Esta Tesis busca encontrar el vínculo entre la
proporción de los infinitos, en el marco de la dimensión en que existe nuestro
universo, y el caso de la psicosis del profesor Phd. Dr. Mg. Ing. Alfonso
Ludueña inducida por un alumno desconocido, que llamaremos Equis Sub Uno.
En primera instancia debemos citar que las
pruebas de la existencia de Equis Sub Uno se remiten a los dichos del Profesor
Alfonso Ludueña, cuya veracidad se basan en sus credenciales académicas como Ingeniero
aeroespacial, con un Magister en Astrofísica, seguido de su doctorado en
proporción de los infinitos y su tesis sobre el cuento de ficción en los
entornos subatómicos como portal de los infinitos.
Además, Equis Sub Uno es mencionado en una
conversación de WhatsApp entre el Profesor Alfonso Ludueña y el Sr. Ramanathan Iyengar,
encargado de la limpieza, donde éste último alega haber visto salir del aula a su
hijo de 17 años de edad, ambos originarios de la República de Bharat, en
coincidencia con la observación de la desaparición misteriosa de un joven en el
aula.
Para el abordaje de nuestro estudio nos
remitiremos al marco teórico expuesto en ocasión del Taller Literario Escritura Creativa realizado en fecha terrana occidental 5 de agosto de 2025, por las
disertaciones sobre la Proporción de los Infinitos abordado por el Sr. Manuel y
el Entrelazamiento del tiempo y los Universos en una Partícula Aleph presentado
por la Sra. Viviana, ambos emergentes de la gravitación Borgiana, dando así
sustento a esta investigación de la psicosis de los infinitos. Seguido presentamos
el relato de los hechos por Paulus que materializa el objeto de nuestra investigación.
El Profesor Alfonso Ludueña entró al aula,
descendió los escalones y se ubicó en el espacio reservado a quien dispone del
conocimiento. Sonó el timbre y comenzaron a ingresar los alumnos. Así inició el
semestre. Ese año se propuso ser casual, alejado de toda vanidad de la que
pudiera ser acusado, para hablar del infinito como la finitud de las grandes
medidas, aquellas que sólo encuentran significado en los viajes entre galaxias y
también a través de los espacios subatómicos, donde la energía es principio de
la materia, que alojan infinitos diversos y proporcionales.
—El infinito es una magnitud incomprensible y
comprensible, es como un Qubits que sostiene dos estados al mismo tiempo, salvo
cuando es observado adoptando uno de los dos estados. —Se detuvo un instante
para medir la respiración de sus alumnos. Cinco se han dormido, diez cuchichean
entre ellos, tres están absortos y uno, sólo uno, respiraba normalmente.— Veo
alumno que el tema no lo ha sorprendido, ni para bien ni para mal.
—Aún no profesor. —Responde imponiendo un tono
de sabiduría como si hasta allí conociera todas las respuestas.
—Y a partir desde ¿dónde podré lograr que su
respiración se agite?
—Cuando comencemos a entrelazar la
tridimensionalidad del tiempo en el tejido de los infinitos de las energías
solidificadas en materia.
Alfonso no supo qué contestar. Si no hubiera
sido por el timbre que anunciaba el fin de la clase se hubiera hiperventilado. Pero,
¿qué conocimiento podría poseer ese joven?, imaginó la posibilidad que sólo se
estuviera burlando de él, aunque no puede descartar que fuera poseedor de un
conocimiento que él no ha alcanzado. Decidió no dedicar más tiempo a tal
trivialidad y asumió, con un ligero cálculo estadístico, que no había ya dudas sobre
la primera opción, una singular burla, representando un 72,28% y la lejana posibilidad de ser poseedor
de un inesperado conocimiento corresponde asignarle un 26,03%, siendo la
diferencia la tasa de error. No había porque afligirse, su conocimiento seguía
manteniendo sus estándares exigidos por la academia.
Aunque, la ciencia no permite tal liviandad y
serenidad, pues no es posible asumir una verdad antes de comprobar su falsedad.
