-¿Otra vez por aquí?
-No,
es mi primera vez. No sé a qué te refieres.
-¿No
me reconoces?
-No.
Quizás si la luz te iluminara mejor podría reconocerte.
-¿No
me puedes ver?
-No,
es como si tu rostro estuviera oculto en la oscuridad.
León
despertó sintiendo un intenso dolor en todo su cuerpo, trató de incorporarse pero
no pudo; lo volvió a intentar con el mismo resultado; en su tercer intento logró
elevar su cuerpo, pero un intenso dolor en el pecho lo obligó a dejarse caer sobre
la cama. Margarita se vuelve hacia él; sale de su sueño sin ocultar su enojo, le
pregunta qué le ocurre, y al ver su rostro pálido y sus labios violeta
reaccionó inmediatamente.
La
ambulancia es el peor de los lugares, todo se vuelve nulo, todo se vuelve un
vacío. Tan solo hacia una semana que León había llegado de viaje, solo una
semana que lo volvió a tener para ella y ahora está saliendo nuevamente a otro
viaje. Con el andar todo se sacude, Margarita se sujeta de lo que puede para no
golpearse, mientras repasa mentalmente si olvidó algo.
Margarita
al bajar sintió que debía acomodar todos sus huesos. León, al menos, respira.
Al ingresar a la Clínica La Luz de la Nueva Esperanza escucha a la paramédica
dando el informe de diagnóstico “El paciente sufrió una posible descompensación
cardíaca mientras dormía”. No había sido la cena, sintió alivio.
María
Luz, la mejor amiga de Margarita, se despierta con un sentimiento raro de
angustia y llama a Charly, su perro, su alegría, pero él no viene. Repite su
nombre dos veces más recordando que hace dos semanas murió. Se sienta en la
cama cargando su tristeza y recuerda el sueño que la despertó; estaba en una
sala blanca, un lugar que podría ser la antesala del purgatorio, ella está
sentada y lo ve pasar a León como una sombra que se despedía mientras ella
recibía un cachorro hermoso de las manos de Anahí, que parecía ir elevándose, entonces
recuerda ese sentimiento que la turbó en el sueño: si sus lágrimas caían por
dejar ir a León o por recibir a ese cachorro que llenaría su vida.
Aún
conserva la rutina que tenía con Charly; siente que se levanta con el sonido de
su ladrido pidiendo salir, sale a dar una vuelta hasta la plaza, a veces lleva
la correa; aún no se deshizo de las cosas de Charly, vacías y limpias, el
último almohadón deshecho, la correa mordida . El día está lluvioso y húmedo,
un día para quedarse en casa. Mientras prepara el desayuno, escucha un mensaje de
Margarita en el celular.
[Estamos
en la clínica La Luz de la Nueva Esperanza, León se descompuso. No sé qué
hacer.😢]
[Nooo.
Ya salgo. Si necesitas algo avisame que lo compro 🥺❤️] -No pensó nada más, se cambió, pidió un auto en la
aplicación y salió hacia la clínica.
No. Justo
ahora, primero Charly y ahora él, me voy a quedar sola, ¿cómo voy a seguir? No,
no me voy a afligir sin saber qué pasa. Margarita siempre exagera, seguro es un
malestar estomacal, le cocina cualquier cosa.
Margarita
y León ya están en la Guardia; luego de terminar su ingreso es derivado a
Terapia Intensiva. Margarita y María Luz esperan la hora de visita en el hall
de Terapia, un lugar que Margarita describe como la antesala al purgatorio.
En
terapia se escucha el movimiento de personas, León apenas consciente percibe el
movimiento de mucha gente a su alrededor, aunque no comprende que sucede ni que
hace ahí. Mira un instante a la cama de al lado y ve durmiendo una niña. Escucha
el llanto de dos personas que se alejan.
La
puerta de terapia se abre y sale un matrimonio abrazado y desconsolado. María
Luz los reconoce, son sus vecinos, los papás de Anahí, una niña de ocho años
que se encontraba enferma. Ellos solo pasan, no notan su presencia y ella
decide no interrumpir ese momento de duelo. Tampoco le comenta nada a
Margarita, podría imaginar el mismo destino para León.
Ocupan
dos de las cinco sillas disponibles; sus cuerpos próximos buscan calmar la angustia
y sus miedos.
-Me
asusté tanto, lo vi muriéndose a mi lado.
-No
pasó, lo mejor es que estés tranquila. Toma unos pañuelos y secate esas
lágrimas. -Le da unos pañuelos de papel que saca de dentro de su bolso luego de
revolver un rato y apoyar cosas en la silla contigua como mesa provisoria-. Hace
caso, que ahora está bien cuidado.
-Yo
también lo cuido bien. ¿Ese es el bolso que te trajo León de su último viaje? -Le
habla con un sentimiento de ambigüedad, aun sigue derramando lágrimas.
