesgos y decidir nuestras acciones en consecuencia, los niños y adolescentes se encuentran en esa etapa de aprendizaje y aún no son capaces de extrapolar los efectos que sus decisiones de hoy, y cómo estas finalmente impactarán en su adultez, por ello reconocemos nuestra obligación de guiarlos y no los abandonamos.

Una forma de no abandonarlos es dar una respuesta al menos desde las herramientas que ya poseemos y que pueden atender algunos de los aspectos del problema como el económico: exigir a las entidades financieras y billeteras electrónicas que sus clientes habiliten o deshabiliten el pago o transferencias a las EAL, protegiendo el posible uso indebido por niños y adolescentes. Esto debemos tratarlo más ampliamente y llevarlo a los organismos que establezcan las regulaciones.

No ocuparnos sería simplemente tirar los dados suponiendo que la próxima ronda será a nuestro favor.

 

#Paulus - Pablo A. Bevilacqua
Julio 2026

nobloyan@gmail.com

miércoles, 15 de julio de 2026

Messi, como Nehemías

 

Hace un tiempo me senté a tomar un té con Nehemías y me contó de un pueblo cuyas murallas habían sido dañadas y sus portales quemados. Sus pobladores estaban sujetos a los ataques de vándalos y depredadores. Suponían que Dios los había abandonado, sentían soledad y miedo. Estaban tan marcados por la desesperanza que habían aceptado su tragedia. Años más tarde ese pueblo construyó una Nación.

Le pedí a Nehemías que no se fuera sin contarme cómo lo hicieron. Entonces me dijo: “solo necesitaban del ejemplo de un líder que les dejara un modelo a seguir” y me regaló su libro de gobernanza.

Dar Gracias por lo alcanzado y por el porvenir es un acto sanador. Así lo hicieron en aquel pueblo terminada la reconstrucción, agradecieron a Dios y también dieron gracias por el porvenir.

El Tedeum es un himno de Acción de Gracias a Dios, en Argentina lo hemos adoptado y adaptado para las celebraciones del 25 de mayo y el 9 de julio. En este último 9 de julio, Mons. Jorge García Cuerva, Arzobispo de Buenos Aires, nos invitó a reflexionar desde la parábola del “Buen Samaritano”.

Quisiera compartir contigo, mi querido lector, algunas inquietudes que me surgieron luego de escuchar y posteriormente leer el discurso del Arzobispo.

No quiero que me abandones aquí porque supones que lo que sigue será aburrido, pero qué imaginarías si te dijera que habló de Messi, sí lo hizo, aunque al final del discurso para citar una frase atribuida a Messi. Me preguntarás: ¿Qué podría decir de interesante un jugador de fútbol?

No puedo negar que la cita me sorprendió, en cierto modo para bien y en otro no tanto. Antes de transcribirla, es necesario que te comente algo más del discurso para que puedas comprender ese final y mis temores.

Creo que conoces la parábola del Buen Samaritano. Un hombre es asaltado en un camino peligroso y es arrojado al costado del camino muy golpeado y herido. Jesús usa este relato para ayudar a comprender que la compasión debe estar en todas las acciones del ser humano. Así también en quienes asumen la responsabilidad de gobernar y en quienes asumen la gestión de administración.

En uno de mis encuentros con Nehemías, vino acompañado de un amigo, Enrique Shaw, empresario argentino, quien nos contó de un pueblo que había perdido su objetivo y olvidado a los verdaderos líderes. También nos habló del amor que tenía por su familia y que él creía que la gobernanza de una empresa se basaba en la dignidad humana y la trascendencia espiritual.

Después de ese té compartido entendí por qué Nehemías y Enrique eran tan buenos amigos. También al irse me dejó un libro, era la Encíclica Magnifica Humanitas.

Enrique Shaw, como Nehemías, hablan de la Doctrina Social de la Iglesia puesta en práctica, con los avatares propios de la vida. Es a través de la Encíclica Magnifica Humanitas que Papa León XIV se enfoca principalmente en el desafío de las “cosas nuevas” para lo cual ordena los conceptos de la Doctrina Social de la Iglesia. Lo singular de esta es que toda su trama fue tejida a partir del relato bíblico de Nehemías.

Cada uno elige las palabras con las que construye su mensaje para transmitirlo con eficacia. El Arzobispo lo hace, manteniendo la forma de todos los Tedeum que recuerdo desde los años 80, pero él se toma la licencia al final para citar a Messi, ¿un jugador de fútbol?