Claramente estaba obligado a verificar si el alumno poseía el conocimiento para
formular tal pregunta. Ya no podía escapar de esa trampa tendida como el
laberinto que encerró al minotauro para luego convertirse en la celda de su arquitecto.
La pregunta ya había sido lanzada al espacio y al tiempo, ya era imposible ocultarla.
Inmediatamente, la anotó en su cuaderno y por si pudiera perderlo le hizo una
foto con su celular.
“¿Entrelazar el tiempo en el tejido de los
infinitos?” la pregunta o la respuesta de aquel alumno lo seguía como su
propia sombra. Al principio sólo fue una angustia que iba y venía. No
vislumbraba una solución. Si el conocimiento fuera un infinito contenido en un
Aleph ¿Quién poseería el infinito mayor? ¿Cuál Aleph poseería la mayor
cardinalidad?¿Aquel joven o él?
La próxima clase se encontraría nuevamente con
ese alumno y no podría darle una respuesta, aún peor, no podría hacerle una
pregunta sin alcanzar una interpretación, una pista, un inicio, cómo sabría
cuál sería una duda válida que revelaría su entendimiento de la cuestión. Se
estaba enfrentando a la perversidad del iluminismo, allí donde lo racional
fracasa y se enfrenta al abismo donde domina lo irracional.
Por primera vez, fue el último en ingresar al
aula. Desde atrás trató de encontrar a aquel alumno. No estaba allí. Fue
bajando la escalera lentamente mirando rostro por rostro. Llegó a su lugar, el
trono del docente, la sede del conocimiento, protegido por las paredes dibujadas
con los símbolos que componen las fórmulas que explican el universo.
Hoy debía hablar de las integrales triples y la
comparación entre infinitos. De lo abstracto, de aquello que aún no habla de la
existencia de Dios, pero se aproxima, esa frontera donde sólo la filosofía se
anima a cruzar brevemente antes de convertirse en teología.
Dio la clase. Fue magistral, ningún error, sin
sesgos de superioridad. El tema había sido comprendido por todos. Su misión de
maestro fue cumplida a la perfección. Sólo faltaba un aplauso, una ovación que
reconociera tal logro. Sonó el timbre y todos abandonaron el aula, Alfonso aún
conservaba la tiza en su mano derecha.
Entonces, la puerta se golpea, se sobresalta. Allí
estaba el alumno, parado en la entrada observado los pizarrones.
—Intente escribir nuevamente lo mismo, pero con
su mano izquierda. —dice el joven.
Qué estupidez le decía ese alumno. ¿Qué
diferencia se puede producir si escribía con una u otra mano?
—Por favor, inténtelo profesor.
Esta vez no rehuiría al desafío, era cuestión
simple, más teniendo la seguridad de ser ambidiestro. Comenzó a escribir con su
mano izquierda, todo parecía igual hasta que lo vio. Si, pero ¿cómo era
posible? Allí estaba el tejido de los infinitos moviéndose en un sistema
tridimensional del tiempo, todo contenido en un Aleph. A caso ¿estaría redefiniendo
el teorema Greog Cantor o por el contrario sería la descripción matemática de escenas
de una obra de Tadeusz Kantor?
Lo escuchó respirar agitadamente. El alumno
había cumplido con su promesa. Volvió la vista al pizarrón y dejó de oír la
respiración del alumno, se dio vuelta repentinamente y no había nadie, sólo
estaba él y su conocimiento. Volvió a mirar el pizarrón.
Una voz desde lo alto, desde las puertas de
entrada lo llama.
—Profesor, ¿le falta mucho? Debo empezar mí
clase. —Le reclamó otro profesor mirando su reloj.
Una corriente de alumnos comenzó a entrar.
Rápidamente tomó su celular y fotografió todo lo que había escrito sobre el
pizarrón. Una nueva tesis, una nueva comprensión del universo.
—Profesor, ¿le molesta si borro esos garabatos?.
