miércoles, 21 de junio de 2023

Arsenio Whatson. La punta del ovillo

Arsenio Whatson estaba por cruzar la calle cuando desde la vereda de enfrente un haz de luz lo cegó. Los rayos del sol del mediodía se reflejaban en el níquel metálico del revólver Colt Python .357, sujetado por la mano de un tirador, que escondía su rostro con la capucha de su buzo. Paralizado, comenzó a escuchar los más imperceptibles sonidos: el roce del dedo empujando el gatillo, el crujido del mecanismo girando el cilindro y el percutor buscando la posición de disparo. Inevitablemente, llegó el destello de fuego emergiendo desde el cañón del arma y luego el estruendo de la explosión de la pólvora. Arsenio jamás olvidaría este instante de su vida.

Lucio Perez Orzuna, vestido como guarda de tren, estaba parado en el andén esperando el próximo tren hacia Chicago de las 9:51 y al sargento de policía Ulises Smith para entregarle el paquete con el encargo por el cual le había pagado. Aunque ese era su trabajo, tratar con Ulises Smith exaltaba todos los miedos.  

Parte del encargo era un tarro con aceitunas negras y verdes que llevaba en una bolsa y sujetaba afanosamente con sus manos, que a esa altura prefería hacer desaparecer. En esta oportunidad tenía un mal presentimiento. La formación del tren llega puntual y la silueta del sargento Ulises Smith se divisaba a paso firme dirigiéndose hacia él. Lucio Perez Orzuna sube al tren y le arroja la bolsa al sargento. Solo le dice Funcionará, mi hermano Vladimir se encargará. Te veré en el tren a San Luis de las 17:06. En la bolsa están los pasajes. el tren partió.

Unos minutos más tarde, Loira Whatson llega a la estación para esperar el tren proveniente de Chicago de las 10:20 que traería de regreso a Parr Smith, un sujeto malvado, protegido por su perverso padre. Temía no reconocerlo después de tanto tiempo de haberse ido, solo lo esperaba para regresarlo a su destierro. Hay cosas que una vez que parten no deben regresar.

Loira frotaba sus manos a los costados de su pantalón para secarse el sudor frio que le brotaba en ese momento de ansiedad. Llega el tren y antes que los pasajeros comenzaran a descender cubrió su rostro con la capucha de su buzo. Allí estaba él, Parr Smith, bajando del tren junto a un hombre que vestía jeans y camisa vaquera, llamado Vladimir Perez Orzuna, el hermano de Lucio. Los sigue.

El sargento Ulises Smith detiene su automóvil policial frente a la casa de Arsenio Whatson, mira su reloj que indica las 12:19. Detiene su mirada unos instantes hacia la casa de enfrente, la de su exesposa, Martha Smith, como tratando de averiguar qué sucedía dentro. Baja y golpea la puerta de la casa de Arsenio Whatson, deja el paquete con el tarro de aceitunas negras y verdes delante de la puerta, olvidando sacar los pasajes. Sin esperar a que alguien atienda, regresa a su auto y se va.

Arsenio observa desde la ventana manteniéndose oculto. Enseguida ve llegar a un hombre vistiendo jeans y camisa vaquera. Se detiene, mira hacia su casa y sigue buscando para entrar a la casa de Martha Smith. Arsenio se preocupa. Hace tiempo que él y Martha son amantes, necesariamente ocultos al mundo y en especial al sargento Ulises Smith.  

Toma su gorra de los Cubs y sale sin demora hacia la casa de Martha Smith. Ve el paquete en la puerta y lo deja para revisarlo más tarde. En frente ve dos personas y un destello lo ciega.  

En la vereda de la casa de Marta Smith, siendo las 12:30, una bala abandona un revólver de níquel metálico Colt 357 y recorre 7,35 metros hasta impactar bajo la clavícula izquierda de Parr Smith, que lo impulsa hacia atrás provocando el giro de su cuerpo hacia la izquierda, para caer con su rostro hacia abajo quedando inmóvil sobre la vereda de la casa de su madre.

