lunes, 13 de mayo de 2024

Crisis, sin saber cómo salir

 Tratando de arribar a las razones de la recurrente y creciente insatisfacción social

  

¿por qué las sociedades no logran que sus miembros aprendan las capacidades para resolver sus problemas?

A la pregunta si Milei va a tener éxito, mi respuesta es no. De la misma forma que no lo va a tener Macrón, Lula, Gonzalez, Meloni, Putin, Biden, Xi Jinping …

Porque desde mi punto de vista el modelo Estado/Nación es el que está en crisis. Demandante de demasiada energía y recursos para sostenerse. Este fracaso se evidencia en el esfuerzo que realiza esta Estructura Política para satisfacer las apetencias de sus miembros, justificando su existencia por medio de la promesa de solucionar todos los problemas, satisfacer todas las necesidades.

Ya no hay forma de gobernar los Estado/Nación, fruto de la insatisfacción creciente de sus miembros. Una aproximación que a este problema lo encuentro en que sus miembros han dejado de aprender para poder resolver sus problemas.

Esto habla que tenemos un serio problema. Sociedades que han sustituido la producción por la demanda. Que han olvidado la finitud de nuestro universo, donde los recursos son limitados, la logística costosa y la expectativa de demanda de consumo supera a las posibilidades de las anteriores. Podemos decir que sobre la organización política pende la espada de Damocles.

Repasemos: Las escuelas ya no enseñan, el sistema de pensiones no alcanza, las proteínas no llegan a todos, los salarios disminuyen, el sistema de salud se derrumba, el orden social cada día es más complejo organizarlo.

Los miembros de los Estados/Nación solo aprenden a demandar recursos y la oferta política, responsable de la gestión de esta estructura social, olvido cómo producir y perdió el sentido de la escasez (finitud de nuestro universo). Entonces, prometen distribuir comida, vivienda, trabajo, …, recursos que son cada día más escasos.

A mi entender, el sistema Estado/ Nación se ha agotado y sus miembros ya no confían en él. Su sostenimiento se ha vuelto imposible.

Los movimientos sociales también son parte de este fracaso porque no aportaron una solución. Se constituyeron en organizaciones que pelean por recursos finitos. Son ineficientes por la energía y recursos que requieren para subsistir. Aunque su mayor defecto está en que son una proyección del mismo modelo de Estado/Nación, buscan satisfacer las necesidades de sus miembros y no promueven que sus miembros aprendan a resolver sus problemas.

¿Cómo lo resolveremos?

No puedo negar que tengo mis propuestas, pero requieren de precisiones y no solo de menciones que las muestren como buenas intenciones. Por otra parte, no encuentro hoy una solución obvia, solo repaso aquellas soluciones que la humanidad a tratado de producir, con mayor o menor eficiencia.

Entiendo que estamos en un proceso social a nivel planeta de cambio de visión humana, de comprensión de nuestro lugar, de una nueva forma de constituir vínculos.  

La tecnología tiene un rol fundamental, pero no esencial, este lugar esta reservado a la filosofía. Hoy no solo podemos conectarnos entre puntos distantes, también podemos ver aquellas que cosas nos eran negada a nuestra capacidad de visión ampliando nuestra comprensión y dándonos la posibilidad de cuestionarnos.

En conclusión, en este tiempo veremos el aporte de soluciones dentro del mismo Sistema Estado/Nación que podrán ser más o menos eficientes. Sobrellevaremos tiempos peores y disfrutaremos de algunos mejores, pero lo que ya no se superará  es la insatisfacción de sus miembros. 


Pablo A. Bevilacqua

Mayo-2024

lunes, 10 de julio de 2023

El bodegón de Marcelino, un lugar de sucesos inesperados

Los sucesos extraños suelen acaecer en una noche fría de invierno. Venía manejando mi auto en un barrio de Buenos Aires. Esa noche estaba cansado y necesitaba alejarme de esa batalla virtual en la que me habían involucrado. Me enfrentaba a la duda de detenerme o seguir.

