jueves, 11 de junio de 2026

El péndulo de las tres almas

 


-¿Otra vez por aquí?

-No, es mi primera vez. No sé a qué te refieres.

-¿No me reconoces?

-No. Quizás si la luz te iluminara mejor podría reconocerte.

-¿No me puedes ver?

-No, es como si tu rostro estuviera oculto en la oscuridad.

León despertó sintiendo un intenso dolor en todo su cuerpo, trató de incorporarse pero no pudo; lo volvió a intentar con el mismo resultado; en su tercer intento logró elevar su cuerpo, pero un intenso dolor en el pecho lo obligó a dejarse caer sobre la cama. Margarita se vuelve hacia él; sale de su sueño sin ocultar su enojo, le pregunta qué le ocurre, y al ver su rostro pálido y sus labios violeta reaccionó inmediatamente.

La ambulancia es el peor de los lugares, todo se vuelve nulo, todo se vuelve un vacío. Tan solo hacia una semana que León había llegado de viaje, solo una semana que lo volvió a tener para ella y ahora está saliendo nuevamente a otro viaje. Con el andar todo se sacude, Margarita se sujeta de lo que puede para no golpearse, mientras repasa mentalmente si olvidó algo.

Margarita al bajar sintió que debía acomodar todos sus huesos. León, al menos, respira. Al ingresar a la Clínica La Luz de la Nueva Esperanza escucha a la paramédica dando el informe de diagnóstico “El paciente sufrió una posible descompensación cardíaca mientras dormía”. No había sido la cena, sintió alivio.

María Luz, la mejor amiga de Margarita, se despierta con un sentimiento raro de angustia y llama a Charly, su perro, su alegría, pero él no viene. Repite su nombre dos veces más recordando que hace dos semanas murió. Se sienta en la cama cargando su tristeza y recuerda el sueño que la despertó; estaba en una sala blanca, un lugar que podría ser la antesala del purgatorio, ella está sentada y lo ve pasar a León como una sombra que se despedía mientras ella recibía un cachorro hermoso de las manos de Anahí, que parecía ir elevándose, entonces recuerda ese sentimiento que la turbó en el sueño: si sus lágrimas caían por dejar ir a León o por recibir a ese cachorro que llenaría su vida.

Aún conserva la rutina que tenía con Charly; siente que se levanta con el sonido de su ladrido pidiendo salir, sale a dar una vuelta hasta la plaza, a veces lleva la correa; aún no se deshizo de las cosas de Charly, vacías y limpias, el último almohadón deshecho, la correa mordida . El día está lluvioso y húmedo, un día para quedarse en casa. Mientras prepara el desayuno, escucha un mensaje de Margarita en el celular.

[Estamos en la clínica La Luz de la Nueva Esperanza, León se descompuso. No sé qué hacer.😢]

[Nooo. Ya salgo. Si necesitas algo avisame que lo compro 🥺❤] -No pensó nada más, se cambió, pidió un auto en la aplicación y salió hacia la clínica.

No. Justo ahora, primero Charly y ahora él, me voy a quedar sola, ¿cómo voy a seguir? No, no me voy a afligir sin saber qué pasa. Margarita siempre exagera, seguro es un malestar estomacal, le cocina cualquier cosa.

Margarita y León ya están en la Guardia; luego de terminar su ingreso es derivado a Terapia Intensiva. Margarita y María Luz esperan la hora de visita en el hall de Terapia, un lugar que Margarita describe como la antesala al purgatorio.

En terapia se escucha el movimiento de personas, León apenas consciente percibe el movimiento de mucha gente a su alrededor, aunque no comprende que sucede ni que hace ahí. Mira un instante a la cama de al lado y ve durmiendo una niña. Escucha el llanto de dos personas que se alejan.

La puerta de terapia se abre y sale un matrimonio abrazado y desconsolado. María Luz los reconoce, son sus vecinos, los papás de Anahí, una niña de ocho años que se encontraba enferma. Ellos solo pasan, no notan su presencia y ella decide no interrumpir ese momento de duelo. Tampoco le comenta nada a Margarita, podría imaginar el mismo destino para León.

Ocupan dos de las cinco sillas disponibles; sus cuerpos próximos buscan calmar la angustia y sus miedos.

-Me asusté tanto, lo vi muriéndose a mi lado.

-No pasó, lo mejor es que estés tranquila. Toma unos pañuelos y secate esas lágrimas. -Le da unos pañuelos de papel que saca de dentro de su bolso luego de revolver un rato y apoyar cosas en la silla contigua como mesa provisoria-. Hace caso, que ahora está bien cuidado.

-Yo también lo cuido bien. ¿Ese es el bolso que te trajo León de su último viaje? -Le habla con un sentimiento de ambigüedad, aun sigue derramando lágrimas.