Fue solo en ese brevísimo instante que el tirador pudo dejar escapar una sonrisa de complacencia al ver su deseo cumplirse, porque inmediatamente el retroceso del arma, que sostenía con su brazo extendido, la impulsa en un giro hacia la izquierda tropezando para caer y golpear su cabeza contra un ladrillo inoportuno y casual.

Parr Smith falleció inmediatamente, y la tiradora, Loira Whatson, parecía no respirar.

Todo fue visto por Arsenio Whatson mientras se encontraba cruzando la calle en camino a la casa de Martha Smith, con la intención de cumplir con su contrato de amante. Se paró delante de Loira Whatson, su hija, se quitó su gorra de los Cubs, la apoyó sobre su corazón y de sus ojos brotaron lágrimas. Volvió hacia la casa de su amante y ve frente a la ventana del living a Vladimir Perez Orzuna enterrando un cuchillo en la garganta de Martha Smith, que cae degollada.

Inmediatamente se escucha otra detonación del revólver Colt Python .357 y Vladimir Perez Orzuna cae al suelo perdiendo la vida en ese instante, siendo las 12:39.

 Arsenio Whatson regresó a su casa cargando el cuerpo de Vladimir Perez Orzuna. Lo arroja sobre una silla en la cocina apoyando los brazos y cabeza sobre la mesa, siendo las 13:02. Se sentó a su lado, sirvió un vaso de vino y dejó en un plato algunas aceitunas negras y otras verdes. Desarmó y limpió el revólver de níquel metálico Colt Python .357. Siendo las 13:38 cargó en el revólver las 3 balas que estaban sobre la mesa, lo guardó en su estuche y lo dejó sobre la mesa del living listo para usar. En la cocina había quedado el cuerpo, el vaso con vino, el plato con algunas aceitunas negras y verdes y las 4 hornallas del anafe de gas abiertas. Miró el reloj en la pared que daban las 13:47, se puso su gorro de los Cubs, tomó un bolso y salió de su casa.

La calle estaba llena de gente, paramédicos, periodistas y policías. Eran las 13:59 cuando el sargento de policía Ulises Smith, tiraba la puerta de la casa de Arsenio Whatson. Siendo las 14:01 se escuchan tres disparos y luego una explosión que desbastó la casa. Ulises Smith falleció.

Un hombre cargando un bolso y vestido con gorra de los Cubs, jeans y camisa vaquera caminaba entre la muchedumbre, dirigiéndose hacia la estación del tren. Detrás de él, a unos 100 metros, la onda expansiva sacudía todo y los escombros llovían sobre la calle, mientras seguía caminando sin afectar su paso.

El guarda del tren a San Luis, Lucio Perez Orzuna, notifica a los servicios de emergencia y la policía que siendo las 18:48 encuentra a un hombre vestido con jeans y camisa vaquera caído de su asiento, aparentemente fallecido. Un niño corre por el vagón con una gorra de guarda que encontró en el baño. Lucio Perez Orzuna baja del tren en la estación central de San Luis llevando puesta su gorra de los Cubs y cargando un bolso.  

—Arsenio, —Una voz imprevista lo llama. Cuando el sol se retira de sus ojos, ve a dos hombres—

Los tres se dirigen al MetroLink hacia el aeropuerto Lambert. 


Pablo A Bevilacqua

Junio 2023

nobloyan@gmail.com

jueves, 15 de junio de 2023

Antes de las cenizas

 El seguro de tu departamento



Suena el celu, Maru recibe una notificación, es Meli que deja un mensaje en el grupo. —Amigas, ¡no saben, todo mal!. Llegué a mi departamento y el de abajo se incendió. No me dejan entrar, ¿Alguna puede bancarme esta noche?

Los incendios afectan a quien los sufre y a sus vecinos, es por ello, la importancia de no hacer cosas que los causen.

Evita el abuso eléctrico, a veces sueles conectar en un enchufe varios aparatos que sobrepasan su capacidad, convirtiéndolo en una fuente de calor que puede terminar produciendo una llama. Muchos enchufes se encuentran detrás o próximos a sillones o colchones, que son muy inflamables.

Se cuidadoso con los arranques esotéricos o románticos llenando de velas encendidas un ambiente, muchas veces puestas sobre telas y sin sujetar.

