viernes, 29 de agosto de 2025

Mr. Jerney, in bocca al lupo!!

En la calle el aire se está enfriando y la noche está por llegar. El bar está lleno y el ritmo late componiendo historias extraordinarias de las vivencias simples de esas personas comunes. En la barra corre la cerveza, el whisky, la charla,  el Rock que vibra mezclado con los cantos de fanáticos por el partido que se transmite en las pantallas y cada tanto la rivalidad de los presentes se resuelve con una apuesta

Mr. Jerney tiró su moneda de la suerte al aire.  La ve subir dando vueltas con la esperanza que la gravedad la devuelva al suelo del lado … ¿Qué lado había elegido? Olvidar algo tan simple,  solo transcurrieron unos segundos de la elección, justo antes de arrojarla al aire.


La moneda alcanzó su cima. Por un instante rogó que ya no regresara como si fuera posible vencer la gravedad con solo desearlo, pero no, ello no sucedería, la moneda caprichosa y irrespetuosa cedió ante las leyes del universo y comenzó su viaje de regreso, eso que suelen llamar caída libre, aunque Mr. Jerney, ayudado por unos previos vasos de Whisky, en su mente cuestionaba el término “libre: pues que libertad posee si es esclava de las leyes de la física, entonces ¿el azar sería verdaderamente azar o solo azar por el desconocimiento de la fórmula que lo explique?”, filosofía que no puede evitar su caída hacia su destino. 


Mr. Jerney comenzó a ver cada vuelta de la moneda al girar, primero Cara y luego Cruz, tratando de recordar su apuesta. Los nervios lo invaden ¿cómo saber si deberá  festejar o pagar la apuesta? 


Comenzó a imaginar una estrategia para que nadie notara su olvido. La moneda continua su viaje sin paradas intermedias sin detener sus giros. Así comenzó a tramar que hacer, pero ese plan ingenioso al ver Cara, lo descarta al ver Cruz.


Para Mr. Jerney el tiempo se dilata, los segundos parecen minutos.


Imperdonable, una vergüenza insuperable. La moneda ya gira frente a sus ojos. Su corazón parece endurecerse como una roca, su garganta se estrangula. El frío sudor que desciende desde su frente hacia su pecho le recuerda que se aproximaba el final, los últimos instantes de su vida y comienza a revivir su pasado: “Aquel día que llegué a la ciudad  trayendo tantos sueños. El tren frenó abruptamente y casi caigo sobre una hermosa chica con aroma a perfume de vainilla que estaba frente a mí. Cómo olvidar sus ojos, su sonrisa. De repente el bullicio, la prisa, nadie se detenía. Caminé hacia la puerta del vagón con mi valija en la mano y me detuve con un pila de sueños y ansiedades, era tan joven, tan imprudente. Había llegado al umbral de mi futuro.”


La moneda da otra vuelta … Cara … y otra … Cruz. Mr. Jerney comienza a sentir que sus piernas ya no lo pueden sostener. Otra vuelta … Cara … y otra … Cruz.


“Nunca podré olvidar cuando crucé el umbral de aquel edificio imponente una mañana templada. Mi primer trabajo en la ciudad, mi primer sueldo y el primer día en el bar con mis compañeros. Fue una tarde fría que en ese mismo umbral mis piernas se aflojaron el día que me despidieron y ya no tendría el sueldo ni el bar con mis compañeros.”


Las vueltas de la moneda continúan. Cara … Cruz … Cara. Mr. Jerney mira fijamente su moneda en el aire observando cada detalle, como si fueran las sombras sobre la Luna.


“Había Luna llena, esa noche por alguna razón brillaba como si fuera un sol, no podía quitar la mirada de ella. Cuando baje la vista vi sus ojos, su rostro, su sonrisa. Era aquella chica del tren con aroma a vainilla en mi primer día en la ciudad. Mi Camila, ella despertó mi vida. Mi mejor apuesta.”