Más adelante, en una esquina, divisé una luz, la de un bodegón en frente a una plaza. Los bodegones son esos lugares que me trasladan a esa estética, aromas y sabores de mis recuerdos de la infancia, como cuando nos reuníamos en familia en la cocina de casa. Hoy manos hábiles elaboran esos aromas y sabores que activan los recuerdos emotivos que me predisponen a revivir sentimientos. Allí recibo los mismos platos que firmaban mis abuelas.

Estacioné y caminé hacia la luz. No se oían conversaciones, sólo resaltaban las manchas de luz que pintaban las luminarias sobre la calle, tiñendo el paisaje de un aire estremecedor. Aceleré el paso hasta alcanzar la puerta.

A través de las ventanas del bodegón se veían seres algo difusos, a veces se los observaba inmóviles como si el tiempo se congelara y otras veces en movimiento. La sensación era rara.

Traté de abrir la puerta sin lograrlo. Volví a intentar para fracasar nuevamente. Se escuchaban movimientos en el interior. Busqué algo que indicara cómo abrir esa puerta. Un timbre, un cartel de golpee aquí, un teclado, un escáner biométrico, pero no había nada.

La espera no era placentera. Una brisa helada golpeó mi espalda y todo a mi alrededor se volvió difuso, salvo la puerta. Algo estaba sucediendo. Una fuerza desconocida me transformaba en energía y sentía como mis moléculas viajaban hacia dentro del bodegón para volver a unirse reconstruyéndome.

  —El plato de hoy es mondongo, —dijo un ser de azul parado frente a mi recibiéndome—.

  —No, hoy no. —mi mente aún confusa, se iba recuperando lentamente—, hoy prefiero milanesa con papas fritas y una cerveza.

Caminé hacia la mesa que se encontraba pegada a la ventana y a la altura del mostrador, preparada para cuatro comensales. Dejé sobre la mesa un libro, un cuaderno, un lápiz y mis lentes. Me quité la campera y la apoyé en la silla contigua.

Mientras esperaba la comida abrí el libro que llevaba de Lope de Vega, aquel escritor español del 1500. Desde la ventana podía observar el exterior difuso con algunas luces repartidas en caprichoso orden como manchas en la oscuridad, a veces inmóviles y otras en movimiento a variadas velocidades, como quien viaja en un tren.

  —El plato de hoy es mondongo, —escuché otra vez la voz de ese ser de azul, el más joven del lugar, que repetía como saludo ante la aparición de una nueva persona—, no gracias, ¿Puede ser matambre al horno con papas?

  ­—Sí y ¿para beber? —Le respondió el joven ser de azul—

  —El vino. —Refiriéndose a la botella de vino que guardaban para él, que consumía de a poco en

cada visita al bodegón—.

Se ubicó en la mesa junto al mostrador en línea con la mía, como si fuéramos un mismo ser que se refleja en un espejo. Parece que compartimos un mismo tiempo en la vida, ambos estamos solos, pero no en soledad. Pronto comencé a darme cuenta de la variación del tiempo, a veces transcurría más lento y otras se aceleraba.

Llegó la comida, una fuente colmada para al menos dos comensales. Al mismo tiempo, en la mesa contigua, la que ocupaba Juan Carlos, a quien conocí más tarde, sucedía una charla entre él y un ser de azul, el mayor a todos, de nombre Marcelino. Un ser hábil en construir diálogos.

Volví la mirada hacia la ventana y algo había cambiado. Ya no se veía la calle sino se sucedían lugares y situaciones reales coincidiendo con los tópicos de la charla que llevaban Juan Carlos y Marcelino. Podía sentir los aromas, el clima, los sentimientos, alegrías y dolores, como si yo hubiera vivido esos eventos en otro tiempo y los rescatara de la memoria para vivirlos nuevamente. Estaba desorientado y tratando de encontrar una explicación racional.