Una de las preocupaciones fundamentales de nuestro tiempo es la educación y el impacto de los Medios en las personas, tanto para formarlas como para deformarlas. El Arzobispo advierte de aquellos que fragmentan los discursos para saquear frases y vaciarlas de su concepción original: Pueden ser tomadas frases aisladas para…, dijo.

Y aquí mi primer temor, porque de alguna forma él también fragmentó a Messi, mostrando de él solo una parte de quién es. Es un jugador de una cancha que excede los límites de un estadio.  Messi, además de un excelente jugador del fútbol profesional, es un buen hijo, esposo y padre y además empresario y filántropo. Un ejemplo de vida para los niños y jóvenes de Argentina.

El sacerdote siguió su camino. La parábola da una estocada al sacerdote y resalta la compasión del comerciante (empresario), pues reconoce en él el gesto de ser el único capaz de asistir. Debe ser muy doloroso para un sacerdote, para quien su vocación se afirma desde la compasión, verse citado así.

Entonces me intriga si usar el ingenio, el esfuerzo y la riqueza propia para desarrollar negocios y empresas no es ser el Buen Samaritano. No en cualquier caso, porque el Levita, como el sacerdote, no se detuvo. Entonces ¿por qué no resaltar a aquellos argentinos que son ejemplo real de gobernanza y por sobre todo incorporan a ella la compasión?

En esta distinción, Mons. García Cuerva fue preciso en objetar a quienes esclavizan al pueblo argentino a través del delito, el narcotráfico, la corrupción y también quienes se favorecen del “fruto del árbol prohibido”.

Pero, sin el ejemplo de los “Santos”, sin reconocerlos públicamente, ¿cómo se enseña que la compasión y la generosidad son posibles de desarrollar en la vida?

Ahora sí, ya estás preparado para leer el último párrafo del discurso:

¡Y vaya si lo sabemos hacer! Estos días, movilizados por los colores de la selección nacional, se nos enciende el alma, nos unimos en un abrazo con todos, construimos un sueño colectivo, y valoramos que el trabajo sea en equipo; sigamos con la camiseta puesta, y con pasión, hagamos realidad el mensaje que Lionel Messi publicó alguna vez en sus redes sociales: “Demostramos una vez más que los argentinos cuando luchamos juntos y unidos somos capaces de conseguir lo que nos propongamos. El mérito es de este grupo, que está por encima de las individualidades, es la fuerza de todos peleando por un mismo sueño que también es el de todos los argentinos…lo logramos!”

El libro de gobernanza que me dejó Nehemías nos impulsa a reconocer a quienes gobiernan bien sus empresas y proyectos. Así podemos comprender que la frase citada de Messi no es casual, responde a una persona íntegra, que comprende el contenido completo de la palabra familia y por ende de la palabra Nación, porque ambas palabras contienen los mismos principios primordiales.

La persona humana necesita encontrar en la familia todo aquello que le permite planificarse a lo largo de la vida, a ser un Samaritano, a ser una persona que no solo “sana y cuida” sino también inspira a otros a continuar su obra, como lo hizo el “dueño del albergue” y así a colaborar con el desarrollo humano. Y desde esa concepción de familia se modelarán las Empresas, las Religiones y las Naciones. Así lo hizo Jesús, primero la familia.

Vivimos un tiempo de modernidad disonante, que va vaciando de contenido las palabras, por ello es importante una voz que le hable a nuestra alma y a nuestra razón. Sin olvidar de reconocer públicamente a aquellos que son ejemplo de liderazgo para nuestros niños y jóvenes. Por ello, las voces que llenan de contenido las palabras no deben ser ocultadas, para permitir que se proyecten e inspiren a la humanidad más allá de su vida.

Si no le ponemos nombre al amor de Dios en la tierra, ¿a quién se aferrarán los niños y los jóvenes?


#Paulus - Pablo A. Bevilacqua
Julio 2026

nobloyan@gmail.com

Articulo publicado en Revista Empresa (Argentina) - https://empresa.org.ar/2026/messi-como-nehemias/


jueves, 11 de junio de 2026

El péndulo de las tres almas

 


-¿Otra vez por aquí?

-No, es mi primera vez. No sé a qué te referís.

-¿No me reconoces?

-No. Quizás si la luz te iluminara mejor podría reconocerte.

-¿No me puedes ver?

-No, es como si tu rostro estuviera oculto en la oscuridad.

