lunes, 2 de junio de 2025

El olvido de Belgorov

Belgorov se despertó más temprano de lo habitual, aun el cuarto esta oscuro, desde el ventanal entre las rendijas que deja la cortina se vislumbra el inicio del crepúsculo. Pensó que igualmente podía levantarse, pero sentía sus piernas inmóviles y sus brazos adormecidos, trató de llamar a Angy pero no logró emitir sonido alguno. Solo podía mover sus ojos. Siente como se apaga lentamente su respiración. 

—¿Será un sueño? —Se dijo cuando pudo incorporarse.— ¿Qué sucede? 

Se ve recostado e inmóvil sobre su cama. La angustia que lo había gobernado por tanto tiempo se esfumó. Ve a Angy parada en la puerta y extiende su mano para avisarle. 

—¡Angy! algo extraño me está sucediendo. —La llama, pero Angy no lo escucha. Ella vuelve su mirada hacia la cama.

—¡Nora!, ¡Nora!, ¡Nora…! —Angy grita cada vez más fuerte y con mayor angustia.— ¡Corre!, Belgorov no respira. —Volviendo hacia Belgorov.— No te irás, no me puedes dejar sola aquí. No soportaría seguir aquí sin escuchar tu voz, … ver tus ojos … —Solo mira su cuerpo tendido en la cama, esperando a Nora.

El piso tiembla por el paso de un carro repleto de equipos empujado por dos enfermeros. Nora corre detrás de ellos. 

—Angy, sale y espera afuera, esto no va a ser agradable. —Le dice Nora mientras los enfermeros conectan una infinidad de cables al cuerpo y a las paredes. 

Nora mira hacia arriba como buscando algo en el techo y grita. 

—¡No puedes irte aún! —Sigue con la mirada como si pudiera ver algo y dice— No te podrás escapar tan fácilmente.

Belgorov ve toda la escena como un sueño y Nora llega para irrumpir y frustrar su destino evitando que pueda escapar.

—Siento su mirada como quien teje una telaraña para atraparme, ¿Qué sucede?  —Vuelve a preguntarse Belgorov.

De pronto frente a él se abre un agujero muy luminoso como un túnel y debajo de él siente un frío intolerable y ve abrirse un agujero negro y profundo. Desde la luz emerge como una mano que lo toma y lo jala.

—¡Ahora! —Grita Nora, un enfermero enciende los equipos y esperan en silencio. 

La pieza se llena de sonidos de descargas eléctricas y del ulular de los equipos. Un destello intenso como el de una explosión de un relámpago sin su estruendo llena la pieza. Todos caen al suelo.

—Nooooooo … —Se escucha el grito profundo lleno de frustración de Belgorov incorporándose en su cama.— ¿Por qué Nora? … ¿Qué has hecho?

Los enfermeros se incorporan aturdidos y comienzan a desconectar todo con dificultad, cuando terminan se retiran empujando el carro que llena los pasillos de un horrible coro de chirridos. Belgorov sentado aún en la cama siente que ha vuelto a su prisión y vuelve a sentir la angustia por el olvido de su vida.

—No te irás tan fácilmente. —Le dice Nora y sale del cuarto.— Ya puedes entrar —le dice a Angy y sigue a los enfermeros sin mirar hacia atrás.


Angy corre hacia él, toma su mano y se inclina, siente un frío extraño que emana de su cuerpo que la asusta. Ella se aleja hacia el sillón que está próximo al ventanal y le dice,

—sabes que no podemos dejarte ir hasta que recuerdes. —Aun siente temblar su cuerpo y se cuestiona si Belgorov podrá recobrar la memoria.

Angy corre la cortina y la luz de la mañana llena toda la pieza. Desde el ventanal se ve el mar y su oleaje. El edificio está sobre un acantilado. El ventanal es hermético. A veces Belgorov cree que aquello es una pantalla gigante y lo tienen encerrado en un laberinto en el cual todos están atrapados. 

Angy se acerca nuevamente, lo ayuda a recostarse y lo arropa. Él se siente cansado y se queda dormido. Ella lo mira desde el sillón donde se acurrucó para descansar y le susurra,

—te extraño. Extraño los días que podíamos compartir una vida pero aceptamos este viaje, esta misión sin sentido. No sé por qué no me di cuenta de que tu mente se estaba yendo, tal vez hubiera podido evitar todo esto. —Se queda dormida.

Belgorov se despierta unas horas más tarde. Desde la ventana puede ver el oleaje del mar embravecido e imagina que el viento es más intenso. Trató de recordar cómo era el sonido del viento y el de las olas. Su rostro refleja su frustración por no poder recordar cómo se sentía el viento y las olas en su cuerpo, solo recuerda su sonido.

