Arsenio Whatson estaba por cruzar la calle cuando desde la vereda de enfrente un haz de luz lo cegó. Los rayos del sol del mediodía se reflejaban en el níquel metálico del revólver Colt Python .357, sujetado por la mano de un tirador, que escondía su rostro con la capucha de su buzo. Paralizado, comenzó a escuchar los más imperceptibles sonidos: el roce del dedo empujando el gatillo, el crujido del mecanismo girando el cilindro y el percutor buscando la posición de disparo. Inevitablemente, llegó el destello de fuego emergiendo desde el cañón del arma y luego el estruendo de la explosión de la pólvora. Arsenio jamás olvidaría este instante de su vida.
Lucio Perez Orzuna, vestido como guarda de tren, estaba parado en el andén esperando el próximo tren hacia Chicago de las 9:51 y al sargento de policía Ulises Smith para entregarle el paquete con el encargo por el cual le había pagado. Aunque ese era su trabajo, tratar con Ulises Smith exaltaba todos los miedos.
Parte del encargo era un tarro con aceitunas negras y verdes que llevaba en una bolsa y sujetaba afanosamente con sus manos, que a esa altura prefería hacer desaparecer. En esta oportunidad tenía un mal presentimiento. La formación del tren llega puntual y la silueta del sargento Ulises Smith se divisaba a paso firme dirigiéndose hacia él. Lucio Perez Orzuna sube al tren y le arroja la bolsa al sargento. Solo le dice —Funcionará, mi hermano Vladimir se encargará. Te veré en el tren a San Luis de las 17:06. En la bolsa están los pasajes. —el tren partió—.
Unos minutos más tarde, Loira Whatson llega a la estación para esperar el tren proveniente de Chicago de las 10:20 que traería de regreso a Parr Smith, un sujeto malvado, protegido por su perverso padre. Temía no reconocerlo después de tanto tiempo de haberse ido, solo lo esperaba para regresarlo a su destierro. Hay cosas que una vez que parten no deben regresar.
Loira frotaba sus manos a los costados de su pantalón para secarse el sudor frio que le brotaba en ese momento de ansiedad. Llega el tren y antes que los pasajeros comenzaran a descender cubrió su rostro con la capucha de su buzo. Allí estaba él, Parr Smith, bajando del tren junto a un hombre que vestía jeans y camisa vaquera, llamado Vladimir Perez Orzuna, el hermano de Lucio. Los sigue.
El sargento Ulises Smith detiene su automóvil policial frente a la casa de Arsenio Whatson, mira su reloj que indica las 12:19. Detiene su mirada unos instantes hacia la casa de enfrente, la de su exesposa, Martha Smith, como tratando de averiguar qué sucedía dentro. Baja y golpea la puerta de la casa de Arsenio Whatson, deja el paquete con el tarro de aceitunas negras y verdes delante de la puerta, olvidando sacar los pasajes. Sin esperar a que alguien atienda, regresa a su auto y se va.
Arsenio observa desde la ventana manteniéndose oculto. Enseguida ve llegar a un hombre vistiendo jeans y camisa vaquera. Se detiene, mira hacia su casa y sigue buscando para entrar a la casa de Martha Smith. Arsenio se preocupa. Hace tiempo que él y Martha son amantes, necesariamente ocultos al mundo y en especial al sargento Ulises Smith.
Toma su gorra de los Cubs y sale sin demora hacia la casa de Martha Smith. Ve el paquete en la puerta y lo deja para revisarlo más tarde. En frente ve dos personas y un destello lo ciega.
En la vereda de la casa de Marta Smith, siendo las 12:30, una bala abandona un revólver de níquel metálico Colt 357 y recorre 7,35 metros hasta impactar bajo la clavícula izquierda de Parr Smith, que lo impulsa hacia atrás provocando el giro de su cuerpo hacia la izquierda, para caer con su rostro hacia abajo quedando inmóvil sobre la vereda de la casa de su madre.
Fue solo en ese brevísimo instante que el tirador pudo dejar escapar una sonrisa de complacencia al ver su deseo cumplirse, porque inmediatamente el retroceso del arma, que sostenía con su brazo extendido, la impulsa en un giro hacia la izquierda tropezando para caer y golpear su cabeza contra un ladrillo inoportuno y casual.
Parr Smith falleció inmediatamente, y la tiradora, Loira Whatson, parecía no respirar.
Todo fue visto por Arsenio Whatson mientras se encontraba cruzando la calle en camino a la casa de Martha Smith, con la intención de cumplir con su contrato de amante. Se paró delante de Loira Whatson, su hija, se quitó su gorra de los Cubs, la apoyó sobre su corazón y de sus ojos brotaron lágrimas. Volvió hacia la casa de su amante y ve frente a la ventana del living a Vladimir Perez Orzuna enterrando un cuchillo en la garganta de Martha Smith, que cae degollada.
Inmediatamente se escucha otra detonación del revólver Colt Python .357 y Vladimir Perez Orzuna cae al suelo perdiendo la vida en ese instante, siendo las 12:39.
Arsenio Whatson regresó a su casa cargando el cuerpo de Vladimir Perez Orzuna. Lo arroja sobre una silla en la cocina apoyando los brazos y cabeza sobre la mesa, siendo las 13:02. Se sentó a su lado, sirvió un vaso de vino y dejó en un plato algunas aceitunas negras y otras verdes. Desarmó y limpió el revólver de níquel metálico Colt Python .357. Siendo las 13:38 cargó en el revólver las 3 balas que estaban sobre la mesa, lo guardó en su estuche y lo dejó sobre la mesa del living listo para usar. En la cocina había quedado el cuerpo, el vaso con vino, el plato con algunas aceitunas negras y verdes y las 4 hornallas del anafe de gas abiertas. Miró el reloj en la pared que daban las 13:47, se puso su gorro de los Cubs, tomó un bolso y salió de su casa.
La calle estaba llena de gente, paramédicos, periodistas y policías. Eran las 13:59 cuando el sargento de policía Ulises Smith, tiraba la puerta de la casa de Arsenio Whatson. Siendo las 14:01 se escuchan tres disparos y luego una explosión que desbastó la casa. Ulises Smith falleció.
Un hombre cargando un bolso y vestido con gorra de los Cubs, jeans y camisa vaquera caminaba entre la muchedumbre, dirigiéndose hacia la estación del tren. Detrás de él, a unos 100 metros, la onda expansiva sacudía todo y los escombros llovían sobre la calle, mientras seguía caminando sin afectar su paso.
El guarda del tren a San Luis, Lucio Perez Orzuna, notifica a los servicios de emergencia y la policía que siendo las 18:48 encuentra a un hombre vestido con jeans y camisa vaquera caído de su asiento, aparentemente fallecido. Un niño corre por el vagón con una gorra de guarda que encontró en el baño. Lucio Perez Orzuna baja del tren en la estación central de San Luis llevando puesta su gorra de los Cubs y cargando un bolso.
—Arsenio, —Una voz imprevista lo llama. Cuando el sol se retira de sus ojos, ve a dos hombres—
Los tres se dirigen al MetroLink hacia el aeropuerto Lambert.Pablo A Bevilacqua
Junio 2023
nobloyan@gmail.com

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