León despertó sintiendo un intenso dolor en todo su cuerpo, trató de incorporarse pero no pudo; lo volvió a intentar con el mismo resultado; en su tercer intento logró elevar su cuerpo, pero un intenso dolor en el pecho lo obligó a dejarse caer sobre la cama. Margarita se vuelve hacia él; sale de su sueño sin ocultar su enojo, le pregunta qué le ocurre, y al ver su rostro pálido y sus labios violeta reaccionó inmediatamente.

La ambulancia es el peor de los lugares, todo se vuelve nulo, todo se vuelve un vacío. Tan solo hacia una semana que León había llegado de viaje, solo una semana que lo volvió a tener para ella y ahora está saliendo nuevamente a otro viaje. Con el andar todo se sacude, Margarita se sujeta de lo que puede para no golpearse, mientras repasa mentalmente si olvidó algo.

Margarita al bajar sintió que debía acomodar todos sus huesos. León, al menos, respira. Al ingresar a la Clínica La Luz de la Nueva Esperanza escucha a la paramédica dando el informe de diagnóstico “El paciente sufrió una posible descompensación cardíaca mientras dormía”. No había sido la cena, sintió alivio.

María Luz, la mejor amiga de Margarita, se despierta con un sentimiento raro de angustia y llama a Charly, su perro, su alegría, pero él no viene. Repite su nombre dos veces más recordando que hace dos semanas murió. Se sienta en la cama cargando su tristeza y recuerda el sueño que la despertó; estaba en una sala blanca, un lugar que podría ser la antesala del purgatorio, ella está sentada y lo ve pasar a León como una sombra que se despedía mientras ella recibía un cachorro hermoso de las manos de Anahí, que parecía ir elevándose, entonces recuerda ese sentimiento que la turbó en el sueño: si sus lágrimas caían por dejar ir a León o por recibir a ese cachorro que llenaría su vida.

Aún conserva la rutina que tenía con Charly; siente que se levanta con el sonido de su ladrido pidiendo salir, sale a dar una vuelta hasta la plaza, a veces lleva la correa; aún no se deshizo de las cosas de Charly, vacías y limpias, el último almohadón deshecho, la correa mordida . El día está lluvioso y húmedo, un día para quedarse en casa. Mientras prepara el desayuno, escucha un mensaje de Margarita en el celular.

[Estamos en la clínica La Luz de la Nueva Esperanza, León se descompuso. No sé qué hacer.😢]

[Nooo. Ya salgo. Si necesitas algo avisame que lo compro 🥺❤️] -No pensó nada más, se cambió, pidió un auto en la aplicación y salió hacia la clínica.

No. Justo ahora, primero Charly y ahora él, me voy a quedar sola, ¿cómo voy a seguir? No, no me voy a afligir sin saber qué pasa. Margarita siempre exagera, seguro es un malestar estomacal, le cocina cualquier cosa.

Margarita y León ya están en la Guardia; luego de terminar su ingreso es derivado a Terapia Intensiva. Margarita y María Luz esperan la hora de visita en el hall de Terapia, un lugar que Margarita describe como la antesala al purgatorio.

En terapia se escucha el movimiento de personas, León apenas consciente percibe el movimiento de mucha gente a su alrededor, aunque no comprende que sucede ni que hace ahí. Mira un instante a la cama de al lado y ve durmiendo una niña. Escucha el llanto de dos personas que se alejan.

La puerta de terapia se abre y sale un matrimonio abrazado y desconsolado. María Luz los reconoce, son sus vecinos, los papás de Anahí, una niña de ocho años que se encontraba enferma. Ellos solo pasan, no notan su presencia y ella decide no interrumpir ese momento de duelo. Tampoco le comenta nada a Margarita, podría imaginar el mismo destino para León.

Ocupan dos de las cinco sillas disponibles; sus cuerpos próximos buscan calmar la angustia y sus miedos.

-Me asusté tanto, lo vi muriéndose a mi lado.

-No pasó, lo mejor es que estés tranquila. Toma unos pañuelos y secate esas lágrimas. -Le da unos pañuelos de papel que saca de dentro de su bolso luego de revolver un rato y apoyar cosas en la silla contigua como mesa provisoria-. Hace caso, que ahora está bien cuidado.

-Yo también lo cuido bien. ¿Ese es el bolso que te trajo León de su último viaje? -Le habla con un sentimiento de ambigüedad, aun sigue derramando lágrimas.

Por qué se lo habrá traído. Parece que le gustó el regalo. Siempre me dijo que no le gustaban  los bolsos de color azul y ahora parece que le gustan. Seguro se lo pidió y no me dijo nada. Qué raro. Tengo tanto miedo de perderlo.