La moneda llegó a su destino, Mr Jerney se enfrentó a lo inevitable, ya nada puede ocultar su peor fracaso. Cerró sus ojos y la moneda impactó contra el suelo. Enfrenta lo imposible. Una algarabía estalló, como si el lugar se llenara de fuegos artificiales, gritos y chiflidos.


Mr. Jerney no sabe que ocurre. Al abrir sus ojos ve la moneda allí erguida, de canto. No era ni Cara ni Cruz, de canto. 


“Era primavera y yo lo sentía como otoño, aquel día que caminábamos con Camila por la ribera del rio. Estaba tan angustiado como si el cielo se desplomará sobre mí y Camila me dijo: Siempre esperamos que la moneda caiga cara o cruz, pero cuando menos lo esperamos cae de canto. Siempre hay una opción novedosa.”


Mr Jerney lo recordó. Su apuesta fue que caería de canto, lo imposible.


#Paulus - Pablo A Bevilacqua

Otoño 2025

domingo, 24 de agosto de 2025

El diario de Emma

—¿Quién es Emma? —Pregunta el Sr. Red a la Sra. Bianca. Como si la Sra. Bianca no se diera cuenta de la fascinación del Sr. Red por acumular cosas nuevas.

—La hija menor de la familia Hernández, los que se mudaron a la residencia que vendieron los Chiskey en el norte del club. —Le responde la Sra. Bianca al Sr. Red mientras gira su cabeza a ambos lados tratando de distinguir a los nuevos vecinos.

La mirada de ambos como la de los demás siguen a la joven Emma, de recientes 18 años cumplidos y realmente hermosa, imposible de no ser encantado por ella. La fiesta se desarrolla en los jardines del Club House, donde Emma y su familia se presentan a la comunidad en un ambiente distendido (a veces fingido). El jardín está dominado por una variada gama de verdes e iluminado con canteros florales sobre los que destacan los blancos y rojos, con sus intensos aromas de primavera; perfectamente mantenido (el jardín y los secretos).

La ocasión le permitió elegir su vestido blanco, ese que el sol trasluce, de modo que cada rasgo de su cuerpo puede ser imaginado en su detalle más íntimo. La elección no fue un error, tal vez si una imprudencia reprochable para esta ocasión y sancionada por sus padres y hermanas. Es un lugar selecto donde nada ni nadie se desconoce. Vidas libres y privadas, esclavas de sus deseos y de sus secretos guardados. Ambiente al que Emma gusta confrontar y ciertamente lo disfruta.

Muy joven para comprender los alcances de sus juegos sociales, aunque experta en algunos de ellos, al menos aquellos que alteran a su familia. Los meses pasan y los eventos del Club House se suceden donde los ojos de los presentes siguen los movimientos de Emma mientras simulan participar de las charlas insustanciales del club. Emma busca esas miradas aunque le intrigan aquellas que distingue de los hombres que prefieren otros intereses y de las mujeres que ocultan su estremecimiento por ella. No hay mente que no la haya memorizado, que no la haya deseado u odiado.

Cuando llega la noche y es propicia la hora para los encuentros que dan comienzo a los juegos íntimos entre amantes, el rito es abatido por otros pensamientos. Ellos, que pretenden ser los dueños del clímax, en el momento preciso del éxtasis el rostro de la mujer que comparte el lecho se transforma en el rostro de Emma. Ellas ven los ojos de sus amantes tornar lejos de ellas e imaginan la traición de aquella jovencita que como un mal espejo resalta de sus cuerpos todo lo que ellas imaginan les roba la belleza. El placer se escapa, el clímax se pierde.

En varias oportunidades fue abordada por algún hombre o alguna mujer y Emma conserva la distancia porque intuye que en cuanto alguno alcanzara satisfacer sus deseos quedaría expuesta ante todos. Los secretos en este mundo no existen, los amantes secretos jamás son secretos. También duda, que aunque cada parte de su cuerpo se enlaza con mayor perfección que el de Afrodita, pueda dar respuesta a las pasiones y el clímax imaginados por esos pretendientes fantasmas en la misma medida de su perfección corporal. Emma no tiene interés en compartir su cuerpo, tal vez por miedos, tal vez por rituales, al menos con esos extraños de juventudes perdidas.

