jueves, 7 de agosto de 2025

Tesis sobre la psicosis de los infinitos proporcionales


Esta Tesis busca encontrar el vínculo entre la proporción de los infinitos, en el marco de la dimensión en que existe nuestro universo, y el caso de la psicosis del profesor Phd. Dr. Mg. Ing. Alfonso Ludueña inducida por un alumno desconocido, que llamaremos Equis Sub Uno.

En primera instancia debemos citar que las pruebas de la existencia de Equis Sub Uno se remiten a los dichos del Profesor Alfonso Ludueña, cuya veracidad se basan en sus credenciales académicas como Ingeniero aeroespacial, con un Magister en Astrofísica, seguido de su doctorado en proporción de los infinitos y su tesis sobre el cuento de ficción en los entornos subatómicos como portal de los infinitos.

Además, Equis Sub Uno es mencionado en una conversación de WhatsApp entre el Profesor Alfonso Ludueña y el Sr. Ramanathan Iyengar, encargado de la limpieza, donde éste último alega haber visto salir del aula a su hijo de 17 años de edad, ambos originarios de la República de Bharat, en coincidencia con la observación de la desaparición misteriosa de un joven en el aula.

Para el abordaje de nuestro estudio nos remitiremos al marco teórico expuesto en ocasión del Taller Literario Escritura Creativa realizado en fecha terrana occidental 5 de agosto de 2025, por las disertaciones sobre la Proporción de los Infinitos abordado por el Sr. Manuel y el Entrelazamiento del tiempo y los Universos en una Partícula Aleph presentado por la Sra. Viviana, ambos emergentes de la gravitación Borgiana, dando así sustento a esta investigación de la psicosis de los infinitos. Seguido presentamos el relato de los hechos por Paulus que materializa el objeto de nuestra investigación.

El Profesor Alfonso Ludueña entró al aula, descendió los escalones y se ubicó en el espacio reservado a quien dispone del conocimiento. Sonó el timbre y comenzaron a ingresar los alumnos. Así inició el semestre. Ese año se propuso ser casual, alejado de toda vanidad de la que pudiera ser acusado, para hablar del infinito como la finitud de las grandes medidas, aquellas que sólo encuentran significado en los viajes entre galaxias y también a través de los espacios subatómicos, donde la energía es principio de la materia, que alojan infinitos diversos y proporcionales.

 El infinito es una magnitud incomprensible y comprensible, es como un Qubits que sostiene dos estados al mismo tiempo, salvo cuando es observado adoptando uno de los dos estados. —Se detuvo un instante para medir la respiración de sus alumnos. Cinco se han dormido, diez cuchichean entre ellos, tres están absortos y uno, sólo uno, respiraba normalmente.— Veo alumno que el tema no lo ha sorprendido, ni para bien ni para mal.

 —Aún no profesor. —Responde imponiendo un tono de sabiduría como si hasta allí conociera todas las respuestas.

 —Y a partir desde ¿dónde podré lograr que su respiración se agite?

 —Cuando comencemos a entrelazar la tridimensionalidad del tiempo en el tejido de los infinitos de las energías solidificadas en materia.

 Alfonso no supo qué contestar. Si no hubiera sido por el timbre que anunciaba el fin de la clase se hubiera hiperventilado. Pero, ¿qué conocimiento podría poseer ese joven?, imaginó la posibilidad que sólo se estuviera burlando de él, aunque no puede descartar que fuera poseedor de un conocimiento que él no ha alcanzado. Decidió no dedicar más tiempo a tal trivialidad y asumió, con un ligero cálculo estadístico, que no había ya dudas sobre la primera opción, una singular burla, representando un  72,28% y la lejana posibilidad de ser poseedor de un inesperado conocimiento corresponde asignarle un 26,03%, siendo la diferencia la tasa de error. No había porque afligirse, su conocimiento seguía manteniendo sus estándares exigidos por la academia.