Por
qué se lo habrá traído. Parece que le gustó el regalo. Siempre me dijo que no le
gustaban los bolsos de color azul y
ahora parece que le gustan. Seguro se lo pidió y no me dijo nada. Qué raro. Tengo
tanto miedo de perderlo.
-Sí,
demasiado bien … Sí, lo amo ... el color está de moda. -Le responde distraída mientras
acomoda las cosas dentro del bolso tratando de ocultar que se está derrumbando.
-¿Qué
querés decir? … -Repasa rápidamente en su mente qué había descuidado …- Mirá, estoy
temblando. -Le muestra la mano mientras se limpia el rostro con los pañuelos y
sigue pensando que pudo haber hecho mal.- Me preocupé por él siempre, pero no
me hace caso. -María Luz le toma la mano.
-No
pienses así amiga, no es tu culpa. Todos sabemos cómo es.
-¿Cómo
es? -Le suelta la mano- ¿Qué no sé yo? Al final siempre la esposa es la última
en enterarse -Le clava la mirada esperando la peor respuesta.
-Estás
tan preocupada por su salud, sabes que nunca le gustó cuidarse en las comidas,
aunque vos siempre le insistías que esa comida lo mataría … ay no, no quise
decir eso. -Claro que sí lo quise decir.- Va a estar muy bien, hiciste lo
imposible y ahora con este susto seguro te hará caso, vas a ver. -Resopla para
sí, se siente intranquila, se culpa por hablar de más.
-Sí,
tenés razón, lo veo todo mal. Es que estoy tan asustada, si le pasa algo ¿Qué
hago? -Vuelve a tomarle la mano.
Margarita
había sentido por primera vez la soledad, nunca imaginó la ausencia de León. Mira
su reloj y ya es la hora de visita, le darían el primer parte médico. Sabía que
si hubiera pasado algo grave ya la hubieran llamado.
León
debería pasar las próximas tres semanas internado. El médico trató de
tranquilizarlo, pero solo le dijo “está estable, no se preocupe, se va a
recuperar”, palabras que lo llenaron de miedo, de qué se tenía que recuperar, y
qué significaba eso de estar estable. Apenas recuerda por qué está allí, un
sueño extraño en el que Margarita corre gritando y luego dentro de una pieza
con Margarita y una persona extraña, parecía una ambulancia.
-No
te preocupes tanto. No duele tanto.
León
gira su cabeza y mira a la niña que está en la cama de al lado, la misma que
había visto dormir, pero no recuerda cuándo.
-Al
principio lloré mucho, después me sentí mal por mamá y papá, verlos llorando
tanto, quería abrazarlos, en especial a mamá y ya no podía, aunque lo intenté.
Es
una niña … pero sus ojos me recuerdan a alguien, siento como si quisieran
atraparme; esa sensación oculta por tanto tiempo. La veo y me veo a mí mismo,
como si fuera un espejo; esos ojos tan llenos de vida y su cuerpo tan
abandonado por la vida.
-¿Te
puedo ayudar en algo?
Apenas
termina la pregunta cae dormido. Las drogas solo le dejan tener algunos ratos de
lucidez. Al despertarse nuevamente ya está a su lado Margarita tomando su mano
y con una sonrisa que solo tiene lágrimas.
-¡Margarita!,
¿Qué hago aquí? ¿Qué pasó? -Apenas se sentía su voz.
-El
Doctor dijo que vas a estar bien, que solo fue un susto. -No prestó atención a
sus preguntas, las oyó pero las eludió o las olvidó. Solo respondió lo que
había ensayado decirle.
-¡La
niña! -Estira su brazo señalando la cama de al lado- quiere ver a sus papás. La vi tan mal. -Aprieta
la mano de Margarita.
Margarita
mira las camas de alrededor y no hay ninguna niña. Le dice que la cama que
señala está vacía. La enfermera llega para los controles de rutina y León le
pregunta por la niña, porque la escuchó preocupada por sus padres.
-No
puede ser que haya visto a Anahí, una dulce, todos lloramos tanto. Falleció
justo cuando usted llegó. Fue una locura, corrimos por ella y por usted. -Habla
mientras hace sus cosas y se va.
-No
puede ser, yo la vi, estaba ahí. Sé que la conozco, sé que algo nos une. Estoy
confundido. -León se siente confundido y no encuentra las palabras suficientes.
Margarita
temblaba en lo más íntimo de su alma, los latidos de su corazón le dicen cosas
que teme imaginar. Su mente teje y desteje: “Primero el bolso azul, ahora una
niña que reconoce y yo … ¿Quién soy aquí? La muerte tiene muchas caras.”
-Maria
Luz está afuera, te manda un saludo, parece que el bolso azul que le trajiste
le gusta mucho, lo usa todo el tiempo.
-¿Qué?