Estar atentas cuando ponemos productos que son inflamables a calentar sobre una hornalla de gas (como la cera de depilar).

Realiza la carga de baterías en espacios alejados de objetos inflamables. Nunca sobre la cama o un sillón, y en el caso de los equipos de movilidad jamás en ambientes interiores.

Es conveniente que tengas un matafuego, pero es mucho más importante que
aprendas a usarlo. No es tan sencillo y la falta de preparación te puede convertir en una víctima del incendio. Lamentablemente en la escuela secundaria no instruyen sobre qué hacer y cómo usar los equipos de extinción.

Debes saber que el humo producido por instalaciones eléctricas y colchones es muy tóxico y letal. La mayoría de las personas que fallecen en un incendio es por asfixia.

Los daños producidos pueden ser reparados con las indemnizaciones que se obtienen de los seguros. Es conveniente contratar un seguro de Incendio y de Responsabilidad Civil que te permita reconstruir y reponer lo dañado y responder ante los daños que sufran terceros, como tus vecinos. Lo importante en este caso es que las Sumas Aseguradas que contrates atiendan a reducir la pérdida en la mayor proporción posible.

Cuando te ofrezcan una cobertura de Incendio exige que la modalidad de la póliza sea a 1er Riesgo Absoluto, así tendrás la mejor cobertura, y que la Responsabilidad Civil incluya los daños a los inmuebles y bienes de tus vecinos.

¡Prevenir siempre es lo más económico¡. El seguro déjalo para los imponderables.


Pablo A. Bevilacqua 

nobloyan@gmail.com

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Junio 2023

sábado, 10 de junio de 2023

Not everything is bad, open your doors!

 

I remember how Ricardo, my neighbor, the one with the two-story pink house and a messy garden, closed the door of his house some time ago, lowered the blinds, and we never saw him again. We feared the worst, but then deliverymen started arriving, supplying him with everything he considered necessary.

At home, we wondered what could have happened to him. But how could we know? We could only speculate. In the farm, the bakery, and the store, everyone had their own version of Ricardo's seclusion.

The funniest one was Dora's version. "Don't repeat it, but my husband told me that a coworker said Ricardo is a spy and he's hiding."

I couldn't take it anymore. Something had happened to Ricardo. I crossed over and rang the doorbell. I saw someone pull back the curtain of the window—it was Ricardo.

"Are you okay? We haven't seen you in a long time," I said.

"Hello, Amelia. I've been working nights. I got fired from the company I worked at for 20 years, and I only managed to find a job as a security guard. Can I help you with something?"

I returned home, angry with myself for not caring about Ricardo for so long. He's also a brother in Christ, just like me, and I never went to visit him. This Sunday, I'll ask the Pastor to pay him a visit.

We don't live far from the church; we usually walk there unless it's raining. It wasn't raining this Sunday; on the contrary, the sun filled everything, making the cold of this harsh winter more bearable. As usual, Elsy and Aiden, my children, were being a bit rebellious about going to see the Lord, although they always end up meeting their friends at the temple. This generation is forgetting how to communicate with Jesus.

As we walked to the temple, I was telling Albert, my husband, how rebellious these young people are. He started laughing and said to me, "Looks like you're getting old, your memory is failing. I remember very well how hard it was to find you at the temple, and your mother offering the most absurd excuses to the Pastor. That's why I fell in love with you." He continued laughing and looked at the children, who were also laughing.

I raised my head, quickened my pace as if I were offended, but deep down, I remembered how wonderfully rebellious I was in my adolescence.

We turned the corner, and Ricardo was standing at the door of the temple, talking to the Pastor. We approached to greet them.

"Thank you, Amelia," Ricardo said as soon as he saw us. "When I saw you the other day, I remembered that I couldn't go on without my friends. I talked to the Pastor and understood that this is what I'm meant to experience now. In this job, I will face many challenges that I used to ignore."