Ve a Angy que aún está en la pieza durmiendo acurrucada en el sillón de una forma en la que parecía buscar vencer la incomodidad. Su respiración a veces era profunda como si un sueño la tuviera sumergida en una aventura o tratara de escapar de alguna pesadilla. Ella es hermosa para él, siempre la vio hermosa, y le es difícil recordar el tiempo que compartió con ella, solo encuentra en su memoria imágenes dispersas y desordenadas de aquellos días aunque siente que existe algo que los une. Se inquieta por ese sentimiento de angustia al no poder encontrar la forma para salir de ese lugar que imagina como un laberinto donde debe vencer a Nora para que las puertas se abran y pueda alejarse definitivamente. 

—Te veo y sé que debo extrañarte, pero no sé cómo sentir eso. Parecería que algo se rompió dentro de mí y me he alejado. —Belgorov murmura para no despertarla, pero con la intención de que tal vez pudiera oírlo entre sueños.

Angy abre sus ojos y él sostiene por un instante su mirada en sus ojos, un sentimiento de libertad lo invadió y su angustia se disipó como si de alguna forma ellos fueran la salida de aquel lugar. Angy también se hundió en su mirada y comenzó a sentir el vívido calor de un abrazo, como aquellos que había compartido en otros tiempos con él. A caso, ¿su prisión se había abierto? ¿Sería que estaría recuperando sus sentimientos hacia Angy? 

La puerta se abre. Angy se incorpora moviendo su cuerpo como evadiendo los dolores de una mala posición. Belgorov se levanta y va hacia la mesa con cierta dificultad para caminar. Angy lo ayuda. Él siente el calor del cuerpo de Angy y el frío de sus manos que lo abrazan para ayudarlo a llegar a la mesa. De a poco todos esos sentimientos de afectos vuelven a disiparse y desde su interior algo lo impulsa a separarse de Angy. Sentados en la mesa el enfermero deja la comida y se retira. Belgorov lo sigue con la mirada hasta que sale del cuarto.

—¿Estás distinto?

—¿Qué te hace pensar eso? Tal vez me esté cansando del encierro en este laberinto de angustias. Mira a tu alrededor. Mira el mar que repite su oleaje y ni siquiera puedo sentir ni su frescura ni su olor, solo verlo. 

¿Ya puedes recordar por qué estamos aquí? y ¿por qué no podemos alejarnos de este lugar? Todos estamos de alguna forma atrapados en tu prisión. En algún lugar de tu memoria está, solo debes encontrar el camino para llegar y recordar.

—Me piden que recuerde algo que ni siquiera sé si fue real. 

—Lo fue, aunque no puedas recordarlo. ¿Por qué no me cuentas que sucedió cuando dejaste de respirar?

—Estás linda, aunque no hayas podido dormir bien. 

—Gracias, pero no evadas mi pregunta. 

—No sé qué decirte, todo está tan borroso como el recuerdo de un mal sueño. 

—Necesito saber si aún me recuerdas. 

—Temo que no entiendas, que trates de unir piezas que no son del mismo rompecabezas y finalmente veas algo erróneo. 

—Confía en mí, tal vez juntos podamos encontrar las piezas correctas.

—Recuerdo un último ahogo y sentí como si pudiera ver toda la pieza mientras yo estaba en la cama. Traté de avisarte, pero no me oías. ¿Por qué miraste hacia la cama?

—Sentí como un viento frío que rozaba mi nuca, me di vuelta y te vi inmóvil.

—Fue como si parte de mí hubiera abandonado mi cuerpo. Bien, sabemos que es imposible. Ha sido solo un mal sueño.

—Paso algo más, ¿no? Te conozco, cuando no quieres hablar de algo niegas todo. 

—¿Te vas a comer esos vegetales?

—No, pero los tendrás solo si me dices.

—¿Por qué insistes? 

—Si fue un sueño no tienes nada que perder. Solo me contarás un sueño.

—No sé si solo fue un sueño. No sé si estoy confundiendo los recuerdos. Ya no confío en lo que mi mente recuerda.

—Yo puedo juzgar eso. No sabes lo difícil que es para mí vivir esta enorme distancia que abriste al quitarme de tus recuerdos.

—Ya no se … no sé si fue … si fue culpa mía. No se … no sé como sentir dolor por esto, no recuerdo porque debo sentir amor por ti, pero sé que debo esforzarme a hacerlo. 

—Cuéntame, tal vez estemos encontrando el camino.