-Sí, demasiado bien … Sí, lo amo ... el color está de moda. -Le responde distraída mientras acomoda las cosas dentro del bolso tratando de ocultar que se está derrumbando.

-¿Qué querés decir? … -Repasa rápidamente en su mente qué había descuidado …- Mirá, estoy temblando. -Le muestra la mano mientras se limpia el rostro con los pañuelos y sigue pensando que pudo haber hecho mal.- Me preocupé por él siempre, pero no me hace caso. -María Luz le toma la mano.

-No pienses así amiga, no es tu culpa. Todos sabemos cómo es.

-¿Cómo es? -Le suelta la mano- ¿Qué no sé yo? Al final siempre la esposa es la última en enterarse -Le clava la mirada esperando la peor respuesta.

-Estás tan preocupada por su salud, sabes que nunca le gustó cuidarse en las comidas, aunque vos siempre le insistías que esa comida lo mataría … ay no, no quise decir eso. -Claro que sí lo quise decir.- Va a estar muy bien, hiciste lo imposible y ahora con este susto seguro te hará caso, vas a ver. -Resopla para sí, se siente intranquila, se culpa por hablar de más.

-Sí, tenés razón, lo veo todo mal. Es que estoy tan asustada, si le pasa algo ¿Qué hago? -Vuelve a tomarle la mano.

Margarita había sentido por primera vez la soledad, nunca imaginó la ausencia de León. Mira su reloj y ya es la hora de visita, le darían el primer parte médico. Sabía que si hubiera pasado algo grave ya la hubieran llamado.

León debería pasar las próximas tres semanas internado. El médico trató de tranquilizarlo, pero solo le dijo “está estable, no se preocupe, se va a recuperar”, palabras que lo llenaron de miedo, de qué se tenía que recuperar, y qué significaba eso de estar estable. Apenas recuerda por qué está allí, un sueño extraño en el que Margarita corre gritando y luego dentro de una pieza con Margarita y una persona extraña, parecía una ambulancia.  

-No te preocupes tanto. No duele tanto.

León gira su cabeza y mira a la niña que está en la cama de al lado, la misma que había visto dormir, pero no recuerda cuándo.

-Al principio lloré mucho, después me sentí mal por mamá y papá, verlos llorando tanto, quería abrazarlos, en especial a mamá y ya no podía, aunque lo intenté.

Es una niña … pero sus ojos me recuerdan a alguien, siento como si quisieran atraparme; esa sensación oculta por tanto tiempo. La veo y me veo a mí mismo, como si fuera un espejo; esos ojos tan llenos de vida y su cuerpo tan abandonado por la vida.

-¿Te puedo ayudar en algo?

Apenas termina la pregunta cae dormido. Las drogas solo le dejan tener algunos ratos de lucidez. Al despertarse nuevamente ya está a su lado Margarita tomando su mano y con una sonrisa que solo tiene lágrimas.

-¡Margarita!, ¿Qué hago aquí? ¿Qué pasó? -Apenas se sentía su voz.

-El Doctor dijo que vas a estar bien, que solo fue un susto. -No prestó atención a sus preguntas, las oyó pero las eludió o las olvidó. Solo respondió lo que había ensayado decirle.

-¡La niña! -Estira su brazo señalando la cama de al lado-  quiere ver a sus papás. La vi tan mal. -Aprieta la mano de Margarita.

Margarita mira las camas de alrededor y no hay ninguna niña. Le dice que la cama que señala está vacía. La enfermera llega para los controles de rutina y León le pregunta por la niña, porque la escuchó preocupada por sus padres.

-No puede ser que haya visto a Anahí, una dulce, todos lloramos tanto. Falleció justo cuando usted llegó. Fue una locura, corrimos por ella y por usted. -Habla mientras hace sus cosas y se va.

-No puede ser, yo la vi, estaba ahí. Sé que la conozco, sé que algo nos une. Estoy confundido. -León se siente confundido y no encuentra las palabras suficientes.

Margarita temblaba en lo más íntimo de su alma, los latidos de su corazón le dicen cosas que teme imaginar. Su mente teje y desteje: “Primero el bolso azul, ahora una niña que reconoce y yo … ¿Quién soy aquí? La muerte tiene muchas caras.”

-Maria Luz está afuera, te manda un saludo, parece que el bolso azul que le trajiste le gusta mucho, lo usa todo el tiempo.

-¿Qué? … ¿Quién?

-Maria Luz.

-Ah, gra…. -Se vuelve a dormir.

Margarita le suelta la mano y vuelve al hall. Aún está María Luz.