"Dear friends," the Pastor began his sermon, "Jesus never leaves us alone; it is usually us who distance ourselves. Sometimes we distance ourselves because we're angry with ourselves. We close our doors and engage in a monologue that only speaks of the bad things. There are changes that hurt, like losing friends. Let's remember Gigi and Kobe, and how someone helped us open the door we closed. That is the light at the end of the road—it's opening the door without knowing what's on the other side. That's why it's important to do it with friends; they will help us cross safely into the new. And the new will bring new things to learn and new experiences. Do you think Jesus would have allowed himself to be crucified if there wasn't something wonderful afterward? That cross, where he was placed, is the door that brought him to live with all of us. Jesus is always there, where we need him. That's why... Amen." We responded, "Amen, glory to God!" and we sang.

Changes are presented to all of us, every day, every night. Some make us jump for joy, and others cause us great pain. That's life, the universe offers it to us as humans. Changes also occur in societies; they are like movements of the Earth's crust that, when readjusting, produce waves that translate into earthquakes on the surface.

Let's remember the fall of the Roman Empire, a prolonged event in time. Those days were filled with anguish and insecurity; everything was trembling, nothing seemed stable. It was very difficult for those societies to solve the problems they faced. Eventually, a new door opened to a new civilization, ours.

Not everything is bad, even though it may seem that way. Changes propose we that we learn to live in new environments, where the principles we have sown and harvested can help us not only seize each change as an opportunity for resilience but also illuminate that new context. That's what we call an opportunity.

Not everything is bad, don't be afraid. Open your doors!


Pablo A. Bevilacqua

nobloyan@gmail.com
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No todo es malo, ¡abre tus puertas!

Recuerdo como Ricardo, mi vecino, el de la casa rosa de dos plantas y un jardín desarreglado, hace un tiempo cerró la puerta de su casa, bajó las persianas y no lo volvimos a ver. Pensamos lo peor, pero comenzaron a llegar repartidores surtiéndolo de todo lo que él consideraba necesario.

En casa nos preguntábamos por lo que le habría pasado. Pero, cómo saber, solo podíamos conjeturar. En la granja, la panadería y el almacén cada uno tenía una versión del encierro de Ricardo.

El que me pareció más jocoso fue el de Dora, No lo repitan, pero me contó mi esposo que un conocido del trabajo le dijo que Ricardo es un espía y se esta escondiendo.

No pude más, algo le había pasado a Ricardo. Crucé y toqué el timbre. Vi que alguien corría la cortina de la ventana, era Ricardo.

¿Estas bien?, hace tiempo que no te vemos.

Hola Amelia, es que estoy trabajando de noche. Me despidieron de la empresa en la que trabajé 20 años y solo conseguí un trabajo de sereno. ¿Te puedo ayudar en algo?

Volví a casa enojada conmigo misma porque había dejado pasar mucho tiempo sin interesarme por Ricardo. Él también es hermano de Jesús como yo y no fui a visitarlo. El domingo le pediré al Pastor que lo visite.

No vivimos lejos de la Iglesia, solemos ir caminando salvo que llueva. Este domingo no llovía; al contrario, el sol lo colmaba todo, hacía más soportable el frio de este duro invierno. Como es habitual Elsy y Aiden, mis hijos, se han puesto algo rebeldes para visitar al Señor, aunque luego en el templo se encuentran con sus amigos. Esta generación se está olvidando de hablar con Jesús.

Caminando al templo le decía a Albert, mi marido, justamente lo rebelde que están estos jóvenes. Él comenzó a reír y me dice,

—Parece que te estás haciendo vieja, la memoria te está fallando. Recuerdo muy bien lo difícil que era encontrarte en el templo y a tu madre ofreciendo las más insólitas excusas al Pastor. Por eso me enamoré de ti. —continuó riéndose y miraba a los niños que también reían. 

Alcé mi cabeza, aceleré el paso como si me hubiera ofendido, pero en lo más íntimo recordaba lo maravillosamente rebelde que fui en mi adolescencia.

Doblamos la esquina y en la puerta del templo estaba Ricardo hablando con el Pastor. Nos acercamos para saludar.