Ya no controlan a los niños que dejan entrar a las aulas y se divierten
dibujando en los pizarrones. —Le dice riendo el profesor que entraba para
dictar clase de Astrofísica—. Qué fórmulas raras y confusas. ¿Es un juego? ¿Una
nueva didáctica para que estos cerebritos entiendan algo? Más tarde lo veo y me
cuenta.
El profesor Phd. Dr. Mg. Ing. Alfonso Ludueña
sube la escalera lentamente, como si su cuerpo le pesara. Ve los rostros de
esos alumnos jugando con su juventud a la espera de algún conocimiento que
animara sus fiestas de los viernes. Vuelve su mirada al pizarrón y ve como
aquel maravilloso conocimiento, que no podía ser comprendido, era esfumado por
un borrador agitado por una mano izquierda perteneciente a otro ilustre
profesor. ¿Tal vez debería usar su mano derecha? Se pregunta y sigue sin la
esperanza que lo descubra.
Al salir del aula buscó a quien desde ese
instante llamaría Equis Sub Uno sin poder hallarlo. Lo intentó durante todo el
semestre y tampoco pudo hallarlo. Finalmente escribió una tesis titulada “Entrelazamiento
en la tridimensionalidad del tiempo en el tejido de los infinitos de las
energías solidificadas en materia”. No obtuvo el Premio Nobel, tampoco el
reconocimiento de sus pares. Sólo el silencio del escritorio de su casa, una
pila de hojas impresas que algún día de invierno alimentarán la chimenea.

En conclusión, Paulus en su relato de los hechos
nos impone entender ¿qué es el Aleph y su posible relación con la psicosis?, porque
él no lo aborda, aunque tiene la generosidad de dejarnos las pistas que
deberemos seguir para aproximarnos a una definición. La primera pista nos lleva
hacia el observador que puede definirlo en un estado conceptual o uno corpóreo.
Este primer estado conceptual fue propuesto por Greog Cantor desde la matemática
y por el contrario, 100 años más tarde, Tadeusz Kantor, sin hacer mención específica
al Aleph toma el concepto de Greog Cantor y le otorga un sentido corpóreo en la
persona y su temporalidad o en el teatro y su forma conceptual. Contemporáneo a
este último Jorge Luis Borges nos deslumbra desde la literatura preguntando
sobre qué estado posee el Aleph, planteando una ambigüedad ¿solo se conocerá su
estado al observarlo sin la intención previa del observador a suponer un estado?La segunda pista nos plantea otra pregunta sobre
cómo la capacidad de observar y comprender los conocimientos puede afectar a la
persona cuando intenta revelarlos. Una premisa necesaria es que los
conocimientos adquieren existencia cuando el observador es capaz de
reconocerlos, por ello, es necesaria la existencia de un motor Equis Sub Uno que
motive el desplazamiento de lo conocido para aceptar lo novedoso disruptivo, como
le sucedió al profesor Phd. Dr. Mg. Ing. Alfonso Ludueña. Pero, existe una discontinuidad
de temporalidad en la distribución del conocimiento, tal se describe cuando el
profesor de Astrofísica no logra comprender las fórmulas. Por ello, podemos
asumir que éste reconocimiento no sucede
en todas las mentes en el mismo instante de temporalidad.
La tercera pista nos lleva hacia la observación del
trauma, como una respuesta esperable a la frustración en la búsqueda a ser entendido. Para
ello debemos considerar nuevamente el relato de los hechos observados por
Paulus que ante el intento del profesor Phd. Dr. Mg. Ing. Alfonso Ludueña de hacer
visible ese conocimiento disruptivo novedoso encuentra una resistencia de igual
proporción y opuesta a su aceptación. Entonces, extendiendo este concepto
podemos decir que el intento reiterado por hacerlo visible en un ambiente díscolo
produce un crecimiento exponencial de la magnitud de la fuerza opuesta de
aceptación. La imagen del abandono de la Tesis a su olvido y posible destrucción
muestra que esta resistencia lleva a quien posee el novedoso conocimiento a una
percepción, real o imaginaria, de soledad e incomprensión, cayendo
irremediablemente en un Aleph de psicosis…
Paulus- Pablo A Bevilacqua
Agosto 2025