—Aunque quieras no puedes ni debes, cambiar nada allí. —dijo otro ser de azul, sobrino de Marcelino, que apareció frente a mí como si las moléculas del aire lo hubieran construido— El tiempo es una necesidad de la mente, construye un pasado con sus recuerdos e imagina el futuro con sus anhelos. Si cambiaras algo en tu pasado, ya no estarías aquí y tu futuro tendría otro camino.

No entendía sus palabras, me eran difíciles de comprender. Quise retomar la charla con ese ser de azul y ya no estaba, parecía haberse desvanecido. Entonces, volví mi mirada hacia la mesa contigua, y Marcelino, mirándome a los ojos, comenzó a responder las argumentaciones de Juan Carlos como si esas respuestas fueran necesariamente para mí.

Seguimos la charla de mesa a mesa, Marcelino ya se había trasladado a otro lugar, mientras disfrutábamos de nuestros platos. Al avanzar la charla se hacía cada vez más notable las similitudes entre nuestras vidas; como quien se refleja en un espejo; como quien vive condenado a reencarnar eternamente con diferentes rostros para vivir la misma vida en diferentes tiempos y con diferentes compañías, y en un instante sucede el encuentro en un punto donde los diferentes planos de espacio-tiempo se comprimen hasta tocarse. La intriga por los sucesos en este lugar me desorientaba.

Culminada la cena llegó el momento de retirarme, de regresar a mi dimensión. Saludé a Juan Carlos y a los seres de azul saliendo del Bodegón de la misma forma que ingresé. El exterior seguía igual. Mientras caminaba hacía el auto regresé mi mirada hacia el Bodegón y en su interior sólo se veía a los seres de azul.

Una brisa helada golpea mi espalda, qué sensación rara, nuevamente todo se vuelve difuso. Manejaba por un barrio de Buenos Aires. Más adelante vi la luz de un bodegón en una esquina, frente a una plaza. Cansado y dudando detenerme, opté por seguir viaje. Estaba muy cansado y preferí ir a cenar a casa, otra noche solo. Miré por el espejo retrovisor y la luz del bodegón ya no estaba, sólo se veía la luminaria de la calle como manchones en la oscuridad. 


Pablo A. Bevilacqua 

nobloyan@gmail.com

Nobloyan Contenidos

Julio 2023

miércoles, 21 de junio de 2023

Arsenio Whatson. La punta del ovillo

Arsenio Whatson estaba por cruzar la calle cuando desde la vereda de enfrente un haz de luz lo cegó. Los rayos del sol del mediodía se reflejaban en el níquel metálico del revólver Colt Python .357, sujetado por la mano de un tirador, que escondía su rostro con la capucha de su buzo. Paralizado, comenzó a escuchar los más imperceptibles sonidos: el roce del dedo empujando el gatillo, el crujido del mecanismo girando el cilindro y el percutor buscando la posición de disparo. Inevitablemente, llegó el destello de fuego emergiendo desde el cañón del arma y luego el estruendo de la explosión de la pólvora. Arsenio jamás olvidaría este instante de su vida.

Lucio Perez Orzuna, vestido como guarda de tren, estaba parado en el andén esperando el próximo tren hacia Chicago de las 9:51 y al sargento de policía Ulises Smith para entregarle el paquete con el encargo por el cual le había pagado. Aunque ese era su trabajo, tratar con Ulises Smith exaltaba todos los miedos.  

Parte del encargo era un tarro con aceitunas negras y verdes que llevaba en una bolsa y sujetaba afanosamente con sus manos, que a esa altura prefería hacer desaparecer. En esta oportunidad tenía un mal presentimiento. La formación del tren llega puntual y la silueta del sargento Ulises Smith se divisaba a paso firme dirigiéndose hacia él. Lucio Perez Orzuna sube al tren y le arroja la bolsa al sargento. Solo le dice —Funcionará, mi hermano Vladimir se encargará. Te veré en el tren a San Luis de las 17:06. En la bolsa están los pasajes. —el tren partió—.