 Aunque, la ciencia no permite tal liviandad y serenidad, pues no es posible asumir una verdad antes de comprobar su falsedad. Claramente estaba obligado a verificar si el alumno poseía el conocimiento para formular tal pregunta. Ya no podía escapar de esa trampa tendida como el laberinto que encerró al minotauro para luego convertirse en la celda de su arquitecto. La pregunta ya había sido lanzada al espacio y al tiempo, ya era imposible ocultarla. Inmediatamente, la anotó en su cuaderno y por si pudiera perderlo le hizo una foto con su celular.

 “¿Entrelazar el tiempo en el tejido de los infinitos?” la pregunta o la respuesta de aquel alumno lo seguía como su propia sombra. Al principio sólo fue una angustia que iba y venía. No vislumbraba una solución. Si el conocimiento fuera un infinito contenido en un Aleph ¿Quién poseería el infinito mayor? ¿Cuál Aleph poseería la mayor cardinalidad?¿Aquel joven o él?

 La próxima clase se encontraría nuevamente con ese alumno y no podría darle una respuesta, aún peor, no podría hacerle una pregunta sin alcanzar una interpretación, una pista, un inicio, cómo sabría cuál sería una duda válida que revelaría su entendimiento de la cuestión. Se estaba enfrentando a la perversidad del iluminismo, allí donde lo racional fracasa y se enfrenta al abismo donde domina lo irracional.

 Por primera vez, fue el último en ingresar al aula. Desde atrás trató de encontrar a aquel alumno. No estaba allí. Fue bajando la escalera lentamente mirando rostro por rostro. Llegó a su lugar, el trono del docente, la sede del conocimiento, protegido por las paredes dibujadas con los símbolos que componen las fórmulas que explican el universo. 

 Hoy debía hablar de las integrales triples y la comparación entre infinitos. De lo abstracto, de aquello que aún no habla de la existencia de Dios, pero se aproxima, esa frontera donde sólo la filosofía se anima a cruzar brevemente antes de convertirse en teología.

 Dio la clase. Fue magistral, ningún error, sin sesgos de superioridad. El tema había sido comprendido por todos. Su misión de maestro fue cumplida a la perfección. Sólo faltaba un aplauso, una ovación que reconociera tal logro. Sonó el timbre y todos abandonaron el aula, Alfonso aún conservaba la tiza en su mano derecha. 

 Entonces, la puerta se golpea, se sobresalta. Allí estaba el alumno, parado en la entrada observado los pizarrones.

 —Intente escribir nuevamente lo mismo, pero con su mano izquierda. —dice el joven.

 Qué estupidez le decía ese alumno. ¿Qué diferencia se puede producir si escribía con una u otra mano?

 —Por favor, inténtelo profesor. 

 Esta vez no rehuiría al desafío, era cuestión simple, más teniendo la seguridad de ser ambidiestro. Comenzó a escribir con su mano izquierda, todo parecía igual hasta que lo vio. Si, pero ¿cómo era posible? Allí estaba el tejido de los infinitos moviéndose en un sistema tridimensional del tiempo, todo contenido en un Aleph. A caso ¿estaría redefiniendo el teorema Greog Cantor o por el contrario sería la descripción matemática de escenas de una obra de Tadeusz Kantor?

 Lo escuchó respirar agitadamente. El alumno había cumplido con su promesa. Volvió la vista al pizarrón y dejó de oír la respiración del alumno, se dio vuelta repentinamente y no había nadie, sólo estaba él y su conocimiento. Volvió a mirar el pizarrón.

 Una voz desde lo alto, desde las puertas de entrada lo llama.

 —Profesor, ¿le falta mucho? Debo empezar mí clase. —Le reclamó otro profesor mirando su reloj.

 Una corriente de alumnos comenzó a entrar. Rápidamente tomó su celular y fotografió todo lo que había escrito sobre el pizarrón. Una nueva tesis, una nueva comprensión del universo.

 —Profesor, ¿le molesta si borro esos garabatos?. Ya no controlan a los niños que dejan entrar a las aulas y se divierten dibujando en los pizarrones. —Le dice riendo el profesor que entraba para dictar clase de Astrofísica—. Qué fórmulas raras y confusas. ¿Es un juego? ¿Una nueva didáctica para que estos cerebritos entiendan algo? Más tarde lo veo y me cuenta.