—Gracias Amelia, —dijo Ricardo apenas nos vio­— al verte el otro día recordé que no podía seguir sin mis amigos. Hablé con el Pastor y entendí que esto es lo que hoy me toca vivir. Que en este trabajo encontraré muchos desafíos que antes los dejaba pasar.

—Queridos amigos, —comenzó el Pastor su sermón— Jesús nunca nos deja solos, somos nosotros los que solemos alejarnos. En algunas oportunidades nos alejamos por estar enojados con nosotros mismos, cerramos nuestras puertas y nos encerramos en un monólogo que solo habla de lo malo. Hay cambios que duelen, como cuando perdemos amigos, recordemos a Gigi y Kobe, y luego alguien nos ayuda a abrir la puerta que cerramos. Esa es la luz al final del camino, es abrir la puerta sin saber que habrá del otro lado, por ello es importante hacerlo con amigos, ellos nos ayudarán a cruzar seguros a lo nuevo. Y lo nuevo traerá cosas nuevas que aprender y cosas nuevas para vivir. A caso, ¿piensan que Jesús habría dejado subirse a la cruz si no hubiera algo maravilloso después?. Esa cruz, donde fue puesto, es la puerta que lo trajo para vivir junto con todos nosotros. Jesús siempre está allí, donde lo necesitamos, por eso... Amen. —respondimos Amén, ¡gloria a Dios! y cantamos—.

A todos se nos presentan cambios, cada día, cada noche. Algunos nos hacen saltar de algarabía y otros nos causan mucho dolor. Es así, es la vida que como humanos este universo nos ofrece. Los cambios también se presentan en las sociedades; son como movimientos de la corteza terrestre, que en su reacomodarse produce una onda que sobre la superficie se traduce en un terremoto.

Recordemos la caía del Imperio Romano, un suceso prolongado en el tiempo. Esos días fueron motivo de angustia e inseguridad; todo temblaba, nada parecía estable. Les fue muy difícil resolver los problemas a los que se enfrentaron aquellas sociedades. Finalmente, se abrió una nueva puerta hacia una nueva civilización, la nuestra.

No todo es malo, aunque lo parezca. Los cambios nos proponen aprender a vivir en nuevos entornos, donde los principios que supimos sembrar y cosechar pueden ayudarnos, no solo a aprovechar cada cambio como una oportunidad de resiliencia sino también a iluminar ese nuevo contexto. En eso estriba lo que llamamos oportunidad.

No todo es malo, no temas, ¡abre tus puertas!


Pablo A. Bevilacqua

nobloyan@gmail.com
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viernes, 9 de junio de 2023

El caballo de troya - I


O juremos con gloria morir. Oíd ¡mortales! el grito sagrado: ¡Libertad, libertad, libertad!,  cantaba la muchedumbre enfervorizada a la espera del sonido del silbato que daría por iniciada la contienda—.

“¡Libertad, libertad, libertad!” tres silabas unidas para definir la mayor búsqueda de los seres humanos. Pero ¿estamos dispuestos a pagar el precio de alcanzarla y sostenerla?

Ayer por la noche me llamó Carlos Garaventa preocupado por la complejidad y desmesura de las desordenadas estrategias de cada contendiente hacia la próxima elección a Presidente de la Nación. Le preocupaba que se hubiera dejado sobre la arena aquel artilugio de Ulises: el Caballo de Troya.

Poder responderle a Carlos me impuso leer la Eneida y volver a revivir el enorme desafío y placer de los poemas de Homero y Virgilio. Lo humano y sus relaciones. Ellos inmortalizaron aquel artilugio, un regalo y a la vez una trampa para alcanzar la victoria, con un perverso costo: el exterminio de uno de los contendientes. Es el relato del final de una larga guerra en la voz de Eneas, a pedido de la reina Dido, que nos lleva a sumergirnos en la construcción de una estratagema llena de ardides y aprovechamiento de debilidades.

Estos sucesos ocurren en la región llamada Tróade donde se situaba Troya. Una ciudadela amurallada sobre un monte próxima a la costa. Sus oponentes, los aqueos, llegaron en barcos de la región de Tesalia, atravesando el mar Egeo.