Unos minutos más tarde, Loira Whatson llega a la estación para esperar el tren proveniente de Chicago de las 10:20 que traería de regreso a Parr Smith, un sujeto malvado, protegido por su perverso padre. Temía no reconocerlo después de tanto tiempo de haberse ido, solo lo esperaba para regresarlo a su destierro. Hay cosas que una vez que parten no deben regresar.

Loira frotaba sus manos a los costados de su pantalón para secarse el sudor frio que le brotaba en ese momento de ansiedad. Llega el tren y antes que los pasajeros comenzaran a descender cubrió su rostro con la capucha de su buzo. Allí estaba él, Parr Smith, bajando del tren junto a un hombre que vestía jeans y camisa vaquera, llamado Vladimir Perez Orzuna, el hermano de Lucio. Los sigue.

El sargento Ulises Smith detiene su automóvil policial frente a la casa de Arsenio Whatson, mira su reloj que indica las 12:19. Detiene su mirada unos instantes hacia la casa de enfrente, la de su exesposa, Martha Smith, como tratando de averiguar qué sucedía dentro. Baja y golpea la puerta de la casa de Arsenio Whatson, deja el paquete con el tarro de aceitunas negras y verdes delante de la puerta, olvidando sacar los pasajes. Sin esperar a que alguien atienda, regresa a su auto y se va.

Arsenio observa desde la ventana manteniéndose oculto. Enseguida ve llegar a un hombre vistiendo jeans y camisa vaquera. Se detiene, mira hacia su casa y sigue buscando para entrar a la casa de Martha Smith. Arsenio se preocupa. Hace tiempo que él y Martha son amantes, necesariamente ocultos al mundo y en especial al sargento Ulises Smith.  

Toma su gorra de los Cubs y sale sin demora hacia la casa de Martha Smith. Ve el paquete en la puerta y lo deja para revisarlo más tarde. En frente ve dos personas y un destello lo ciega.  

En la vereda de la casa de Marta Smith, siendo las 12:30, una bala abandona un revólver de níquel metálico Colt 357 y recorre 7,35 metros hasta impactar bajo la clavícula izquierda de Parr Smith, que lo impulsa hacia atrás provocando el giro de su cuerpo hacia la izquierda, para caer con su rostro hacia abajo quedando inmóvil sobre la vereda de la casa de su madre.

Fue solo en ese brevísimo instante que el tirador pudo dejar escapar una sonrisa de complacencia al ver su deseo cumplirse, porque inmediatamente el retroceso del arma, que sostenía con su brazo extendido, la impulsa en un giro hacia la izquierda tropezando para caer y golpear su cabeza contra un ladrillo inoportuno y casual.

Parr Smith falleció inmediatamente, y la tiradora, Loira Whatson, parecía no respirar.

Todo fue visto por Arsenio Whatson mientras se encontraba cruzando la calle en camino a la casa de Martha Smith, con la intención de cumplir con su contrato de amante. Se paró delante de Loira Whatson, su hija, se quitó su gorra de los Cubs, la apoyó sobre su corazón y de sus ojos brotaron lágrimas. Volvió hacia la casa de su amante y ve frente a la ventana del living a Vladimir Perez Orzuna enterrando un cuchillo en la garganta de Martha Smith, que cae degollada.

Inmediatamente se escucha otra detonación del revólver Colt Python .357 y Vladimir Perez Orzuna cae al suelo perdiendo la vida en ese instante, siendo las 12:39.

 Arsenio Whatson regresó a su casa cargando el cuerpo de Vladimir Perez Orzuna. Lo arroja sobre una silla en la cocina apoyando los brazos y cabeza sobre la mesa, siendo las 13:02. Se sentó a su lado, sirvió un vaso de vino y dejó en un plato algunas aceitunas negras y otras verdes. Desarmó y limpió el revólver de níquel metálico Colt Python .357. Siendo las 13:38 cargó en el revólver las 3 balas que estaban sobre la mesa, lo guardó en su estuche y lo dejó sobre la mesa del living listo para usar. En la cocina había quedado el cuerpo, el vaso con vino, el plato con algunas aceitunas negras y verdes y las 4 hornallas del anafe de gas abiertas. Miró el reloj en la pared que daban las 13:47, se puso su gorro de los Cubs, tomó un bolso y salió de su casa.