Por qué se lo habrá traído. Parece que le gustó el regalo. Siempre me dijo que no le gustaban  los bolsos de color azul y ahora parece que le gustan. Seguro se lo pidió y no me dijo nada. Qué raro. Tengo tanto miedo de perderlo.

-Sí, demasiado bien … Sí, lo amo ... el color está de moda. -Le responde distraída mientras acomoda las cosas dentro del bolso tratando de ocultar que se está derrumbando.

-¿Qué querés decir? … -Repasa rápidamente en su mente qué había descuidado …- Mirá, estoy temblando. -Le muestra la mano mientras se limpia el rostro con los pañuelos y sigue pensando que pudo haber hecho mal.- Me preocupé por él siempre, pero no me hace caso. -María Luz le toma la mano.

-No pienses así amiga, no es tu culpa. Todos sabemos cómo es.

-¿Cómo es? -Le suelta la mano- ¿Qué no sé yo? Al final siempre la esposa es la última en enterarse -Le clava la mirada esperando la peor respuesta.

-Estás tan preocupada por su salud, sabes que nunca le gustó cuidarse en las comidas, aunque vos siempre le insistías que esa comida lo mataría … ay no, no quise decir eso. -Claro que sí lo quise decir.- Va a estar muy bien, hiciste lo imposible y ahora con este susto seguro te hará caso, vas a ver. -Resopla para sí, se siente intranquila, se culpa por hablar de más.

-Sí, tenés razón, lo veo todo mal. Es que estoy tan asustada, si le pasa algo ¿Qué hago? -Vuelve a tomarle la mano.

Margarita había sentido por primera vez la soledad, nunca imaginó la ausencia de León. Mira su reloj y ya es la hora de visita, le darían el primer parte médico. Sabía que si hubiera pasado algo grave ya la hubieran llamado.

León debería pasar las próximas tres semanas internado. El médico trató de tranquilizarlo, pero solo le dijo “está estable, no se preocupe, se va a recuperar”, palabras que lo llenaron de miedo, de qué se tenía que recuperar, y qué significaba eso de estar estable. Apenas recuerda por qué está allí, un sueño extraño en el que Margarita corre gritando y luego dentro de una pieza con Margarita y una persona extraña, parecía una ambulancia.  

-No te preocupes tanto. No duele tanto.

León gira su cabeza y mira a la niña que está en la cama de al lado, la misma que había visto dormir, pero no recuerda cuándo.

-Al principio lloré mucho, después me sentí mal por mamá y papá, verlos llorando tanto, quería abrazarlos, en especial a mamá y ya no podía, aunque lo intenté.

Es una niña … pero sus ojos me recuerdan a alguien, siento como si quisieran atraparme; esa sensación oculta por tanto tiempo. La veo y me veo a mí mismo, como si fuera un espejo; esos ojos tan llenos de vida y su cuerpo tan abandonado por la vida.

-¿Te puedo ayudar en algo?

Apenas termina la pregunta cae dormido. Las drogas solo le dejan tener algunos ratos de lucidez. Al despertarse nuevamente ya está a su lado Margarita tomando su mano y con una sonrisa que solo tiene lágrimas.

-¡Margarita!, ¿Qué hago aquí? ¿Qué pasó? -Apenas se sentía su voz.

-El Doctor dijo que vas a estar bien, que solo fue un susto. -No prestó atención a sus preguntas, las oyó pero las eludió o las olvidó. Solo respondió lo que había ensayado decirle.

-¡La niña! -Estira su brazo señalando la cama de al lado-  quiere ver a sus papás. La vi tan mal. -Aprieta la mano de Margarita.

Margarita mira las camas de alrededor y no hay ninguna niña. Le dice que la cama que señala está vacía. La enfermera llega para los controles de rutina y León le pregunta por la niña, porque la escuchó preocupada por sus padres.

-No puede ser que haya visto a Anahí, una dulce, todos lloramos tanto. Falleció justo cuando usted llegó. Fue una locura, corrimos por ella y por usted. -Habla mientras hace sus cosas y se va.

-No puede ser, yo la vi, estaba ahí. Sé que la conozco, sé que algo nos une. Estoy confundido. -León se siente confundido y no encuentra las palabras suficientes.

Margarita temblaba en lo más íntimo de su alma, los latidos de su corazón le dicen cosas que teme imaginar. Su mente teje y desteje: “Primero el bolso azul, ahora una niña que reconoce y yo … ¿Quién soy aquí? La muerte tiene muchas caras.”

-Maria Luz está afuera, te manda un saludo, parece que el bolso azul que le trajiste le gusta mucho, lo usa todo el tiempo.