—Es posible. Se abrieron dos portales, el primero con una luz intensa y cálida, el segundo oscuro y helado. Sentí algo o alguien que me arrastraba hacia la luz y de repente caí hacia la oscuridad del segundo portal. 

—Toma los vegetales.

—Hay algo más. Algo vino …

La puerta se abre de repente. Entra Nora y un enfermero a retirar la comida.

—¿Qué quieres Nora? —Le dice Angy molesta por frustrar sus esfuerzos para recuperar a Belgorov 

—Si, ¿qué quieres Nora? - Repite Belgorov siguiéndola con la vista. —¿No te basta con invadir mis sueños?

—Hola Belgorov. Veo que aún estás algo irritable. —Mirando a Angy.— ¿Lo ves mejor?

—Aún sigue sin recordar. —Siente que debe ocultarle la charla reciente con Belgorov y sospecha que Nora es parte del motivo de la pérdida de su memoria.

Nora camina alrededor de la mesa explorando a Belgorov con su mirada penetrante. El enfermero se retira dejando la mesa limpia y llevándose las bandejas. Mientras Belgorov sigue con su mirada al enfermero como si solo estuvieran ellos dos.

—Te estás olvidando de mí. ¿Piensas dejarme aquí otra vez? —le dice al enfermero. —No quiero seguir aquí sin encontrar una salida. Tú puedes sacarme, tú tienes lo que ellas buscan.

Nora mira al enfermero que comienza a ponerse nervioso y busca salir de la habitación con mayor prisa. 

—Espera, ¿De qué te está hablando? —Nora le pregunta al enfermero mientras camina hacia él.

—No sé. Desvaría. No tengo idea de qué habla. Yo no tengo las claves.

—¿Qué claves? —Nora ya casi siente su respiración agitada y comienza a dar vueltas lentas a su alrededor e impidiendo que salga de la habitación.

—Las que no recuerda. Las que ustedes necesitan para regresar. —Responde inquieto sintiendo la presión de Nora.

—Sabía que algo no estaba bien. —Dice Angy dirigiéndose a Nora y mirando a Belgorov.— O nos mienten o ha sucedido algo cuando lo trajimos de vuelta.

—Ciertamente. —Dice Nora sin dejar de escudriñar al enfermero.— Porque no te sientas enfrente de Belgorov y averiguamos qué está pasando aquí.

El enfermero duda en moverse, quería irse de allí, pero sabía que Nora no se lo permitiría, ella siempre lo veía todo y lo atraparía, no tenía más salida que la de obedecer y sentarse.

Angy se para y corre la silla esperando que el enfermero se siente. Nora y Angy guardan silencio por un rato observando a ambos.

—¿Recuerdas mi mirada, Belgorov? Yo podía verte cuando tratabas de encontrar una salida. —Nora le recuerda ese instante que veía los ojos de Nora buscándolo.

—Si. Estabas en mi sueño como una ladrona. Cuando sentí que había podido abandonar el laberinto, cuando vi la puerta, sentí tu mirada vigilante a la espera de ese instante para cerrar las puertas y volver a encerrarme aquí, en mi celda. 

—¿Recuerdas que no estabas solo? No podía verlo, pero vi como una sombra que se acercaba hacia ti.

—Alguien quería ayudarme, extendió su mano desde la luz y me sujetó el brazo. 

—y volvió contigo. —Nora responde con una voz imperceptible.

—Nadie vino con él. Todo es un sueño, un mal sueño. —Responde enojado el enfermero mirando a Angy.

Angy no sabe qué decir, prefiere guardar silencio. Observaba toda esa conversación como un juego de desvaríos inducidos por Nora por algún motivo. Belgorov observa a Angy esperando que no mencione nada de su charla. Los tres ven al enfermero como intromisión, alguien que no debía estar allí, un invasor.

Nora y Angy salen del cuarto dejando a los dos solos. Por el ventanal se ve una tormenta que agita el mar con olas cada vez más violentas.  El enfermero se levanta y camina hacia el ventanal, extiende su mano y la apoya contra el vidrio. Siente un frío intenso como si quemara su piel y la retira, la vuelve a extender y la deja apoyada.

—Si intentas salir por la ventana morirás. No hay forma de sobrevivir en ese ambiente helado de metano y helio líquido. —Belgorov le recuerda con ironía algo que todos saben.

—Es mejor que esperar aquí, en este encierro. Aunque tú tienes la compañía de Angy. —El Enfermero le contesta con la misma ironía.

—Diles las claves y todo terminará. 