La calle estaba llena de gente, paramédicos, periodistas y policías. Eran las 13:59 cuando el sargento de policía Ulises Smith, tiraba la puerta de la casa de Arsenio Whatson. Siendo las 14:01 se escuchan tres disparos y luego una explosión que desbastó la casa. Ulises Smith falleció.

Un hombre cargando un bolso y vestido con gorra de los Cubs, jeans y camisa vaquera caminaba entre la muchedumbre, dirigiéndose hacia la estación del tren. Detrás de él, a unos 100 metros, la onda expansiva sacudía todo y los escombros llovían sobre la calle, mientras seguía caminando sin afectar su paso.

El guarda del tren a San Luis, Lucio Perez Orzuna, notifica a los servicios de emergencia y la policía que siendo las 18:48 encuentra a un hombre vestido con jeans y camisa vaquera caído de su asiento, aparentemente fallecido. Un niño corre por el vagón con una gorra de guarda que encontró en el baño. Lucio Perez Orzuna baja del tren en la estación central de San Luis llevando puesta su gorra de los Cubs y cargando un bolso.  

—Arsenio, —Una voz imprevista lo llama. Cuando el sol se retira de sus ojos, ve a dos hombres—

Los tres se dirigen al MetroLink hacia el aeropuerto Lambert. 


Pablo A Bevilacqua

Junio 2023

nobloyan@gmail.com

jueves, 15 de junio de 2023

Antes de las cenizas

 El seguro de tu departamento



Suena el celu, Maru recibe una notificación, es Meli que deja un mensaje en el grupo. —Amigas, ¡no saben, todo mal!. Llegué a mi departamento y el de abajo se incendió. No me dejan entrar, ¿Alguna puede bancarme esta noche?

Los incendios afectan a quien los sufre y a sus vecinos, es por ello, la importancia de no hacer cosas que los causen.

Evita el abuso eléctrico, a veces sueles conectar en un enchufe varios aparatos que sobrepasan su capacidad, convirtiéndolo en una fuente de calor que puede terminar produciendo una llama. Muchos enchufes se encuentran detrás o próximos a sillones o colchones, que son muy inflamables.

Se cuidadoso con los arranques esotéricos o románticos llenando de velas encendidas un ambiente, muchas veces puestas sobre telas y sin sujetar.

Estar atentas cuando ponemos productos que son inflamables a calentar sobre una hornalla de gas (como la cera de depilar).

Realiza la carga de baterías en espacios alejados de objetos inflamables. Nunca sobre la cama o un sillón, y en el caso de los equipos de movilidad jamás en ambientes interiores.

Es conveniente que tengas un matafuego, pero es mucho más importante que
aprendas a usarlo. No es tan sencillo y la falta de preparación te puede convertir en una víctima del incendio. Lamentablemente en la escuela secundaria no instruyen sobre qué hacer y cómo usar los equipos de extinción.

Debes saber que el humo producido por instalaciones eléctricas y colchones es muy tóxico y letal. La mayoría de las personas que fallecen en un incendio es por asfixia.

Los daños producidos pueden ser reparados con las indemnizaciones que se obtienen de los seguros. Es conveniente contratar un seguro de Incendio y de Responsabilidad Civil que te permita reconstruir y reponer lo dañado y responder ante los daños que sufran terceros, como tus vecinos. Lo importante en este caso es que las Sumas Aseguradas que contrates atiendan a reducir la pérdida en la mayor proporción posible.

Cuando te ofrezcan una cobertura de Incendio exige que la modalidad de la póliza sea a 1er Riesgo Absoluto, así tendrás la mejor cobertura, y que la Responsabilidad Civil incluya los daños a los inmuebles y bienes de tus vecinos.

¡Prevenir siempre es lo más económico¡. El seguro déjalo para los imponderables.