Nada impide a Emma pasear, charlar y reír. Todo es guardado en las páginas de un diario, su diario secreto. Un libro del que ella dice "contiene aquello que pude observar, enriquecido al imaginar la avaricia de acumular conquistas de una breve duración, la ira que emerge al traslucir todo aquello que se desea ocultar y la gula por devorar hasta el último placer". Emma compone una cápsula del tiempo que recuerda al reloj que en su carrera infinita es la condena que Afrodita impone: una joven nueva, un espejo nuevo.

—¿Quién es esa anciana? —Le pregunta el joven White a la joven Hernández, quien es seguida por todas las miradas en el jardín del Club House, embellecido por la primavera.

—Es Emma, mi abuela. —se aleja del joven White y corre hacia Emma, la toma del brazo—. Abu, ¿Hay más historias en tu diario?

—Mi querida Emita, muchas, algunas felices y otras no tanto. Ven, caminemos juntas y disfrutemos ambas del jardín que ya habrá otro momento para capturar miradas y seguir escribiendo porque el placer sin amor es su sombra.

#Paulus - Pablo A Bevilacqua

Agosto 2025

sábado, 9 de agosto de 2025

La mesa, el vaso y el plato

La ciudad siempre tiene sus luminarias que le dan una imagen especial a la noche. Claroscuros, arboledas y sus manchones de oscuridad, donde se ocultan los miedos, así es como la luz tenue de los faroles gastados dibuja las calles del barrio. También están las avenidas, que nunca duermen, inundadas de luz blanca intensa como si se quisiera ocultar la noche, los miedos. Una ilusión.

No es muy tarde. Dejé el departamento de mamá pensando volver a casa. Esta frío, lo suficiente para evitar estar deambulando por la calle. La pizzería aún esta abierta y bastante concurrida. Elegí una mesa individual, alcanza para mí y mi sombra. Me senté mirando hacia la TV que solo deja ver imágenes de partidos de futbol que nadie ve. Alguien abre la puerta e ingresa el frío del exterior. Solo deseo que la cierre. 

¿Qué puedes pedir en una pizzería si estás solo? Yo no tengo dudas, tal vez tú querido lector que te asomas por esa ventana tengas alguna duda. Fugazeta Rellena y Fainá. Afuera sigue el frío, ese que se entierra en los huesos, aquí la mesa, el vaso y el plato a la espera de las porciones calientes.

La espera es una oportunidad para recorrer la memoria e imaginar. También para dejarse perder en las imágenes de un partido que quién sabe quiénes disputan por el triunfo. Prefiero dejar el celular guardado, me separa de mí. El deambular de los mozos y la espera a ser llamados le dan un ritual propio al lugar. Ahí viene la moza y mi encargo. Una sonrisa.

Pensé en solo comer la mitad y llevar el resto a casa, no fue posible. Opíparo, esa es la conclusión de mi estómago. Culpa de los sabores que siempre nos dejan atrapados en el placer de su fusión. La masa crocante, la cebolla caramelizada, el queso derretido y el jamón en su interior. Tan sólo es solo una porción. La fainá con su particular sabor y crocantez cierra el entrelazamiento de los sabores porteños. El postre no tiene lugar ni en los sabores ni en mi estómago. 

Pagué, me levanté. Abrí la puerta y solo quería  que el abrigo fuera suficiente. Al salir dejé que el frío ingresara y otro ansiara que cerrara la puerta rápidamente.  Seguí mi camino hacia casa entre los claroscuros. Hace frío. 