-¿Cómo está León? -Con la voz quebrada, no pudiendo dejar escapar ese llanto contenido para ocultar lo que no puede ser revelado.

Margarita en ese instante lo supo, estaba escrito en los ojos de María Luz, entonces su corazón se quebró, había fallado en todo. León al borde de la muerte y su amor al borde del final, ¿a quién había cuidado?

Dentro de terapia se enciende una alarma. Todos corren hacia la cama de León.

-¿Otra vez por aquí?

-Alguien me trae aquí.

-No es posible, solo puede ser mi decisión. ¿Sabes quién soy?

-¿Cómo saberlo si no puedo ver tu rostro?

-Entonces debes volver, cuando me reconozcas entrarás. Vuelve.

León despertó de su sueño y los enfermeros y médicos se mueven a su lado. La enfermera que acomoda la intravenosa lo mira sonriendo.

-Nos diste otro susto, pero estás aquí de nuevo.

-¿Dónde está él? Tengo que volver. -Trató de incorporarse, en seguida le dan un sedante.

León no encontraba una respuesta para todo lo que le estaba sucediendo. Nada es normal, nada tiene sentido.

¿Dónde estoy? Todo está oscuro. Esa luz, ¿la Luna? Sí, es la luna. Allí están las tres, por fin las encuentro. Solo hablan entre ellas y no paran de caminar por esta calle, ahora un sendero en la montaña. “No se vayan, esperen”, ¿A dónde irán? Maldita sea, por qué no puedo caminar. No las veo más, seguro por esa escalera, ¿Qué edificio es ese? Parece un templo en la montaña. Están en las escaleras de la entrada. Las llamo “Hola, ¿Qué hacen acá?” No me oyen. Otra vez desaparecieron.

Margarita, María Luz y Anahí están paradas juntas viendo a León correr tras ellas.

“Lo ven ahí, corriendo tras nosotras, trata de alcanzarnos a las tres juntas y no sabe que nunca podrá”, habla Anahí.

“Es mi tiempo de ser quien él elija, lo saben las dos e igualmente vienen por él”. Les reclama Margarita.

“Que sea tu tiempo, no quita que cuestionemos tu derecho. Pronto deberás entregármelo, pero puedo concederte el tiempo que aún te queda”, le dice María Luz a Margarita.

“Sabes muy bien que vivimos según el péndulo y existimos sin dejar de ser lo que somos”,  dice Anahí, y levanta la vista buscando a León. “Ya está cerca y no puede encontrarnos aquí hasta que vea su rostro y lo reconozca”.

“Entonces, Anahí, ¿aceptas mi legítimo derecho?“, le dice Margarita

“No porque sea legítimo, sino porque yo quiero”, le responde Anahí.

Las tres se dejan ver por última vez y desaparecen nuevamente. León sube los últimos escalones.

“¿Qué haces acá? ¿No me vas a dejar a entrar? Si no puedo ver tu rostro al menos decime tu nombre.”

Él desaparece y la puerta del templo se abre.

Se fueron, qué lugar extraño, parece la antesala al purgatorio, una mujer sentada junto a una niña acariciando un perro, cinco sillas y un péndulo que se balancea entre tres puertas ¿Cuál debo usar?, el péndulo se inclina hacia la puerta blanca y se abre; cruza la puerta y esta se cierra. “Estoy en casa, ¿quién está ahí?”

“¿Sos vos Anahí?, te pareces mucho a una niña que conocí, no recuerdo cuándo, aunque ya no eres aquella niña, debieron pasar muchos años, siempre estás lejos.”

“No soy Anahí”

“¿Sos vos María Luz?, siempre estás cerca y siempre deseas tomar mi mano y yo siento que debo alejarme.”

“No soy María Luz”

“¿Sos vos Margarita?, siempre estás conmigo y puedo tomar tu mano …”

León abre los ojos y ve a Margarita; está sentada a su lado, huele su perfume y siente su mano acariciando la suya; la mira a los ojos y le sonríe, ella le devuelve la sonrisa.

-Estoy mejor. Tuve un sueño … -Se detiene disfrutando la mirada de ella- …Regresé.

-María Luz me pidió que te diera sus saludos. Se disculpa pero los papás de esa niña que falleció cuando llegamos, Anahí, son vecinos de ella y le ofrecieron el cachorro que le habían regalado a su hija, tiene 8 semanas. Se llama Uriel.

-¿Cuándo vamos a casa?

 

#Paulus - Pablo A. Bevilacqua
Junio 2026

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