—¿Para qué? Si ya no existe el lugar donde pretenden regresar. —Vuelve su vista hacia Belgorov mientras retira su mano del vidrio y la mete en su bolsillo para calentarla.

Belgorov se para y la angustia comienza a dominarlo.

—Tu no entiendes lo insoportable de este lugar. Encerrados en este laberinto del que no podemos hallar un final. Pasillos, puertas, cuartos, salones, escaleras y más pasillos. Al principio estábamos ocupados construyendo las instalaciones, dedicando tiempo a investigar. —Se detiene un segundo y toma su cabeza con sus manos.— Ya no recuerdo qué hacemos aquí, solo aprendo olvidar: a no recordar quiénes somos y de dónde venimos.  —Mira hacia la puerta esperando que Angy regrese.—  Empecé a olvidar a Angy y todos los sentimientos que imagino tenía por ella y los que ella dice tenía por mí. 

—Ya estás aquí, no puedes volver y ni tampoco puedes regresar lo que has perdido. 

—A esta altura ya deben intuir que no podré recordar lo que tanto buscan. Prefieren imaginar que encontrarán algo que les permita aferrarse al pasado para no perder la esperanza que los mantiene vivos. Yo ya no sé por qué debo seguir viviendo. Lo he olvidado.

—Me enviaron para protegerlos, que es necesario negarles la salida para que solo les quede la posibilidad de sobrevivir aquí. Al menos así tendrán una oportunidad.

—No sé si aquí existen oportunidades. Ellos pueden lidiar con la verdad y la elección debe ser de ellos no tuya. Aquí se sienten atrapados, inmersos en un laberinto del que no pueden salir. No creo que puedan soportar mucho más.

Belgorov se enfada consigo mismo. La angustia crece. 

—Cargan con los recuerdos del pasado imaginando un presente que ya no existe. Como si vieran en un espejo el recuerdo de lo que ya no soy. —Se deja vencer, un breve silencio y susurrando sigue,— no sé lo que soy.

Belgorov se acerca al enfermero y ambos miran por la ventana, la tormenta ha menguado y puede verse Saturno sobre el horizonte.

—Angy es verdaderamente hermosa, tienes mucha suerte. 

—No sé si llamarlo suerte. Puede ser la mujer más bella pero ya no puedo reconocer la belleza.

—Aunque sea están vivos. Están aquí contigo.

—¿Estás seguro de ello? Porque esto no es estar vivos. Esta luna no es lo que imaginamos. 

—Sabían que Titán sería un desafío y una oportunidad.

—Pero nunca imaginamos lo que encontraríamos. Debes dejarnos salir de aquí. Llévame hacia la luz. Me quisiste llevar, pero no te dejaron.

—Lo sé. Pero aun así no puedo. 

—Está es una maldita pesadilla. 

—Tu memoria cada día tendrá menos de ti. Te irás olvidando, solo recordarás breves imágenes, te será difícil controlar tus emociones y no sabrás por qué. Quienes hoy necesitan de ti ayer no los dejaste tenerte ni ellos te buscaron, perdieron la oportunidad cuando fuiste Belgorov, entonces hoy sabrían qué hacer y cuál es la información que necesitan para dejar este lugar.  Yo me iré y también me olvidarás.

—Malditos rompecabezas. Se mezclan las piezas de unos y otros. —Belgorov vuelve a la silla, espera solo el regreso de Angy y Nora, aún sabe que volverán.

El reflejo de la luz del sol que llega desde Saturno se va disipando en el ocaso, la luz ultravioleta del sol crea un color especial en la atmósfera, una neblina comienza a ocultar el exterior. La puerta cruje al abrirse, entran Nora y Angy, miran ambas a Belgorov esperando una respuesta, que el extraño hubiera conseguido lo que él ha olvidado.

—¿Dónde está el enfermero? —Nora le pregunta a Belgorov buscándolo en toda la pieza.— Es imposible que haya desaparecido. Belgorov, ¿Dónde está el enfermero? le volvió a preguntar enojada.

—¿Qué enfermero? —Responde Belgorov a Nora. 

—¿Cómo qué enfermero? —Le pregunta Angy a Belgorov.

Un velo de silencio inunda el lugar con miradas que recorren cada rincón como si un cuerpo pudiese volverse invisible. Incrédulas de la desaparición hacen traer los equipos para escanear la pieza. 

Belgorov vuelve a su cama, él piensa que si se vuelve a dormir podrá despertar de ese sueño, afuera la niebla lo cubre todo, mira a Angy antes de cerrar sus ojos, podría ser la última vez que la recordaría.



#Paulus – Pablo A Bevilacqua

Mayo de 2025

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