Atrapado
en mi lectura, sentado, busco una nueva historia que llene mi viaje en el
colectivo.
Ella
viaja parada en un recorrido no muy largo que se repite casi todos los días, a
las 16 hs. Pasa un rato y su rostro es ese rostro de colectivo, de vidas que no
se tocan, en medio de la soledad pública. Aburrida. La veo; podría sentir mi
mirada. Evado sus ojos negros.
Su
mirada busca y vuelve a buscar, tal vez una sonrisa, sin encontrarla. Rodeada
de personas en sus mundos, en sus celulares, en sus libros.
Levanto
la vista de mi lectura cada tanto y sigo esperando que llegue esa historia,
allí está: la imagino en una breve aventura, real y ficticia.
¿Qué
puede desear alguien en un viaje sin deseos? Debe ser un juego, sí: una aventura
con el premio de un beso. Tendrá una regla estricta: ella quiere reír; por
prudencia excluye a todos los pasajeros del viaje; será alguien de otro lugar,
de otro momento.
Pinto
su rostro con rubor. Siento su timidez, despinto y escondo todos los gestos de
su rostro. No es lugar para ser descubierta.
Le
dibujo una sonrisa tenue y ella enciende el brillo de sus labios. Los veo de
reojo, ella desea reír. No quiere chistes vanos o casuales: ese alguien deberá
encontrar en ella aquello que la divierte… Después decidirá si obsequiará su
premio: un beso.
Si
por el ingenio de ese alguien ella comienza a reír, ofrecerá ese beso. Otra
sonrisa, que yo no dibujo, se escapa: no será un beso simple, regalará pasión. Lo
sueña y se sonroja. Duda: ¿cómo sabrá que ese beso deseado y dado fue
apasionado? Y teme: sus labios se opacan.
El
viaje con su rostro de colectivo continúa: parada, rodeada de gente, sin que sus
vidas se toquen.
Vuelvo
a mi lectura con una historia que ella no conoce.
#Paulus - Pablo A. Bevilacqua
Octubre 2026
nobloyan@gmail.com
Colectivo = Bus (transporte público de pasajeros en Buenos Aires)

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