#Paulus – Pablo A Bevilacqua

Agosto de 2025

jueves, 7 de agosto de 2025

Tesis sobre la psicosis de los infinitos proporcionales


Esta Tesis busca encontrar el vínculo entre la proporción de los infinitos, en el marco de la dimensión en que existe nuestro universo, y el caso de la psicosis del profesor Phd. Dr. Mg. Ing. Alfonso Ludueña inducida por un alumno desconocido, que llamaremos Equis Sub Uno.

En primera instancia debemos citar que las pruebas de la existencia de Equis Sub Uno se remiten a los dichos del Profesor Alfonso Ludueña, cuya veracidad se basan en sus credenciales académicas como Ingeniero aeroespacial, con un Magister en Astrofísica, seguido de su doctorado en proporción de los infinitos y su tesis sobre el cuento de ficción en los entornos subatómicos como portal de los infinitos.

Además, Equis Sub Uno es mencionado en una conversación de WhatsApp entre el Profesor Alfonso Ludueña y el Sr. Ramanathan Iyengar, encargado de la limpieza, donde éste último alega haber visto salir del aula a su hijo de 17 años de edad, ambos originarios de la República de Bharat, en coincidencia con la observación de la desaparición misteriosa de un joven en el aula.

Para el abordaje de nuestro estudio nos remitiremos al marco teórico expuesto en ocasión del Taller Literario Escritura Creativa realizado en fecha terrana occidental 5 de agosto de 2025, por las disertaciones sobre la Proporción de los Infinitos abordado por el Sr. Manuel y el Entrelazamiento del tiempo y los Universos en una Partícula Aleph presentado por la Sra. Viviana, ambos emergentes de la gravitación Borgiana, dando así sustento a esta investigación de la psicosis de los infinitos. Seguido presentamos el relato de los hechos por Paulus que materializa el objeto de nuestra investigación.

El Profesor Alfonso Ludueña entró al aula, descendió los escalones y se ubicó en el espacio reservado a quien dispone del conocimiento. Sonó el timbre y comenzaron a ingresar los alumnos. Así inició el semestre. Ese año se propuso ser casual, alejado de toda vanidad de la que pudiera ser acusado, para hablar del infinito como la finitud de las grandes medidas, aquellas que sólo encuentran significado en los viajes entre galaxias y también a través de los espacios subatómicos, donde la energía es principio de la materia, que alojan infinitos diversos y proporcionales.

 El infinito es una magnitud incomprensible y comprensible, es como un Qubits que sostiene dos estados al mismo tiempo, salvo cuando es observado adoptando uno de los dos estados. —Se detuvo un instante para medir la respiración de sus alumnos. Cinco se han dormido, diez cuchichean entre ellos, tres están absortos y uno, sólo uno, respiraba normalmente.— Veo alumno que el tema no lo ha sorprendido, ni para bien ni para mal.

 —Aún no profesor. —Responde imponiendo un tono de sabiduría como si hasta allí conociera todas las respuestas.

 —Y a partir desde ¿dónde podré lograr que su respiración se agite?

 —Cuando comencemos a entrelazar la tridimensionalidad del tiempo en el tejido de los infinitos de las energías solidificadas en materia.

 Alfonso no supo qué contestar. Si no hubiera sido por el timbre que anunciaba el fin de la clase se hubiera hiperventilado. Pero, ¿qué conocimiento podría poseer ese joven?, imaginó la posibilidad que sólo se estuviera burlando de él, aunque no puede descartar que fuera poseedor de un conocimiento que él no ha alcanzado. Decidió no dedicar más tiempo a tal trivialidad y asumió, con un ligero cálculo estadístico, que no había ya dudas sobre la primera opción, una singular burla, representando un  72,28% y la lejana posibilidad de ser poseedor de un inesperado conocimiento corresponde asignarle un 26,03%, siendo la diferencia la tasa de error. No había porque afligirse, su conocimiento seguía manteniendo sus estándares exigidos por la academia.