-¿Qué? … ¿Quién?

-Maria Luz.

-Ah, gra…. -Se vuelve a dormir.

Margarita le suelta la mano y vuelve al hall. Aún está María Luz.

-¿Cómo está León? -Con la voz quebrada, no pudiendo dejar escapar ese llanto contenido para ocultar lo que no puede ser revelado.

Margarita en ese instante lo supo, estaba escrito en los ojos de María Luz, entonces su corazón se quebró, había fallado en todo. León al borde de la muerte y su amor al borde del final, ¿a quién había cuidado?

Dentro de terapia se enciende una alarma. Todos corren hacia la cama de León.

-¿Otra vez por aquí?

-Alguien me trae aquí.

-No es posible, solo puede ser mi decisión. ¿Sabes quién soy?

-¿Cómo saberlo si no puedo ver tu rostro?

-Entonces debes volver, cuando me reconozcas entrarás. Vuelve.

León despertó de su sueño y los enfermeros y médicos se mueven a su lado. La enfermera que acomoda la intravenosa lo mira sonriendo.

-Nos diste otro susto, pero estás aquí de nuevo.

-¿Dónde está él? Tengo que volver. -Trató de incorporarse, en seguida le dan un sedante.

León no encontraba una respuesta para todo lo que le estaba sucediendo. Nada es normal, nada tiene sentido.

¿Dónde estoy? Todo está oscuro. Esa luz, ¿la Luna? Sí, es la luna. Allí están las tres, por fin las encuentro. Solo hablan entre ellas y no paran de caminar por esta calle, ahora un sendero en la montaña. “No se vayan, esperen”, ¿A dónde irán? Maldita sea, por qué no puedo caminar. No las veo más, seguro por esa escalera, ¿Qué edificio es ese? Parece un templo en la montaña. Están en las escaleras de la entrada. Las llamo “Hola, ¿Qué hacen acá?” No me oyen. Otra vez desaparecieron.

Margarita, María Luz y Anahí están paradas juntas viendo a León correr tras ellas.

“Lo ven ahí, corriendo tras nosotras, trata de alcanzarnos a las tres juntas y no sabe que nunca podrá”, habla Anahí.

“Es mi tiempo de ser quien él elija, lo saben las dos e igualmente vienen por él”. Les reclama Margarita.

“Que sea tu tiempo, no quita que cuestionemos tu derecho. Pronto deberás entregármelo, pero puedo concederte el tiempo que aún te queda”, le dice María Luz a Margarita.

“Sabes muy bien que vivimos según el péndulo y existimos sin dejar de ser lo que somos”,  dice Anahí, y levanta la vista buscando a León. “Ya está cerca y no puede encontrarnos aquí hasta que vea su rostro y lo reconozca”.

“Entonces, Anahí, ¿aceptas mi legítimo derecho?“, le dice Margarita

“No porque sea legítimo, sino porque yo quiero”, le responde Anahí.

Las tres se dejan ver por última vez y desaparecen nuevamente. León sube los últimos escalones.

“¿Qué haces acá? ¿No me vas a dejar a entrar? Si no puedo ver tu rostro al menos decime tu nombre.”

Él desaparece y la puerta del templo se abre.

Se fueron, qué lugar extraño, parece la antesala al purgatorio, una mujer sentada junto a una niña acariciando un perro, cinco sillas y un péndulo que se balancea entre tres puertas ¿Cuál debo usar?, el péndulo se inclina hacia la puerta blanca y se abre; cruza la puerta y esta se cierra. “Estoy en casa, ¿quién está ahí?”

“¿Sos vos Anahí?, te pareces mucho a una niña que conocí, no recuerdo cuándo, aunque ya no eres aquella niña, debieron pasar muchos años, siempre estás lejos.”

“No soy Anahí”

“¿Sos vos María Luz?, siempre estás cerca y siempre deseas tomar mi mano y yo siento que debo alejarme.”

“No soy María Luz”

“¿Sos vos Margarita?, siempre estás conmigo y puedo tomar tu mano …”

León abre los ojos y ve a Margarita; está sentada a su lado, huele su perfume y siente su mano acariciando la suya; la mira a los ojos y le sonríe, ella le devuelve la sonrisa.

-Estoy mejor. Tuve un sueño … -Se detiene disfrutando la mirada de ella- …Regresé.

-María Luz me pidió que te diera sus saludos. Se disculpa pero los papás de esa niña que falleció cuando llegamos, Anahí, son vecinos de ella y le ofrecieron el cachorro que le habían regalado a su hija, tiene 8 semanas. Se llama Uriel.

-¿Cuándo vamos a casa?

 

#Paulus - Pablo A. Bevilacqua
Junio 2026

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