Pablo A. Bevilacqua 

nobloyan@gmail.com

Nobloyan Contenidos

Junio 2023

sábado, 10 de junio de 2023

Not everything is bad, open your doors!

 

I remember how Ricardo, my neighbor, the one with the two-story pink house and a messy garden, closed the door of his house some time ago, lowered the blinds, and we never saw him again. We feared the worst, but then deliverymen started arriving, supplying him with everything he considered necessary.

At home, we wondered what could have happened to him. But how could we know? We could only speculate. In the farm, the bakery, and the store, everyone had their own version of Ricardo's seclusion.

The funniest one was Dora's version. "Don't repeat it, but my husband told me that a coworker said Ricardo is a spy and he's hiding."

I couldn't take it anymore. Something had happened to Ricardo. I crossed over and rang the doorbell. I saw someone pull back the curtain of the window—it was Ricardo.

"Are you okay? We haven't seen you in a long time," I said.

"Hello, Amelia. I've been working nights. I got fired from the company I worked at for 20 years, and I only managed to find a job as a security guard. Can I help you with something?"

I returned home, angry with myself for not caring about Ricardo for so long. He's also a brother in Christ, just like me, and I never went to visit him. This Sunday, I'll ask the Pastor to pay him a visit.

We don't live far from the church; we usually walk there unless it's raining. It wasn't raining this Sunday; on the contrary, the sun filled everything, making the cold of this harsh winter more bearable. As usual, Elsy and Aiden, my children, were being a bit rebellious about going to see the Lord, although they always end up meeting their friends at the temple. This generation is forgetting how to communicate with Jesus.

As we walked to the temple, I was telling Albert, my husband, how rebellious these young people are. He started laughing and said to me, "Looks like you're getting old, your memory is failing. I remember very well how hard it was to find you at the temple, and your mother offering the most absurd excuses to the Pastor. That's why I fell in love with you." He continued laughing and looked at the children, who were also laughing.

I raised my head, quickened my pace as if I were offended, but deep down, I remembered how wonderfully rebellious I was in my adolescence.

We turned the corner, and Ricardo was standing at the door of the temple, talking to the Pastor. We approached to greet them.

"Thank you, Amelia," Ricardo said as soon as he saw us. "When I saw you the other day, I remembered that I couldn't go on without my friends. I talked to the Pastor and understood that this is what I'm meant to experience now. In this job, I will face many challenges that I used to ignore."

"Dear friends," the Pastor began his sermon, "Jesus never leaves us alone; it is usually us who distance ourselves. Sometimes we distance ourselves because we're angry with ourselves. We close our doors and engage in a monologue that only speaks of the bad things. There are changes that hurt, like losing friends. Let's remember Gigi and Kobe, and how someone helped us open the door we closed. That is the light at the end of the road—it's opening the door without knowing what's on the other side. That's why it's important to do it with friends; they will help us cross safely into the new. And the new will bring new things to learn and new experiences. Do you think Jesus would have allowed himself to be crucified if there wasn't something wonderful afterward? That cross, where he was placed, is the door that brought him to live with all of us. Jesus is always there, where we need him. That's why... Amen." We responded, "Amen, glory to God!" and we sang.

Changes are presented to all of us, every day, every night. Some make us jump for joy, and others cause us great pain. That's life, the universe offers it to us as humans. Changes also occur in societies; they are like movements of the Earth's crust that, when readjusting, produce waves that translate into earthquakes on the surface.

Let's remember the fall of the Roman Empire, a prolonged event in time. Those days were filled with anguish and insecurity; everything was trembling, nothing seemed stable. It was very difficult for those societies to solve the problems they faced. Eventually, a new door opened to a new civilization, ours.

Not everything is bad, even though it may seem that way. Changes propose we that we learn to live in new environments, where the principles we have sown and harvested can help us not only seize each change as an opportunity for resilience but also illuminate that new context. That's what we call an opportunity.

Not everything is bad, don't be afraid. Open your doors!


Pablo A. Bevilacqua

nobloyan@gmail.com
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