 Aunque, la ciencia no permite tal liviandad y serenidad, pues no es posible asumir una verdad antes de comprobar su falsedad. Claramente estaba obligado a verificar si el alumno poseía el conocimiento para formular tal pregunta. Ya no podía escapar de esa trampa tendida como el laberinto que encerró al minotauro para luego convertirse en la celda de su arquitecto. La pregunta ya había sido lanzada al espacio y al tiempo, ya era imposible ocultarla. Inmediatamente, la anotó en su cuaderno y por si pudiera perderlo le hizo una foto con su celular.

 “¿Entrelazar el tiempo en el tejido de los infinitos?” la pregunta o la respuesta de aquel alumno lo seguía como su propia sombra. Al principio sólo fue una angustia que iba y venía. No vislumbraba una solución. Si el conocimiento fuera un infinito contenido en un Aleph ¿Quién poseería el infinito mayor? ¿Cuál Aleph poseería la mayor cardinalidad?¿Aquel joven o él?

 La próxima clase se encontraría nuevamente con ese alumno y no podría darle una respuesta, aún peor, no podría hacerle una pregunta sin alcanzar una interpretación, una pista, un inicio, cómo sabría cuál sería una duda válida que revelaría su entendimiento de la cuestión. Se estaba enfrentando a la perversidad del iluminismo, allí donde lo racional fracasa y se enfrenta al abismo donde domina lo irracional.

 Por primera vez, fue el último en ingresar al aula. Desde atrás trató de encontrar a aquel alumno. No estaba allí. Fue bajando la escalera lentamente mirando rostro por rostro. Llegó a su lugar, el trono del docente, la sede del conocimiento, protegido por las paredes dibujadas con los símbolos que componen las fórmulas que explican el universo. 

 Hoy debía hablar de las integrales triples y la comparación entre infinitos. De lo abstracto, de aquello que aún no habla de la existencia de Dios, pero se aproxima, esa frontera donde sólo la filosofía se anima a cruzar brevemente antes de convertirse en teología.

 Dio la clase. Fue magistral, ningún error, sin sesgos de superioridad. El tema había sido comprendido por todos. Su misión de maestro fue cumplida a la perfección. Sólo faltaba un aplauso, una ovación que reconociera tal logro. Sonó el timbre y todos abandonaron el aula, Alfonso aún conservaba la tiza en su mano derecha. 

 Entonces, la puerta se golpea, se sobresalta. Allí estaba el alumno, parado en la entrada observado los pizarrones.

 —Intente escribir nuevamente lo mismo, pero con su mano izquierda. —dice el joven.

 Qué estupidez le decía ese alumno. ¿Qué diferencia se puede producir si escribía con una u otra mano?

 —Por favor, inténtelo profesor. 

 Esta vez no rehuiría al desafío, era cuestión simple, más teniendo la seguridad de ser ambidiestro. Comenzó a escribir con su mano izquierda, todo parecía igual hasta que lo vio. Si, pero ¿cómo era posible? Allí estaba el tejido de los infinitos moviéndose en un sistema tridimensional del tiempo, todo contenido en un Aleph. A caso ¿estaría redefiniendo el teorema Greog Cantor o por el contrario sería la descripción matemática de escenas de una obra de Tadeusz Kantor?

 Lo escuchó respirar agitadamente. El alumno había cumplido con su promesa. Volvió la vista al pizarrón y dejó de oír la respiración del alumno, se dio vuelta repentinamente y no había nadie, sólo estaba él y su conocimiento. Volvió a mirar el pizarrón.

 Una voz desde lo alto, desde las puertas de entrada lo llama.

 —Profesor, ¿le falta mucho? Debo empezar mí clase. —Le reclamó otro profesor mirando su reloj.

 Una corriente de alumnos comenzó a entrar. Rápidamente tomó su celular y fotografió todo lo que había escrito sobre el pizarrón. Una nueva tesis, una nueva comprensión del universo.

 —Profesor, ¿le molesta si borro esos garabatos?. Ya no controlan a los niños que dejan entrar a las aulas y se divierten dibujando en los pizarrones. —Le dice riendo el profesor que entraba para dictar clase de Astrofísica—. Qué fórmulas raras y confusas. ¿Es un juego? ¿Una nueva didáctica para que estos cerebritos entiendan algo? Más tarde lo veo y me cuenta.