 El profesor Phd. Dr. Mg. Ing. Alfonso Ludueña sube la escalera lentamente, como si su cuerpo le pesara. Ve los rostros de esos alumnos jugando con su juventud a la espera de algún conocimiento que animara sus fiestas de los viernes. Vuelve su mirada al pizarrón y ve como aquel maravilloso conocimiento, que no podía ser comprendido, era esfumado por un borrador agitado por una mano izquierda perteneciente a otro ilustre profesor. ¿Tal vez debería usar su mano derecha? Se pregunta y sigue sin la esperanza que lo descubra.

 Al salir del aula buscó a quien desde ese instante llamaría Equis Sub Uno sin poder hallarlo. Lo intentó durante todo el semestre y tampoco pudo hallarlo. Finalmente escribió una tesis titulada “Entrelazamiento en la tridimensionalidad del tiempo en el tejido de los infinitos de las energías solidificadas en materia”. No obtuvo el Premio Nobel, tampoco el reconocimiento de sus pares. Sólo el silencio del escritorio de su casa, una pila de hojas impresas que algún día de invierno alimentarán la chimenea.

En conclusión, Paulus en su relato de los hechos nos impone entender ¿qué es el Aleph y su posible relación con la psicosis?, porque él no lo aborda, aunque tiene la generosidad de dejarnos las pistas que deberemos seguir para aproximarnos a una definición. La primera pista nos lleva hacia el observador que puede definirlo en un estado conceptual o uno corpóreo. Este primer estado conceptual fue propuesto por Greog Cantor desde la matemática y por el contrario, 100 años más tarde, Tadeusz Kantor, sin hacer mención específica al Aleph toma el concepto de Greog Cantor y le otorga un sentido corpóreo en la persona y su temporalidad o en el teatro y su forma conceptual. Contemporáneo a este último Jorge Luis Borges nos deslumbra desde la literatura preguntando sobre qué estado posee el Aleph, planteando una ambigüedad ¿solo se conocerá su estado al observarlo sin la intención previa del observador a suponer un estado?

La segunda pista nos plantea otra pregunta sobre cómo la capacidad de observar y comprender los conocimientos puede afectar a la persona cuando intenta revelarlos. Una premisa necesaria es que los conocimientos adquieren existencia cuando el observador es capaz de reconocerlos, por ello, es necesaria la existencia de un motor Equis Sub Uno que motive el desplazamiento de lo conocido para aceptar lo novedoso disruptivo, como le sucedió al profesor Phd. Dr. Mg. Ing. Alfonso Ludueña. Pero, existe una discontinuidad de temporalidad en la distribución del conocimiento, tal se describe cuando el profesor de Astrofísica no logra comprender las fórmulas. Por ello, podemos asumir que éste reconocimiento no sucede en todas las mentes en el mismo instante de temporalidad.

La tercera pista nos lleva hacia la observación del trauma, como una respuesta esperable a la frustración en la búsqueda a ser entendido. Para ello debemos considerar nuevamente el relato de los hechos observados por Paulus que ante el intento del profesor Phd. Dr. Mg. Ing. Alfonso Ludueña de hacer visible ese conocimiento disruptivo novedoso encuentra una resistencia de igual proporción y opuesta a su aceptación. Entonces, extendiendo este concepto podemos decir que el intento reiterado por hacerlo visible en un ambiente díscolo produce un crecimiento exponencial de la magnitud de la fuerza opuesta de aceptación. La imagen del abandono de la Tesis a su olvido y posible destrucción muestra que esta resistencia lleva a quien posee el novedoso conocimiento a una percepción, real o imaginaria, de soledad e incomprensión, cayendo irremediablemente en un Aleph de psicosis… 


Paulus- Pablo A Bevilacqua

Agosto 2025

1 comentario:

roxana dijo...

Me encantó. A mis alumnas de pintura que nunca habían puesto materia sobre bastidor me preguntan frente a la tela y los acrílicos, con pincel en mano : Y ahora que hago? Siempre les digo : elegí el color, unta el pincel y comenzá haciendo un punto sobre ella. Allí comienza todo y pareciera que no hubiera nada. Abrazo