Para entender debemos hacer el esfuerzo de imaginarnos aquella situación. Diez años de batallas, los troyanos resistiendo los embates de los aqueos que instalaron sus campamentos en la playa y en el valle. Una guerra tan prolongada requirió de una organización de recursos, sostenimientos de vías logísticas, fortalecimiento de la moral pública, una vida militarizada y la tolerancia a la angustia.

Dibujemos los alrededores de Troya, valles habitados por pastores y sembradíos. Personas conviviendo y comerciando con ambas partes. Una frontera cultural dilatada.

En ese contexto el supuesto retiro de los aqueos, el desaparecer por completo del paisaje, produjo un cambio sustancial. Pensemos en la euforia que se habría vivido. Ya los hijos no terminarían sus días antes que sus padres, los hijos podrían ver envejecer a sus padres, las mujeres ya dejarían de ser viudas y las niñas ya no perderían sus amores. Nietos y abuelos compartiendo los días sería lo normal.

Los versos cuentan que aquel caballo de madera, que tal vez no fue caballo, fue dejado en la playa, por olvido o como regalo, y encontrado por quienes salieron a buscar a los ausentes, por si se hubieran ocultado. Fueron los pastores los que vieron aquel artilugio como trofeo, al contrario de los estrategas que dudaron de aquel olvido y pretendieron destruirlo.

Ulises conocía que un monumento no bastaría para abrir las murallas, era necesario de un emisario, que fuera encontrado y atrapado, que supiera construir mentiras que lo mostraran escapando de su furia y luego, siendo liberado, venciera las dudas de los troyanos y el Caballo de Madera fuera llevado a Troya. Es aquí donde podemos observar cómo las divisiones internas, producidas por diálogos no construidos en el tiempo, consumen a las alianzas y a las organizaciones.

No podemos ser ajenos que los humanos jugamos en una cancha de intereses, que nuestras ambiciones particulares pesan en los acuerdos y los dificultan. Por ello, el diálogo y fomentar las experiencias comunes, que solo pueden ser construidas con tiempo y con voluntad de hacerlo, son el camino hacia la sustentabilidad de una alianza u organización.

Carlos, cómo responderte no siendo tan evidente la existencia del artilugio. Es por ello por lo que reflexioné que tal vez ese artilugio no es tal y es en realidad una entelequia. Un proceso no tan evidente que ha ido mutando algunos principios y justificando el no cumplimiento de otros. Si estuviéramos dispuestos a ceder en nuestros principios, Esteban Bullrich nos interpelaría: -¿para qué queremos ganar?

Troya encontró su debilidad en sus divisiones internas. Fueron ellas las que abrieron sus murallas, que permitieran que el pueblo no pudiera reconocer el peligro y en lugar de una trampa eligiera ver un trofeo de una gloria que nunca alcanzaron, porque asumieron ganar una guerra sin vencer a su enemigo.

Tal vez Carlos, debamos recordar a Luis Riva que supo hablarnos de política, a quien no debemos olvidar, porque él nos enseñó a defender la República con la determinación de los troyanos y con la astucia de los aqueos. A reconocer a esa entelequia que damos en llamar el Caballo de Troya en quienes buscan destruir las instituciones que la definen, en quienes no aceptan el balance del poder, la alternancia como una necesidad imperiosa al desarrollo humano y el voto como el medio para la transferencia de obligaciones y deberes desde los ciudadanos hacia sus representantes. Sin olvidar que la responsabilidad primaria está en las manos y el espíritu de aquellos que aceptaron el camino de la política para velar incansablemente por la República, a partir de la hermosa diversidad que nos une.

En la cancha los contendientes visten camisetas que los distinguen unos de otros, no para el exterminio de uno de ellos sino para jugar en un contexto de reglas y acuerdos. Desde las tribunas también los hinchas visten sus camisetas, viven sus glorias, sufren sus derrotas compartiendo el juego en el mismo estadio.

“¡Libertad, libertad, libertad!” tres silabas unidas para definir la mayor búsqueda de los seres humanos. Pero ¿estamos dispuestos a pagar el precio de alcanzarla y sostenerla?


Por Pablo A. Bevilacqua

Junio 2023

nobloyan@gmail.com

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