… ¿Quién?
-Maria
Luz.
-Ah,
gra…. -Se vuelve a dormir.
Margarita
le suelta la mano y vuelve al hall. Aún está María Luz.
-¿Cómo
está León? -Con la voz quebrada, no pudiendo dejar escapar ese llanto contenido
para ocultar lo que no puede ser revelado.
Margarita
en ese instante lo supo, estaba escrito en los ojos de María Luz, entonces su
corazón se quebró, había fallado en todo. León al borde de la muerte y su amor
al borde del final, ¿a quién había cuidado?
Dentro
de terapia se enciende una alarma. Todos corren hacia la cama de León.
-¿Otra
vez por aquí?
-Alguien
me trae aquí.
-No es
posible, solo puede ser mi decisión. ¿Sabes quién soy?
-¿Cómo
saberlo si no puedo ver tu rostro?
-Entonces
debes volver, cuando me reconozcas entrarás. Vuelve.
León
despertó de su sueño y los enfermeros y médicos se mueven a su lado. La
enfermera que acomoda la intravenosa lo mira sonriendo.
-Nos
diste otro susto, pero estás aquí de nuevo.
-¿Dónde
está él? Tengo que volver. -Trató de incorporarse, en seguida le dan un
sedante.
León
no encontraba una respuesta para todo lo que le estaba sucediendo. Nada es
normal, nada tiene sentido.
¿Dónde
estoy? Todo está oscuro. Esa luz, ¿la Luna? Sí, es la luna. Allí están las tres,
por fin las encuentro. Solo hablan entre ellas y no paran de caminar por esta
calle, ahora un sendero en la montaña. “No se vayan, esperen”, ¿A dónde irán?
Maldita sea, por qué no puedo caminar. No las veo más, seguro por esa escalera,
¿Qué edificio es ese? Parece un templo en la montaña. Están en las escaleras de
la entrada. Las llamo “Hola, ¿Qué hacen acá?” No me oyen. Otra vez
desaparecieron.
Margarita,
María Luz y Anahí están paradas juntas viendo a León correr tras ellas.
“Lo
ven ahí, corriendo tras nosotras, trata de alcanzarnos a las tres juntas y no
sabe que nunca podrá”, habla Anahí.
“Es
mi tiempo de ser quien él elija, lo saben las dos e igualmente vienen por él”. Les
reclama Margarita.
“Que
sea tu tiempo, no quita que cuestionemos tu derecho. Pronto deberás entregármelo,
pero puedo concederte el tiempo que aún te queda”, le dice María Luz a
Margarita.
“Sabes
muy bien que vivimos según el péndulo y existimos sin dejar de ser lo que somos”, dice Anahí, y levanta la vista buscando a
León. “Ya está cerca y no puede encontrarnos aquí hasta que vea su rostro y lo
reconozca”.
“Entonces,
Anahí, ¿aceptas mi legítimo derecho?“, le dice Margarita
“No
porque sea legítimo, sino porque yo quiero”, le responde Anahí.
Las
tres se dejan ver por última vez y desaparecen nuevamente. León sube los
últimos escalones.
“¿Qué
haces acá? ¿No me vas a dejar a entrar? Si no puedo ver tu rostro al menos
decime tu nombre.”
Él
desaparece y la puerta del templo se abre.
Se
fueron, qué lugar extraño, parece la antesala al purgatorio, una mujer sentada
junto a una niña acariciando un perro, cinco sillas y un péndulo que se
balancea entre tres puertas ¿Cuál debo usar?, el péndulo se inclina hacia la
puerta blanca y se abre; cruza la puerta y esta se cierra. “Estoy en casa, ¿quién
está ahí?”
“¿Sos
vos Anahí?, te pareces mucho a una niña que conocí, no recuerdo cuándo, aunque
ya no eres aquella niña, debieron pasar muchos años, siempre estás lejos.”
“No
soy Anahí”
“¿Sos
vos María Luz?, siempre estás cerca y siempre deseas tomar mi mano y yo siento
que debo alejarme.”
“No soy
María Luz”
“¿Sos
vos Margarita?, siempre estás conmigo y puedo tomar tu mano …”
León
abre los ojos y ve a Margarita; está sentada a su lado, huele su perfume y
siente su mano acariciando la suya; la mira a los ojos y le sonríe, ella le
devuelve la sonrisa.
-Estoy
mejor. Tuve un sueño … -Se detiene disfrutando la mirada de ella- …Regresé.
-María
Luz me pidió que te diera sus saludos. Se disculpa pero los papás de esa niña
que falleció cuando llegamos, Anahí, son vecinos de ella y le ofrecieron el
cachorro que le habían regalado a su hija, tiene 8 semanas. Se llama Uriel.
-¿Cuándo
vamos a casa?
#Paulus - Pablo A. Bevilacqua
Junio 2026
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