 El profesor Phd. Dr. Mg. Ing. Alfonso Ludueña sube la escalera lentamente, como si su cuerpo le pesara. Ve los rostros de esos alumnos jugando con su juventud a la espera de algún conocimiento que animara sus fiestas de los viernes. Vuelve su mirada al pizarrón y ve como aquel maravilloso conocimiento, que no podía ser comprendido, era esfumado por un borrador agitado por una mano izquierda perteneciente a otro ilustre profesor. ¿Tal vez debería usar su mano derecha? Se pregunta y sigue sin la esperanza que lo descubra.

 Al salir del aula buscó a quien desde ese instante llamaría Equis Sub Uno sin poder hallarlo. Lo intentó durante todo el semestre y tampoco pudo hallarlo. Finalmente escribió una tesis titulada “Entrelazamiento en la tridimensionalidad del tiempo en el tejido de los infinitos de las energías solidificadas en materia”. No obtuvo el Premio Nobel, tampoco el reconocimiento de sus pares. Sólo el silencio del escritorio de su casa, una pila de hojas impresas que algún día de invierno alimentarán la chimenea.

En conclusión, Paulus en su relato de los hechos nos impone entender ¿qué es el Aleph y su posible relación con la psicosis?, porque él no lo aborda, aunque tiene la generosidad de dejarnos las pistas que deberemos seguir para aproximarnos a una definición. La primera pista nos lleva hacia el observador que puede definirlo en un estado conceptual o uno corpóreo. Este primer estado conceptual fue propuesto por Greog Cantor desde la matemática y por el contrario, 100 años más tarde, Tadeusz Kantor, sin hacer mención específica al Aleph toma el concepto de Greog Cantor y le otorga un sentido corpóreo en la persona y su temporalidad o en el teatro y su forma conceptual. Contemporáneo a este último Jorge Luis Borges nos deslumbra desde la literatura preguntando sobre qué estado posee el Aleph, planteando una ambigüedad ¿solo se conocerá su estado al observarlo sin la intención previa del observador a suponer un estado?

La segunda pista nos plantea otra pregunta sobre cómo la capacidad de observar y comprender los conocimientos puede afectar a la persona cuando intenta revelarlos. Una premisa necesaria es que los conocimientos adquieren existencia cuando el observador es capaz de reconocerlos, por ello, es necesaria la existencia de un motor Equis Sub Uno que motive el desplazamiento de lo conocido para aceptar lo novedoso disruptivo, como le sucedió al profesor Phd. Dr. Mg. Ing. Alfonso Ludueña. Pero, existe una discontinuidad de temporalidad en la distribución del conocimiento, tal se describe cuando el profesor de Astrofísica no logra comprender las fórmulas. Por ello, podemos asumir que éste reconocimiento no sucede en todas las mentes en el mismo instante de temporalidad.

La tercera pista nos lleva hacia la observación del trauma, como una respuesta esperable a la frustración en la búsqueda a ser entendido. Para ello debemos considerar nuevamente el relato de los hechos observados por Paulus que ante el intento del profesor Phd. Dr. Mg. Ing. Alfonso Ludueña de hacer visible ese conocimiento disruptivo novedoso encuentra una resistencia de igual proporción y opuesta a su aceptación. Entonces, extendiendo este concepto podemos decir que el intento reiterado por hacerlo visible en un ambiente díscolo produce un crecimiento exponencial de la magnitud de la fuerza opuesta de aceptación. La imagen del abandono de la Tesis a su olvido y posible destrucción muestra que esta resistencia lleva a quien posee el novedoso conocimiento a una percepción, real o imaginaria, de soledad e incomprensión, cayendo irremediablemente en un Aleph de psicosis… 


Paulus- Pablo A Bevilacqua

Agosto 2025